Con 2.400 años de historia, esta ciudad de Albania es conocida como “la de las mil ventanas” por el curioso estilo de sus casas otomanas

La ciudad de Berat, tras más de 2.400 años de historia, es uno de los grandes alicientes para visitar cuando uno aterriza en Albania. Fundada originalmente por los ilirios bajo el nombre de Antipatrea en el siglo IV a.C., la ciudad ha visto pasar diversos imperios. Durante la Edad Media, su relevancia estratégica creció bajo el dominio bizantino y posteriormente tras la conquista otomana en 1417. Este legado multicultural le valió ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2008. Su arquitectura vernácula balcánica es un ejemplo excepcional de diversidad social y formas de vida ya desaparecidas. Su centro histórico es un curioso ejemplo del carácter arquitectónico del periodo otomano clásico. Caminar por sus calles adoquinadas es realizar un viaje directo hacia las raíces más profundas de la región. 

El rasgo más distintivo de Berat es el estilo de sus casas otomanas de fachadas blancas y níveas. Estas construcciones parecen caer en cascadas uniformes por las laderas de las montañas, creando un efecto visual asombroso. Sus portales uniformemente espaciados y las ventanas altas le han otorgado el apodo de “la ciudad de las mil ventanas”. Las casas, que datan principalmente de los siglos XVIII y XIX, fueron diseñadas para aprovechar la luz del día. Este diseño horizontal y escalonado se adapta perfectamente a la geografía rocosa de las terrazas fluviales del lugar. Es esta armonía visual lo que convierte a la ciudad en un destino fotográfico imprescindible en todo Albania.

La geografía de Berat está marcada por el río Osum, que fluye a través de un profundo desfiladero rocoso. Este cauce no solo divide la ciudad en distintos distritos, sino que también le otorga su fuerza vital. La urbe se extiende entre las estribaciones de la montaña Shpirag y el imponente monte Tomorr del interior. Según las leyendas locales, estas montañas fueron gigantes que lucharon por el amor de una joven mujer. Las lágrimas de la joven, tras la muerte de ambos contendientes, formaron las aguas del actual río Osum. El entorno natural es agreste y caracteriza la orografía del interior meridional del país balcánico albanés. Las terrazas fluviales excavadas en la roca caliza sirven de cimiento para los barrios históricos de la ciudad. Es un paisaje donde la naturaleza y la intervención humana han coexistido en equilibrio por muchos milenios.

La división fluvial separa a los dos barrios históricos más emblemáticos de la ciudad: Mangalem y Gorica. Mangalem, tradicionalmente el barrio otomano o musulmán, trepa por la colina bajo las alas del gran castillo. Al otro lado del río se encuentra Gorica, históricamente habitado por la comunidad cristiana de la ciudadela. Ambos barrios conservan callejones sinuosos de piedra y una arquitectura que cautiva a cada paso al visitante. El puente de Gorica, construido originalmente en madera y reconstruido en piedra, es un icono nacional. Con sus siete arcos, este puente del siglo XVIII es el lugar ideal para capturar la esencia de Berat. Gorica ofrece una atmósfera más tranquila, con iglesias cuyas campanas evocan la más pura tradición albanesa. Por su parte, Mangalem concentra los edificios más turísticos y emblemáticos del casco antiguo de la urbe. La conexión entre ambas orillas simboliza la convivencia pacífica de las diferentes comunidades en el tiempo.

En la cima de la colina más alta se alza el Castillo de Berat, conocido localmente como “Kalaja”. A diferencia de otras fortalezas, esta ciudadela sigue habitada hoy en día por numerosas familias del barrio. Sus murallas medievales, con 24 torres y 4 entradas, encierran un complejo de calles de piedra y casas. Es considerado el castillo más grande de Albania y mantiene gran parte de su estructura original muy intacta. Dentro de su recinto, la vida cotidiana continúa con niños jugando y mujeres vendiendo artesanías tradicionales. Llegar a la puerta principal requiere una subida empinada que premia con vistas panorámicas espectaculares. Desde su mirador se puede contemplar todo el valle, el río y los distritos históricos bajo el castillo. La fortaleza es una amalgama de épocas bizantina, romana y otomana que se entrelazan en sus muros. 

Berat es un ejemplo excepcional de la coexistencia pacífica entre diversas religiones y culturas históricas. En su interior se conservan restos de mezquitas y numerosas iglesias bizantinas, principalmente del siglo XIII. Destaca la Iglesia de la Santísima Trinidad, famosa por su arquitectura bizantina y sus vistas muy privilegiadas. El Museo de Iconografía de Onufri, ubicado en la catedral de la Dormición de la Virgen, es esencial. Este espacio alberga una colección única de iconos y obras del maestro Onufri, gran pintor del siglo XVI. En el barrio de Mangalem, la Mezquita de los Solteros resalta por sus frescos exteriores e interiores. 

También se encuentran la Mezquita del Rey y el Teke Halveti, vinculados a la cofradía sufí de la zona. El Museo Etnográfico, situado en una casa otomana del siglo XVIII, muestra la vida cotidiana tradicional. Todo este conjunto refleja un estilo de vida independiente ligado a funciones artesanales y mercantiles. Al caer la tarde, la ciudad moderna se transforma mediante el ritual social conocido como el “xhiro”. Esta costumbre albanesa consiste en un paseo masivo por las calles principales para socializar y conversar. En Berat, el escenario principal para esta tradición es el animado Boulevard Republika, una vía peatonal. La gente camina de un lado a otro durante horas, disfrutando de helados o cafés en las terrazas. 

Gastronomía y naturaleza

Es un momento vital de encuentro donde se detiene el ritmo del día para fortalecer los lazos comunitarios. La arteria está bordeada de establecimientos donde se puede degustar la gastronomía local a precios asequibles. Resulta curioso observar este fenómeno social en una nación que fue oficialmente atea durante décadas. El “xhiro” es mucho más que un paseo, es un acto de cortejo y comunicación fundamental albanés. Cuando las luces nocturnas iluminan las fachadas blancas, la ciudad alcanza su máximo esplendor visual.

La experiencia en Berat se completa con su riqueza culinaria y las joyas naturales que la rodean. Comer en la ciudad es sorprendentemente económico, destacando platos tradicionales como el Tave Kosi. Para los amantes de la naturaleza, el Cañón de Osum ofrece paisajes espectaculares con cascadas y acantilados. El Parque Nacional de Tomorr, con su montaña sagrada, invita a realizar rutas de senderismo y mucha desconexión. En definitiva, Berat es una parada obligatoria para entender la identidad de Albania y su capacidad de preservación histórica.