La isla de Portugal con una playa de 9 kilómetros y rodeada de paisajes volcánicos
Escondida en medio del Atlántico, Porto Santo destaca por su belleza árida y sus paisajes volcánicos rodeados por el azul intenso del mar. Son apenas once kilómetros de largo y seis de ancho: una isla de un tamaño que permite conocerla a fondo en poco tiempo. Su fuerza natural, sin embargo, es superlativa. Su mayor distintivo es una playa larga, muy larga, y que a pesar de no ser tan conocida, se cuela todos los años en los listados de las mejores playas de Europa.
La Playa de Porto Santo se extiende más allá de lo que la vista alcanza: nueve kilómetros de arenas brillantes y aguas turquesa. Esta inmensa franja costera es la razón fundamental por la cual el archipiélago recibe el sobrenombre de 'Isla Dorada'. Cuando el sol se postra sobre la costa, el reflejo crea un efecto visual de oro brillante que consolida la identidad geográfica y turística de la isla.
Porto Santo es parte del archipiélago portugués de Madeira, se encuentra a unos 40 kilómetros al noreste de su 'hermana mayor': la isla de Madeira, mundialmente reconocida por su abrupta orografía y su vegetación tropical exuberante. En este sentido, la geología y naturaleza de la 'Isla Dorada' emergen como un contrapunto radical: un territorio con relieve más bien suave y clima semidesértico. A pesar de su proximidad con el bullicio de Funchal —capital de Madeira—, Porto Santo ha logrado preservar una atmósfera de aislamiento privilegiado.
Es un destino perfecto principalmente para dos tipos de viajeros: quienes buscan relajarse y a quienes les gusta explorar. Paisajes para caminar y contemplar. Moverse por la isla es bastante sencillo. Alojarte cerca de la playa no te aleja de los espectaculares senderos que conducen a los picos volcánicos que la coronan. Es así que la isla ofrece el entorno perfecto para combinar baños de sol y de mar con rutas cuyas vistas cautivan a cualquiera.
Mucha gente que viaja a Madeira aprovecha su cercanía con Porto Santo para conocerla en una excursión de un día, que si bien es realizable, no es lo ideal. Principalmente, para quienes quieren desconectar y realmente disfrutar de sus playas, piscinas naturales o senderos, un día no es suficiente.
Porto Santo es el resultado de un proceso geológico de millones de años. Su actividad volcánica cesó hace más de ocho millones de años, por lo que en la actualidad la isla ocupa apenas un tercio de su extensión inicial. La superficie de la isla está mayormente aplanada, con picos altos en sus extremos que se alzan con fuerza. Este contraste es perfecto para obtener perspectivas diferentes de la isla.
Los imperdibles de Porto Santo
La playa Dorada
El mayor atractivo de la isla. Nueve kilómetros de arena clara y delgada, bañada diariamente por aguas turquesa cuyas temperaturas varían entre los 17 y los 20 grados centígrados según qué época del año. Sus aguas y arenas son ricas en yodo, calcio y magnesio, lo que las hace muy beneficiosas para el tratamiento del reumatismo y de las dolencias óseas.
La Fenda de Dona Beja
Una estrecha fractura entre enormes formaciones rocosas producida por la actividad volcánica y los movimientos tectónicos a lo largo de la historia. Según la tradición local, el nombre evoca historias de refugio y misterio. Se accede por un sendero rocoso desde Porto dos Frades.
Pico de Ana Ferreira: El ‘piano’ de basalto
Es, sin duda, el monumento geológico más espectacular de la isla. Uno de esos lugares en los que la naturaleza se comportó como diseñadora –aunque más bien es al revés. Una serie de columnas verticales en forma de prisma formadas con el enfriamiento del magma hace millones de años. Se les conoce como el ‘piano’ debido a su gran parecido con un teclado.
Zimbralinho
El sueño de los amantes del mundo submarino. Una pequeña cala de cantos rodados y aguas de brillo eléctrico con una visibilidad transparente. Bajo la superficie, las formaciones rocosas esconden una amplia biodiversidad observable. Eso sí, la llegada no es fácil: Zimbralinho está flanqueada por altos acantilados que la protegen del viento, por esto mismo, para acceder hay que seguir un sendero serpenteante y retador que no es para cualquiera.
Ilhéu de Cima
Este islote, situado al sureste de la isla principal, es una reserva natural con acceso restringido, santuario para aves marinas y flora endémica. Se puede apreciar desde diferentes senderos y picos de Porto Santo, desde donde su silueta domina el horizonte. El islote se identifica con facilidad por su faro, punto de referencia para las embarcaciones que llegan de la Europa continental.
Miradouros: Flores y Portela
La isla se entiende mejor desde las alturas, y estos dos miradores ofrecen perspectivas complementarias. Por un lado, el Miradouro das Flores está situado al oeste de la isla, es el balcón privilegiado para contemplar los islotes (Ilhéu de Ferro, de Baixo y de Cima) y la inmensidad del océano. Es el lugar perfecto para ver los atardeceres morados sobre el Atlántico. Por otro, el miradouro da Portela es famoso por sus icónicos molinos de viento de madera y ofrece la postal más clásica de la isla: una vista panorámica de los nueve kilómetros de playa dorada contrastando con el azul turquesa del mar y el puerto de abrigo al fondo.