Declarados Bien de Interés Cultural, estos tres acueductos de origen romano eran diferentes pero estaban comunicados

Alberto Gómez

9 de enero de 2026 12:30 h

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El sistema de tres acueductos de la Rambla de Carcauz es considerada uno de los conjuntos hidráulicos más singulares y mejor conservados de toda la península ibérica. Situado en la vertiente meridional de la Sierra de Gádor, este complejo discurre entre los municipios de Vícar y Felix, en la provincia de Almería. Su función primordial fue, desde tiempos remotos, captar el agua de los afloramientos en las partes altas del macizo montañoso para conducirla hacia las zonas de regadío en la llanura costera del Campo de Dalías. La tradición y diversos indicios arquitectónicos le atribuyen un posible origen romano, aunque la fecha exacta de su construcción sigue siendo un enigma para los historiadores. Existen referencias documentales significativas, como el Memorial del Marqués de Casablanca de 1804 y el diccionario de Pascual Madoz, que mencionan la antigüedad de estas estructuras calificándolas de romanas. Pero testimonios del siglo XVIII también vinculan el trazado de la acequia a la época morisca, lo que demuestra un uso y reparación continuada por diferentes civilizaciones.

El entorno natural donde se asienta este sistema es geográficamente desafiante, caracterizado por una orografía quebrada y una aridez histórica que el geógrafo Pomponio Mela describió como “penuaria aquarum”. Para superar los acusados desniveles de la rambla, se diseñó un trazado de 3,2 kilómetros de longitud que aprovecha la gravedad mediante canales construidos sobre estructuras de arcos. Las rocas metamórficas y calizas de la zona no solo sirvieron de cimiento natural, sino que fueron empleadas como material de construcción principal para las arcadas y muros. El complejo no se limita únicamente a los puentes monumentales, sino que constituye un conjunto de regadío tradicional completo. A lo largo de su recorrido, el agua fluye a través de canales excavados en tierra o roca y se distribuye mediante una red de acequias y balsas, destacando la Balsa del Molino de Felix

Además de la agricultura, el sistema cumplía funciones complementarias como la aportación de energía a los molinos de Casablanca, que estuvieron operativos hasta la década de los setenta. Un hito fundamental en la historia reciente de este patrimonio fue su inscripción, en diciembre de 2023, como Bien de Interés Cultural por el gobierno de Andalucía. Bajo la tipología de Monumento, esta protección legal salvaguarda los tres acueductos principales y sus elementos asociados, como diques y cisternas. Esta declaración, impulsada unánimemente por el Ayuntamiento de Vícar, buscaba garantizar su tutela jurídico-administrativa y facilitar el acceso a ayudas para su conservación definitiva.

El primero de los elementos destacados que se encuentra siguiendo el curso de la rambla es el acueducto de “Los Poyos”, también conocido como el puente de un solo vano. Se caracteriza por poseer un único arco escarzano con una luz de diez metros, cuya clave se eleva a más de trece metros sobre el lecho de la rambla. Sus pilas se apoyan directamente en las paredes naturales del desfiladero, aprovechando un estrechamiento del cauce para sustentar la estructura que soporta el canal de agua. El segundo puente, denominado “Por rematar”, es quizás el más intrigante debido a su naturaleza inconclusa y su singular diseño. Presenta una inusual angulación de 110 grados en su frente, una solución técnica para corregir la dirección de la acequia al llegar a la orilla opuesta. 

40 metros de ancho y 20 arcos

Construido con mampostería de sillarejo y mortero de cal, el puente conserva tres esbeltos arcos de medio punto y pilares sobre los que se proyectaba continuar una obra que destaca por su gran belleza original. Pero sin duda la pieza más monumental de todo el conjunto es el acueducto de “Los veinte ojos”, que da nombre popular al sistema completo. Con dimensiones imponentes de 40 metros de anchura y 10 metros de altura, esta estructura se organiza en tres niveles de arcos superpuestos. Su compleja arquitectura de mampostería irregular utiliza la roca caliza circundante como base, contando actualmente con veinte arcos que le otorgan su fisonomía característica y una solidez que ha desafiado el paso de los siglos.

Durante varios siglos el uso del agua en esta zona de Almería estuvo destinado exclusivamente al regadío agrícola, diferenciándose de otros acueductos diseñados para el consumo humano. Sin embargo, el estado de conservación actual se describe como aceptable pero vulnerable ante el abandono de las prácticas tradicionales. Y es que en la actualidad gran parte del caudal que originalmente circulaba por estas acequias históricas ha sido sustituido por sistemas de tuberías modernas de plástico.

Para los visitantes y amantes del deporte al aire libre, el sistema de Carcauz ofrece una ruta de acceso sin excesiva dificultad desde la autovía A-7. El itinerario se puede realizar siguiendo el curso de la acequia de la época, lo que permite observar la transición entre la ingeniería histórica y la biodiversidad local, donde es posible avistar fauna típica como ranas o sapos. Pero, en cualquier caso, la preservación de este patrimonio honra la huella dejada por civilizaciones como la argárica, fenicia, musulmana y romana en el municipio almeriense de Vícar. Mantener este sistema es proteger un testimonio vivo de la gestión hidrológica en un territorio que ha luchado secularmente contra la escasez de agua, de ahí la importancia del mencionado reconocimiento oficial de 2023. Una herencia cultural incalculable donde la técnica y la necesidad han esculpido el paisaje almeriense y que es, a la vez, símbolo del pasado y del presente para Felix y Vícar.