Abd al-Salam Odeh, refugiado de Palestina, desplazado en Cisjordania que sobrevive en un viejo vehículo
En el marco oxidado de un vehículo averiado que no ofrece refugio contra el abrasador calor del verano ni contra el frío intenso del invierno, Abd al-Salam Odeh, un refugiado de Palestina del campamento de refugiados de Tulkarem, se ha visto obligado a reconstruir su vida junto a su esposa. Con solo unas pocas pertenencias básicas y tras perderlo todo, convirtió una furgoneta averiada en un frágil hogar.
Su historia no es única. En los últimos meses, las operaciones militares israelíes en los campamentos de personas refugiadas del norte de Cisjordania han desplazado a cerca de 40.000 personas, lo que supone el mayor desplazamiento forzado de población refugiada de Palestina desde la guerra de 1967, según UNRWA.
Odeh relata con visible tristeza cómo terminó en Izbat Abu Yassin, una pequeña zona en el límite de la ciudad de Iktaba en la gobernación de Tulkarem: “Nos vimos obligados a abandonar nuestros hogares. La ocupación israelí nos expulsó. No tenía dinero para alquilar una casa y no podía quedarme mucho tiempo con familiares o amigos. Así que convertí esta furgoneta averiada en un refugio para mi esposa y para mí”.
Dentro del vehículo, la escena es austera. Un colchón, dos almohadas, algunas prendas de ropa, un ventilador y algunos libros que Odeh sigue leyendo para escapar de la dureza de la realidad. “No quiero esta vida, pero no tuve otra opción”, asegura.
Incluso en medio de sus dificultades, Odeh se resiste a pedir ayuda abiertamente. Cuando se le pregunta por sus necesidades, simplemente suspira y dice: “Quejarse con alguien que no sea Dios es humillación. Solo pedimos al mundo que abra los ojos ante lo que nos está pasando. Estamos desplazados, privados de necesidades básicas, incapaces de vivir una vida normal”.
Su historia refleja el sufrimiento de miles de personas. En los últimos meses, las fuerzas israelíes demolieron completamente centenares de hogares y dañaron otros miles, en los campamentos de refugiados de Tulkarem y Nur Shams. El campamento de Nur Shams estuvo bajo un asedio continuo durante varias semanas consecutivas.
Las operaciones militares han incluido redadas, arrestos y represión violenta contra los residentes, forzando a más de 4.000 familias a abandonar sus hogares. Muchas de ellas, aún no han podido regresar tras meses de desplazamiento y sobreviven en condiciones terribles y sin acceso a servicios esenciales.
Una historia de desplazamientos
El sufrimiento actual de Odeh es parte de una historia más larga de exilio. Su familia es originaria del pueblo de Khirish, cerca de Kafr Qasim. Tuvieron que abandonar sus tierras durante la Nakba de 1948, cuando muchos palestinos fueron expulsados de sus hogares. Como muchos otros, se reubicaron en el campamento de refugiados de Tulkarem. “Ahora, 77 años después, me siento refugiado nuevamente. De un desplazamiento a otro. La tragedia se repite”.
Reflexiona sobre el camino que lo llevó a su situación actual: “Al inicio de la incursión israelí en el campamento de Tulkarem en febrero de 2025, me moví de un lugar a otro, primero con familiares y luego con amigos. Pero se volvió imposible quedarse. La privacidad es difícil, las familias están hacinadas y los costos del alquiler son altísimos. Construir un nuevo hogar está fuera de toda imaginación. No hay trabajos, no hay ingresos. No me quedó nada más que esto”.
A pesar de sus dificultades, las palabras de Odeh están llenas de resiliencia: “Todos pueden ver lo que nos está pasando [...] Pedimos el fin de las muertes, las demoliciones y los desplazamientos. Un día, pase lo que pase, volveremos”.
Desde su refugio improvisado, Odeh simboliza tanto el dolor personal del desplazamiento como el trauma colectivo de un pueblo que, generación tras generación, sigue siendo arrancado de sus hogares.