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En Portugal, Irlanda o Noruega: siete rutas con nombre propio para descubrir Europa en coche este verano

Roberto Ruiz

26 de junio de 2026 22:01 h

Viajar en coche tiene algo especial. Podemos ir a nuestro ritmo, haciendo la ruta que decidamos, parando donde queramos, y organizando tiempo y kilómetros a nuestra medida. Si te gusta viajar a tu aire, es sin duda una de las mejores opciones. 

Europa, además, tiene una ventaja para este tipo de planes. Hay carreteras que han dejado de ser simplemente una forma de ir de un sitio a otro y han acabado convirtiéndose en destinos en sí mismas. Algunas permiten llenar unas vacaciones enteras enlazando etapas y paisajes durante varios días. Otras apenas ocupan unas horas dentro del itinerario, pero terminan siendo el tramo que más se recuerda al volver a casa. 

Es el caso de rutas tan conocidas como la Estrada Nacional 2 portuguesa, la Ruta Romántica alemana o la Wild Atlantic Way irlandesa, pensadas para recorrer sin prisa y descubrir regiones enteras. Pero también de carreteras como la Transfăgărășan rumana o Trollstigen, en Noruega, que por sí solas justifican reorganizar un viaje. Aquí tienes siete propuestas distintas, todas con nombre propio, para plantear tu próximo destino desde la carretera. 

Estrada Nacional 2 (Portugal)

Si hay una ruta en coche que en los últimos años ha dejado de ser un secreto entre viajeros para ganar popularidad, esa es la Estrada Nacional 2 portuguesa. La N2 recorre 739 kilómetros entre Chaves, en el norte, y Faro, en el Algarve, atravesando el país casi de arriba abajo por el interior. Aquí la gracia no está en buscar el camino más rápido: la carretera enlaza pueblos, cambia constantemente de paisaje y enseña una cara de Portugal que muchas veces queda fuera de las escapadas habituales a Lisboa, Oporto o la costa.

También ayuda que sea una ruta fácil de organizar y relativamente cercana para quien viaje desde España. Lo habitual es dividirla en varias etapas y dejar espacio para las paradas. En pocos días se pasa de zonas montañosas y viñedos a las grandes llanuras del Alentejo y, finalmente, al ambiente más cálido del Algarve. Por el camino aparecen lugares históricos, pequeños desvíos que merecen la pena y un detalle que muchos viajeros convierten en tradición: el Pasaporte EN2, que se puede ir sellando durante el recorrido.

La Ruta Romántica (Alemania)

Hay rutas que nacieron para ordenar un territorio para el viajero y acabaron convirtiéndose en un icono. Eso es exactamente lo que pasó con la Ruta Romántica alemana. Creada en 1950, hoy sigue siendo una de las rutas turísticas más conocidas del país y conecta durante más de 450 kilómetros ciudades históricas, paisajes rurales y algunos de los lugares más reconocibles del sur de Alemania. El recorrido arranca en Wurzburgo y termina en Füssen, siguiendo un eje que parece diseñado para encadenar murallas, iglesias y castillos.

Pero lo que hace que funcione tan bien no es solo la lista de lugares. La carretera atraviesa rincones como el valle del Tauber, pasa por ciudades medievales bien conservadas y cambia poco a poco hacia paisajes más abiertos y alpinos. Entre medias aparece Nördlinger Ries, una gran depresión creada por el impacto de un meteorito hace millones de años. Y ya cerca del final llega la silueta del castillo de Neuschwanstein, uno de esos momentos que justifican el viaje. 

Route Napoléon (Francia)

Hay rutas que nacieron por el paisaje y otras que existen porque cuentan una historia. La Route Napoléon pertenece claramente al segundo grupo. Este itinerario sigue el recorrido que hizo Napoleón Bonaparte en 1815 tras regresar del exilio en la isla de Elba. Hoy esa huella histórica se puede recorrer por la carretera N85, señalizada con pequeñas águilas imperiales, desde Golfe-Juan, junto al Mediterráneo, hasta Grenoble, entrando poco a poco en el paisaje alpino francés.

Lo interesante es que no hace falta ser un apasionado de la historia para disfrutarla. La ruta encaja muy bien también como viaje por carretera, ya que nos lleva por pueblos provenzales, tramos panorámicos y cambios constantes de paisaje. Aparecen lugares como Saint-Vallier-de-Thiey, Castellane o Sisteron, con su ciudadela dominando el valle, antes de llegar a Gap y terminar en Grenoble. Es una ruta cómoda de hacer en varios días y una buena forma de combinar carretera, patrimonio y montaña.

Wild Atlantic Way (Irlanda)

Pocas rutas resumen tan bien un territorio como la Wild Atlantic Way, en Irlanda. Con unos 2.600 kilómetros señalizados, atraviesa toda la costa occidental de Irlanda desde Donegal hasta Cork siguiendo carreteras que ya eran populares mucho antes de recibir un nombre común. Hoy se ha convertido en uno de los grandes viajes por carretera de Europa y también en una manera muy sencilla de organizar unas vacaciones por el país, ya que basta con seguir siempre el Atlántico.

Lo mejor es que no obliga a completarla entera. De hecho, probablemente no sea la mejor idea intentar verla de una sola vez. El recorrido está pensado para detenerse, enlazar tramos y elegir qué zonas explorar más a fondo. Por el camino aparecen faros, acantilados, playas, pueblos marineros y más de 150 puntos señalados para descubrir el territorio. Entre ellos destacan los acantilados de Moher y algunos de los grandes cabos del sur y del norte de la isla.

North Coast 500 (Escocia)

Si la Wild Atlantic Way es el gran viaje costero de Irlanda, la North Coast 500 ocupa un lugar parecido en Escocia. Esta ruta circular de unos 800 kilómetros parte de Inverness, rodea el extremo norte del país y regresa al punto de inicio atravesando algunos de los paisajes más espectaculares de las Highlands. En pocos años se ha convertido en una de las carreteras más conocidas de Europa y muchos la comparan con la Ruta 66 por el impulso que ha dado al turismo local.

La gracia está en que cada tramo cambia de registro. Hay castillos, playas casi vacías, pueblos diminutos y carreteras secundarias que obligan a bajar el ritmo. Entre los lugares más conocidos aparecen el paso de Bealach na Bà, uno de los puertos de montaña más espectaculares del Reino Unido, la cueva marina de Smoo o pueblos como Ullapool, perfectos para hacer noche.

Transfăgărășan (Rumanía)

Aquí el planteamiento es un poco distinto. La Transfăgărășan no es una ruta de varios días ni pretende llenar unas vacaciones enteras, pero sí es un hito fundamental de todo aquel que organiza unas vacaciones en coche por Rumanía. Esta carretera panorámica atraviesa los montes FăgăraÈ™, en los Cárpatos, conectando Transilvania y Valaquia a lo largo de 114 kilómetros. Construida en los años setenta, hoy es uno de los grandes iconos europeos para conducir.

La fama le viene sobre todo por el trazado. Curvas, túneles, viaductos y una subida progresiva que termina abriéndose sobre las montañas hasta alcanzar el entorno del lago Bâlea, a más de 2.000 metros de altitud. Además del recorrido en sí, merece la pena parar en lugares como la presa de Vidraru o aprovechar alguno de los senderos que parten desde la zona alta. Eso sí, debido a la nieve, el tramo principal suele estar cerrado hasta finales de junio, por lo que es imprescindible confirmar su apertura antes de viajar.

Trollstigen (Noruega)

Trollstigen juega en una liga parecida. Tampoco es una ruta para dedicarle una semana completa, pero sí uno de esos tramos que acaban convirtiéndose en el recuerdo principal del viaje.

Esta carretera panorámica forma parte del recorrido Trollstigen–Geiranger, en la región de los fiordos noruegos, y suma unos 104 kilómetros entre montaña, cascadas y miradores. El tramo más famoso está en Rauma y es conocido por sus once curvas cerradas excavadas en la ladera.

Más allá de su trazado, lo que impresiona aquí es cómo la carretera se integra en el paisaje. En la parte alta hay plataformas para contemplar el valle, la cascada de Stigfossen y el entorno montañoso. Si se continúa hacia Geiranger aparecen algunos de los paisajes más reconocibles del país, con el fiordo como gran protagonista. Pero ten en cuenta un apunte importante: al ser una ruta estacional y propensa a desprendimientos de rocas, conviene informarse de su estado antes de iniciar la marcha.