El valle de sal más antiguo del mundo está en España y lleva miles de años funcionando

Hoy la sal parece un producto cotidiano, barato y prácticamente invisible dentro de cualquier cocina. Sin embargo, durante siglos la sal fue uno de los bienes más codiciados del planeta. Servía para conservar alimentos cuando todavía no existía la refrigeración industrial y resultaba indispensable tanto para la alimentación humana y animal como para numerosos procesos productivos. Por eso, alrededor de la sal crecieron guerras, fortunas, ciudades enteras y enormes redes comerciales.

En pleno País Vasco existe uno de los mayores testimonios históricos de esa relación entre el ser humano y la sal. El Valle Salado de Añana, situado a unos 30 kilómetros de Vitoria-Gasteiz, conserva una explotación salinera que lleva activa miles de años y que está considerada una de las más antiguas del planeta.

Un paisaje construido alrededor de la sal durante milenios

La historia del Valle Salado comenzó hace aproximadamente 7.500 años, cuando las comunidades prehistóricas empezaron a aprovechar los manantiales naturales de agua salada de la zona.

Tal y como menciona su fundación, “las investigaciones, todavía en curso, nos están informando que los inicios de la producción de sal en el Valle Salado de Añana se remontan a hace unos 7.500 años. Durante la Prehistoria, las salinas tenían un aspecto muy diferente al que podemos ver en la actualidad. Esto se debe a que el sistema productivo era distinto. No basado en la exposición de la salmuera que surge de los manantiales a los agentes atmosféricos (sol y viento) sino en la evaporación forzada mediante la combustión de materiales ígneos”.

La llegada de Roma cambió completamente el sistema

El gran cambio llegó, según la propia narración de la web, alrededor del siglo I antes de Cristo, cuando esta parte del norte peninsular quedó integrada dentro del Imperio Romano. Con el aumento de la demanda de sal, el Valle Salado modificó completamente su sistema de producción y pasó de la evaporación forzada a la evaporación natural, mucho más eficiente a gran escala

Las excavaciones arqueológicas han confirmado además la aparición de las primeras eras salineras construidas con arcilla apisonada y bordes elevados para impermeabilizar las superficies donde se recogía la sal. El paisaje actual del Valle Salado sigue mostrando la huella de todos esos siglos de trabajo humano. El conjunto está formado por miles de plataformas, terrazas, pozos, canales y almacenes que crean una arquitectura muy particular levantada con piedra, madera y arcilla.

De hecho, el sistema incluye más de cuatro kilómetros de canalizaciones de madera que transportan el agua salada desde los manantiales hasta las distintas terrazas escalonadas. La singularidad del enclave reside precisamente en cómo generaciones de salineros fueron adaptando las estructuras a lo largo del tiempo sin perder nunca su función original.

Una arquitectura levantada por los propios salineros

A diferencia de otros grandes conjuntos históricos construidos por arquitectos o especialistas, gran parte de las estructuras del Valle Salado fueron levantadas por los propios trabajadores de las salinas utilizando únicamente materiales del entorno.

El resultado es un paisaje extremadamente frágil, sometido durante siglos a continuas tareas de mantenimiento y reparación. Algunas terrazas llegan incluso a superar los ocho metros de altura.

El Valle Salado de Añana no solo explica la historia de la sal en España. También permite entender cómo una materia prima aparentemente simple llegó a moldear economías, tecnologías y formas de vida durante miles de años.