Gastronomía e historia militar en este pequeña aldea marinera de A Coruña con un castillo medieval que domina las Rías Altas

Al sur de la ría de Ferrol, en A Coruña (Galicia), el paso estrecho del agua entre las dos orillas formó un enclave natural que ha condicionado la historia del lugar desde la Edad Moderna. Mugardos, en su orilla sur, la protección que ofrece el estuario convirtieron para convertir este punto del litoral gallego en un espacio estratégico tanto para la navegación como para la defensa del lugar. A lo largo de los siglos, estas características influyeron en la implantación de infraestructuras militares y en el desarrollo de una comunidad vinculada al mar.

La localidad de Mugardos ha construido su identidad a partir de esa doble relación con el entorno: por un lado, la vigilancia del acceso marítimo a uno de los principales enclaves navales del noroeste peninsular; por otro, el aprovechamiento de los recursos marinos como base económica y social. Esta combinación ha dejado huellas visibles en su patrimonio, en su trazado urbano y en sus tradiciones culinarias, que siguen formando parte del día a día del municipio.

El Castillo de La Palma y el sistema defensivo de la ría

El elemento patrimonial más destacado de Mugardos es el Castillo de La Palma, una fortaleza levantada a finales del siglo XVI en un punto clave para el control de la ría de Ferrol. Su construcción respondió a la necesidad de impedir la entrada de embarcaciones enemigas en un contexto de conflictos marítimos frecuentes y de creciente importancia estratégica de los arsenales situados en el interior del estuario. Desde su origen, el recinto tuvo como función principal la vigilancia del paso marítimo.

La fortaleza se integró en un dispositivo defensivo más amplio conocido como el “triángulo de fuego”, formado junto al Castillo de San Felipe, en la orilla opuesta, y el antiguo fuerte de San Martín, hoy desaparecido. La disposición de estas instalaciones permitía controlar el acceso desde distintos ángulos y disuadir así ataques de flotas adversarias. Este sistema operó durante siglos como barrera defensiva y como elemento disuasorio frente a amenazas externas.

A lo largo de su historia, el Castillo de La Palma ha sido objeto de ampliaciones y adaptaciones acordes a los cambios en la tecnología militar. En el siglo XX, el edificio dejó de cumplir funciones estrictamente defensivas y fue utilizado como cárcel militar, añadiendo una nueva etapa a su trayectoria histórica. En la actualidad, la fortaleza está reconocida como Bien de Interés Cultural y puede visitarse mediante recorridos guiados en fechas concretas, lo que permite conocer su evolución y su papel dentro del sistema defensivo de la ría.

Pulpo, arquitectura marinera y vida portuaria

La economía tradicional de Mugardos ha estado ligada al mar, con un puerto que durante siglos fue uno de los más activos de la zona. Aunque la actividad pesquera ha disminuido respecto a etapas anteriores, el litoral sigue siendo una fuente de sustento para la población local. En la actualidad se mantienen prácticas como el marisqueo y la pesca a pequeña escala, con especial protagonismo del pulpo, un recurso que ha marcado la vida económica y cultural del municipio.

Este vínculo con el cefalópodo se refleja en una elaboración propia conocida como pulpo a la mugardesa. A diferencia de otras preparaciones gallegas, en Mugardos el pulpo se cocina como un guiso en el que intervienen, además del producto principal, patatas y pimiento rojo, junto con condimentos habituales de la cocina local como el laurel y el pimentón. Esta receta se ha transmitido de generación en generación a lo largo del tiempo y se ha convertido en un elemento identificativo de la gastronomía del lugar. Cada mes de julio, la localidad rinde homenaje a este plato en la Festa do Polbo, una celebración que ha sido declarada de Interés Turístico.

El carácter marinero de la villa también se manifiesta en su arquitectura. El casco urbano conserva viviendas con galerías acristaladas, características de la arquitectura coruñesa, junto a casas de pescadores con fachadas de colores. Estas construcciones se distribuyen en torno al puerto, que continúa siendo el eje organizador del espacio urbano. La estrechez de la ría en este punto ha contribuido históricamente a la seguridad, circunstancia que explica la relevancia del puerto y su consideración como uno de los mejor resguardados del litoral gallego.