Esta es la única ciudad española que esconde más de 90 refugios antiaéreos bajo sus calles

Bajo las calles de Alicante existe otra ciudad. Una invisible, silenciosa y marcada por uno de los episodios más duros de la Guerra Civil española. Mientras arriba circulan coches, turistas y vecinos, bajo tierra todavía sobreviven decenas de refugios antiaéreos construidos para proteger a la población de los bombardeos que castigaron la ciudad durante los años treinta.

Alicante es, de hecho, la única ciudad española que conserva más de 90 refugios antiaéreos catalogados repartidos por su casco urbano. Muchos permanecieron tapiados y olvidados durante décadas, aunque en los últimos años el Ayuntamiento ha comenzado a recuperarlos y abrir algunos al público para convertirlos también en espacios de memoria histórica.

Los refugios se concentran especialmente en barrios como Carolinas Bajas, Mercado Central, San Antón o Campoamor. Algunos de ellos se encuentran bajo plazas y calles por las que hoy pasan miles de personas sin imaginar lo que esconden bajo sus pies. La ciudad sufrió durante la Guerra Civil un total de 71 bombardeos que dejaron cerca de 500 muertos y destruyeron centenares de edificios. La amenaza aérea obligó a desarrollar toda una red subterránea de protección civil que acabó convirtiéndose en una de las más extensas de España.

Una red subterránea construida durante la guerra

Durante la contienda se levantaron alrededor de 94 refugios antiaéreos con el objetivo de proteger a la mayor cantidad posible de población. Algunos fueron promovidos por las instituciones y otros por particulares o empresas, aunque todos debían cumplir unas normas muy concretas relacionadas con la resistencia de las estructuras y la capacidad de acogida.

El 10 de julio de 1937 se creó en Alicante el Comité Local de Defensa Pasiva, encargado de coordinar todas las cuestiones relacionadas con la protección civil frente a los ataques aéreos. A partir de entonces, las nuevas construcciones residenciales e industriales debían incluir también refugios financiados por los propios promotores.

Tal y como dice la web del Ayuntamiento de Alicante, “durante la contienda se construyeron en torno a 94 refugios antiaéreos en la ciudad para albergar a la máxima cantidad posible de población y protegerla así de los ataques aéreos y químicos”. Aquella red subterránea se convirtió en un elemento esencial para la supervivencia de miles de personas durante los bombardeos.

Según los documentos municipales de la época, en julio de 1938 ya existían 55 refugios con capacidad para más de 38.000 personas, aunque el objetivo era seguir ampliando la infraestructura hasta poder acoger a más de 100.000.

Los refugios que hoy pueden visitarse

Durante muchos años apenas podían visitarse algunos espacios concretos, como los refugios de las plazas Balmis y Séneca o el Centro de Interpretación de los Refugios Antiaéreos. Sin embargo, el Ayuntamiento inició hace unos años un proyecto de recuperación de varios enclaves históricos repartidos por la ciudad.

Entre los refugios incluidos en ese plan aparecen los situados en el Paseo Marvá, Marqués de Molins, calle Padre Mariana, Plaza Hermanos Pascual, Mercado Central y la antigua Fábrica de Tabacos. El objetivo no solo pasa por conservar estas estructuras, sino también por convertirlas en espacios de divulgación y reflexión sobre la memoria democrática de Alicante.

Muchos de estos refugios permanecían sellados, llenos de escombros o sin accesos adecuados. Por eso, una de las primeras actuaciones consistió en reabrir entradas, limpiar interiores e instalar sistemas eléctricos para garantizar futuras visitas. Hoy, Alicante sigue conservando bajo tierra una de las huellas más impactantes de su historia reciente. Una ciudad oculta construida a toda prisa para sobrevivir a las bombas y que todavía recuerda, décadas después, cómo la guerra también quedó grabada bajo el asfalto.