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Las Aldeias do Xisto: una escapada para desconectar, caminar y comer bien en el interior de Portugal que casi desaparece

Roberto Ruiz

21 de agosto de 2026 21:48 h

Portugal siempre es un buen plan. Y sí, además de Lisboa, Oporto o el Algarve, hay mucha más vida si miramos al interior del país. En el centro, entre montañas, bosques y carreteras tranquilas, se esconde una red de pequeñas aldeas construidas con esquisto, una roca parecida a la pizarra que durante siglos se utilizó para levantar las casas, las calles y buena parte de los edificios de la zona. ¿El resultado? Pueblos que se integran en el paisaje.

Las Aldeias do Xisto son 27 aldeas repartidas entre las sierras de Lousã, Açor, Zêzere y Tejo-Ocreza. Todas comparten esa arquitectura de piedra tan característica, pero también una historia marcada por la despoblación. A finales del siglo XX muchas de ellas perdieron habitantes y llegaron a quedar casi abandonadas, hasta que un ambicioso proyecto de recuperación devolvió la vida a estos pequeños núcleos y puso en valor un patrimonio que estuvo cerca de perderse.

Hoy recorrer este territorio es una buena excusa para hacer una escapada de cuatro o cinco días desde España. No hace falta visitar las 27 aldeas para entender qué las hace especiales. Basta con pasear por lugares como Talasnal, Cerdeira, Candal o Casal de São Simão, recorrer alguno de sus senderos, darse un baño en una playa fluvial o probar una cocina muy ligada a las recetas tradicionales para descubrir una de las zonas menos conocidas de Portugal.

Un paisaje marcado por el esquisto

El esquisto está presente en todas partes. Es la roca que da nombre a estas aldeas y el material con el que durante siglos se construyeron las viviendas, las calles, los muros y hasta las fuentes. Por eso, al recorrer cualquiera de estos pueblos da la sensación de que forman parte de la propia montaña.

Las 27 aldeas se distribuyen por cuatro zonas diferentes del centro de Portugal: las sierras de Lousã y Açor, el valle del río Zêzere y la comarca de Tejo-Ocreza. Aunque cada una tiene su personalidad, todas comparten el mismo entorno de montañas, bosques y ríos, un paisaje que invita a recorrer la zona sin prisas, enlazando pueblos y haciendo paradas por el camino.

El agua también tiene un papel importante. Ríos como el Zêzere o el Ceira atraviesan este territorio y han dado lugar a numerosas playas fluviales y pequeñas cascadas, acompañados de senderos que hacen que la visita vaya mucho más allá de pasear entre casas de piedra.

Un ejemplo de cómo recuperar el mundo rural

Hace apenas unas décadas, muchas de estas aldeas estaban prácticamente vacías. La falta de oportunidades hizo que buena parte de sus habitantes se marchara a las ciudades y numerosas viviendas quedaron abandonadas. Como ocurrió en muchas zonas rurales de la península ibérica, el futuro no parecía demasiado prometedor.

Todo cambió con la creación de la red Aldeias do Xisto, un proyecto que apostó por restaurar las viviendas tradicionales, conservar la arquitectura popular y dar un nuevo impulso económico a estos pueblos a través del turismo y la recuperación de los oficios y productos locales.

El resultado es un modelo de recuperación que ha conseguido atraer visitantes sin perder la identidad del territorio. Hoy es fácil encontrar pequeños alojamientos, talleres artesanos, actividades culturales y negocios ligados al entorno, pero sin que las aldeas hayan dejado de ser pueblos donde sigue habiendo vida más allá del turismo.

Las aldeas que merece la pena conocer

Aunque la red está formada por 27 pueblos, en una escapada de cuatro o cinco días conviene seleccionar algunos y recorrerlos con calma. La mayoría se concentran en la Serra da Lousã, una de las zonas más accesibles y también donde se encuentran varias de las aldeas más conocidas.

La primera parada suele ser Talasnal, la imagen más reconocible de las Aldeias do Xisto. Sus calles estrechas, las casas restauradas con esquisto y el entorno boscoso que la rodea la convierten en una visita imprescindible. Además, desde aquí parten varios senderos que permiten descubrir otros rincones de la sierra.

Muy cerca están Cerdeira y Candal. La primera destaca por su apuesta por la artesanía y los talleres creativos instalados en antiguas viviendas tradicionales. La segunda, situada junto a la carretera que atraviesa la sierra, es una buena parada para pasear entre calles empedradas y disfrutar de algunos de los miradores de la zona.

Si quieres salir un poco de la Serra da Lousã, merece la pena acercarse a Casal de São Simão, una pequeña aldea situada junto a las Fragas de São Simão. Además de pasear por sus calles, es un buen lugar para combinar la visita con un baño en su playa fluvial o con una caminata por el desfiladero.

Otra parada interesante es Janeiro de Cima, a orillas del río Zêzere. Aquí el protagonismo lo tienen la tradición del lino y los antiguos telares, que todavía ayudan a entender cómo era la vida en esta parte del interior portugués hace no tantos años. Si dispones de algún día más, también puedes acercarte a Fajão, en la Serra do Açor, otra de las aldeas más representativas de la red.

Mucho más que un recorrido entre pueblos

Aunque las aldeas son el principal reclamo, buena parte del viaje transcurre fuera de ellas. Este es un destino pensado para disfrutar del entorno, así que merece la pena reservar tiempo para caminar, acercarse a los ríos o simplemente recorrer sin prisas las carreteras que conectan unos pueblos con otros.

Una buena opción son los Caminhos do Xisto, una red de senderos señalizados que atraviesa bosques, montañas y valles, enlazando muchas de las aldeas. Hay rutas de diferentes niveles, por lo que es fácil encontrar un recorrido que encaje tanto si buscas un paseo tranquilo como una caminata de varias horas.

En verano, las playas fluviales se convierten en otro de los grandes atractivos. Las hay repartidas por todo el territorio y muchas cuentan con zonas de baño, merenderos o pequeños embarcaderos para practicar actividades como el piragüismo. Si prefieres moverte sobre dos ruedas, también encontrarás rutas de bicicleta de montaña, mientras que los miradores repartidos por las sierras son una buena excusa para hacer paradas durante el recorrido.

Una gastronomía muy ligada al territorio

La cocina de las Aldeias do Xisto refleja muy bien el carácter de esta región. Son recetas tradicionales, elaboradas con productos locales y pensadas para aprovechar lo que ofrece el entorno.

Entre los platos más conocidos está la chanfana, un guiso de cabra cocinado lentamente en vino tinto. También son habituales el maranho, preparado con carne, arroz y embutidos, o el cabrito asado, muy presente en las cartas de los restaurantes de la zona.

A todo ello se suman quesos de cabra y oveja, embutidos, miel, aceite de oliva, pan cocido en horno de leña y dulces tradicionales que siguen elaborándose de forma artesanal. Sentados a la mesa, es una buena manera de comprobar que la recuperación de estas aldeas no solo ha servido para conservar su arquitectura, sino también muchas de las tradiciones que forman parte de su identidad.