Un padre, una pareja recién casada y una tradición recuperada en este pueblo de La Rioja

Pedir el rebollo, tradición de Treviana

Rioja2

23 de mayo de 2026 09:47 h

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El empeño de una pareja recién casada ha hecho posible que en el municipio riojano de Treviana se vuelva a pedir el rebollo. Una tradición que con el paso del tiempo se ha perdido en un pueblo en el que en 1940 vivían 1.204 personas mientras que hoy el número de vecinos no llega a 150.

Aun así, los hay que no se resisten a que el silencio de la despoblación borre tradiciones como pedir el rebollo. En Treviana, “cuando alguna pareja se casaba o cuando volvía de su viaje de novios, sus amigos o alguna cuadrilla del pueblo iba a su casa a cantarles canciones o a dedicarles cantares”, recuerda un vecino de la localidad. Pero el obsequio no era unilateral. Y es que a cambio del repertorio musical y el alboroto, los desposados entregaban una cuantía económica o, directamente, viandas y vino para celebrar una merienda conjunta.

Pedir el rebollo, tradición de Treviana

La tradición albergaba matices de picaresca y sana rivalidad. “Los mayores del lugar rememoran con nostalgia los ”piques“ entre las distintas cuadrillas del pueblo, que competían en secreto para descubrir antes que nadie el día exacto del regreso de los novios y ser así los primeros en apostarse en su puerta para cobrar el ansiado peaje”. Incluso esta era una práctica “obligada” en caso de que alguno de los miembros de la pareja no fuera de Treviana. “Lo importante era juntarse y pasar un buen rato con algo de música popular, canciones y cantares, sobre todo, acompañados de buena comida y bebida”.

La vuelta a Treviana de la pedida del rebollo, el re-rebollo

Y esta tradición, compartida con localidades como Valgañón o Bañares, ha vuelto al presente gracias al empeño de una pareja joven y al consejo de un padre empeñado en que las raíces no se sequen. “Se propuso al grupo de la Asociación de Mayores Ildefonso San Millán que se animaran a elaborar una merienda con cantos. ”Al final son ellos los que mejor conocen nuestras tradiciones y estrofas de canciones típicas“. Este grupo de mayores accedió y corrió la voz entre el resto de vecinos. ”Más de 40 personas se juntaron y cantaron jotas, merendaron y hablaron de esta y de otras tradiciones“. Conversaciones que rescataron del pasado situaciones como cuando una pedida de un rebollo acabó con 14 personas cantando dentro de la habitación de la pareja recién casada o los piques de las cuadrillas del pueblo por enterarse de cuándo regresaba la pareja recién casada de viaje.

No ha sido una pedida del rebollo al uso. “En este caso ha sido la pareja quien ha invitado al resto del vecindario a merendar y cantar, pero este encuentro ha servido para rememorar una tradición y ojalá sea un punto de partida para que la próxima pareja que contraiga matrimonio tenga una cuadrilla en la puerta de su casa pidiendo el rebollo, cantando y pidiendo comer y beber”, desea este vecino para mantener la identidad rural.

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