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El alcalde de Valladolid pasa del “si no soy capaz de soterrar, me iré” a asumir que tendrá que esperar por el mantenimiento ferroviario

Feijóo, Mañueco y Carnero, candidato del PP en Valladolid, visitan un pasarela que cruza las vías del tren en 2023.

Javier Ayuso Santamaría

Valladolid —

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El alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnero (PP), ha pasado de comprometer su futuro político con el soterramiento de las vías del tren a reconocer que, en el actual contexto ferroviario, la prioridad debe ser el mantenimiento de la red. “Gobernar es priorizar y lo primero que corresponde ahora, por sentido común, es el mantenimiento de la maltrecha infraestructura ferroviaria”, ha afirmado este viernes en una entrevista en Vive! Radio. El regidor mantiene que el soterramiento sigue siendo una aspiración de la ciudad, pero asume que antes habrá que garantizar la seguridad de las infraestructuras existentes en el resto de España.

Carnero llegó a la Alcaldía en 2023 con la promesa del soterramiento de las vías del tren. Entonces, el candidato del PP convirtió el plan que ideó el exalcalde León de La Riva y que por el caso de las 'conform letters' y sus cerca de 200 millones de deuda, sin mover una máquina, acabó por transformarse en una integración ferroviaria para mantener la viabilidad de la economía del consistorio.

“Si no soy capaz de soterrar, me iré”, afirmaba en varias entrevistas. Dos años después, durante el Debate sobre el Estado de la Ciudad, modificó aquella promesa y afirmó que dimitiría «en cuanto esté aprobado el soterramiento». Ahora, el alcalde admite que la conservación ferroviaria debe preceder a cualquier obra nueva.

Carnero ha insistido en que este cambio de prioridades no significa que renuncie al proyecto. “La legítima aspiración de la ciudad de Valladolid y de quien le habla de seguir pidiendo el soterramiento va a seguir estando intacta y no pasa a un segundo plano en el nivel de deseo”, ha señalado. Este sábado tiene previsto trasladar personalmente esa reivindicación al presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante su visita a Valladolid, aunque el líder 'popular' ya adelantado que “se hará revisión completa independiente de toda la red ferroviaria”.

Feijóo ha defendido que en un hipotético Gobierno del PP se antepondrá la conservación de las infraestructuras ferroviarias a la construcción de nuevas líneas y actuaciones. El líder 'popular' ha llegado a plantear que se detengan obras o se reduzcan velocidades en determinados tramos si resulta necesario para garantizar la seguridad. Una postura que choca con la promesa que él mismo realizó en Valladolid durante la campaña municipal de 2023, cuando aseguró que sacaría adelante el soterramiento si alcanzaba la Presidencia del Gobierno.

Carnero ha suscrito ese planteamiento y ha reconocido que primero habrá que conocer el alcance del deterioro de la red. “Una vez conocido el alcance del deterioro de la infraestructura viaria, habrá que tomar las decisiones necesarias para acometer una adecuada y buena conservación, y luego atender las obras nuevas”, ha explicado. El alcalde considera que la seguridad debe ser lo primero tras los recientes accidentes ferroviarios.

565 millones el soterramiento según el Ayuntamiento; 1.570, según Adif

En 2024, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Valladolid encargó a dos familiares de altos cargos de Ayuso un informe sobre el soterramiento del tren que cifraba en 565 millones de euros su soterramiento con muros pantalla (y una duración máxima de 6 años de obras) frente a los 350 millones de la integración y los 1.570 millones (y 17-19 años) en los que el Ministerio de Fomento cifró un soterramiento con tuneladora. Adif precisó que la obra era “absolutamente inviable” técnicamente en ese formato, señalando afecciones como cortes de tráfico de larga duración y gran ocupación de terrenos, apostando en su lugar por la integración ferroviaria en superficie.

Valladolid, actualmente, está remodelando su estación de trenes. El proyecto lleva un año en construcción con un presupuesto de 253 millones de euros y un plazo de ejecución de las obras de 43 meses. Esta estación, según explicó Adif, es incompatible con el soterramiento. PP y Vox trataron de paralizar las obras aunque más de un año después las máquinas siguen trabajando.

Un proyecto bloqueado y de más de 1.500 millones

El soterramiento se enfrenta, además, a importantes obstáculos económicos y administrativos. Las estimaciones manejadas en 2024 situaban su coste por encima de los 1.500 millones de euros, una cantidad que deberían sufragar las distintas administraciones. El proyecto tampoco cuenta con un acuerdo institucional que permita ponerlo en marcha.

En noviembre de 2025, Adif y Renfe denunciaron el convenio de integración ferroviaria firmado en 2017, al considerar que los continuos desencuentros con el Ayuntamiento y la Junta hacían inviable su desarrollo. El Ministerio de Transportes acusó entonces al equipo de Carnero de bloquear las actuaciones previstas para forzar un nuevo acuerdo que recuperase el soterramiento.

La ruptura dejó a Valladolid sin avances en el soterramiento y sin posibilidad de desarrollar la integración ferroviaria en los términos del convenio original. La Audiencia Nacional rechazó en mayo las medidas cautelares solicitadas por la Junta para paralizar la resolución del acuerdo, aunque el conflicto de fondo continúa pendiente.

Frente al soterramiento, Valladolid Toma la Palabra ha reclamado recuperar el proyecto de integración ferroviaria, al considerar que permitiría mejorar la conexión entre barrios sin afrontar una inversión millonaria. Su portavoz, Rocío Anguita, ha defendido que la seguridad y el mantenimiento de la red deben primar sobre una infraestructura de semejante coste.

El alcalde, por su parte, mantiene su apuesta por enterrar las vías, aunque sus últimas declaraciones sitúan esa aspiración detrás de las necesidades de conservación de la red ferroviaria. También ha vuelto a cargar contra el Gobierno central y ha considerado que la dimisión de Óscar Puente como ministro de Transportes llega tarde, al entender que debería haberse producido tras el accidente de Adamuz, en enero.

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