El jardín más antiguo de Barcelona no es un jardín, es un laberinto

Adrián Roque

6 de julio de 2025 09:31 h

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En el distrito de Horta-Guinardó, al pie de las montañas de Collserola, se encuentra el Laberinto de Horta, un auténtico tesoro oculto en la ciudad de Barcelona. A pesar de ser conocido por su laberinto de cipreses, este parque histórico ofrece mucho más que un simple juego de orientación.

Con su origen en el siglo XVIII y una mezcla de estilos de jardín que van desde el neoclásico hasta el romántico, el Laberinto de Horta es un lugar donde la historia, la naturaleza y el arte se entrelazan para ofrecer a los visitantes una experiencia única.

El origen del Laberinto de Horta: Un jardín privado de lujo

El Laberinto de Horta no siempre fue un espacio público. Originalmente concebido como un jardín privado, fue obra de Juan Antonio Desvalls i Ardena, marqués de Llupià, de Poal y de Alfarrás, quien lo mandó construir en la finca familiar a finales del siglo XVIII. Inspirado por la tradición de los jardines de la época, Desvalls quería crear un espacio que impresionara a sus visitantes, una especie de museo vivo de la naturaleza. En su diseño se integraron elementos arquitectónicos y paisajísticos que reflejaban tanto las influencias del clasicismo como el romanticismo.

El famoso laberinto de cipreses, que da nombre al parque, es uno de los mayores atractivos del lugar. Este laberinto ocupa 750 metros lineales y está rodeado de hermosos jardines y elementos ornamentales.

Durante los primeros pasos dentro del parque, los visitantes pueden perderse en sus intrincados pasillos mientras disfrutan de un paseo tranquilo entre la vegetación bien cuidada. El laberinto no es solo un lugar para disfrutar de la naturaleza, sino también un símbolo de la historia del parque.

Un jardín romántico: la conexión del laberinto con el amor

Dentro del Laberinto de Horta se distinguen dos partes muy diferentes pero igualmente fascinantes: el jardín neoclásico y el jardín romántico. El jardín neoclásico es el lugar donde se rinde homenaje al amor, y está diseñado en tres niveles: el nivel superior, el propio laberinto con su belvedere, y los niveles inferiores.

Aquí los visitantes pueden encontrar fuentes monumentales, estanques tranquilos y templetes con figuras mitológicas, creando un ambiente que transporta al esplendor de la antigua Grecia y Roma.

En contraste con el optimismo del jardín neoclásico, el jardín romántico refleja el tema de la muerte, un elemento que fue característico de este movimiento artístico y filosófico del siglo XIX. En esta zona, destaca la Cabaña del Ermitaño, un pequeño refugio que en su tiempo estuvo “habitado” por un autómata que imitaba a un monje.

También se encuentran otros elementos misteriosos, como la Puerta China, que introduce influencias de la cultura oriental en el diseño del jardín. Esta parte del parque está pensada para evocar una atmósfera melancólica y reflexiva, invitando al visitante a meditar sobre la naturaleza efímera de la vida.

El Palacio Desvalls: un viaje en el tiempo

Junto al Laberinto de Horta, se encuentra el Palacio Desvalls, una construcción que también tiene su historia que contar. Originalmente una finca de campo, el palacio conserva elementos medievales, como una torre defensiva del siglo VIII, y se amplió durante el siglo XVIII.

El edificio se encuentra perfectamente integrado dentro del parque y, desde 1993, alberga el Centro de Formación del Laberinto de Horta, donde se imparten cursos de jardinería y paisajismo. El palacio se puede visitar en su totalidad, y la parte trasera alberga el Jardín de los Bojes, un hermoso espacio con parterres de arbustos de boj recortados que se combina con relieves que ilustran escenas mitológicas.