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El comercio de restos humanos momificados es un peligro para la salud: “Es la auténtica maldición de la momia”

Imagen de la La momia real de Merneptah en el Museo de El Cairo, en Egipto

Daniel Boffey

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El creciente comercio mundial de restos humanos momificados es la “auténtica maldición de las momias”. Así lo han descrito un grupo de investigadores, que han alertado que supone un grave riesgo para la salud tanto de los aficionados, como de los trabajadores de los servicios postales que utilizan.

Las investigaciones sobre la compraventa clandestina de partes del cuerpo humano de hace siglos —como manos, pies y cabezas— han revelado riesgos alarmantes, derivados de microorganismos latentes y de los materiales tóxicos utilizados para conservar los restos.

Un artículo académico revisado por pares, titulado La verdadera maldición de la momia: riesgos para la salud asociados a la venta y el comercio de restos momificados y publicado en la revista International Journal of Cultural Property, describe lo que los autores definen como un “panorama desolador”.

Según el artículo, en los últimos años se ha intensificado un comercio “semiclandestino”, y “a menudo ilícito”, a través de las redes sociales, las páginas web, las plataformas de comercio electrónico y las casas de subastas. Sin embargo, quienes participan en él parece tener poca conciencia de cómo esta actividad les deja “expuestos a diversos riesgos”.

Un análisis de 128 publicaciones en línea en plataformas de Meta, sitios de comercio electrónico, tiendas web y casas de subastas reveló numerosos casos de restos momificados a la venta que mostraban claros signos de biodeterioro. Sin embargo, se constató que los vendedores no proporcionaban ninguna indicación de seguridad y, a menudo, utilizaban el servicio postal para enviar las partes a los compradores.

“Las partes del cuerpo aisladas, como manos y pies, fueron las más frecuentes, seguidas de cabezas momificadas completas”, escriben los autores del artículo. “Más de la mitad de la muestra, el 51,6%, consistía en cabezas en distintos estados de integridad y conservación, incluidas cabezas momificadas completas o parciales, cráneos con tejido blando y/o cabello, y tsantsas, las llamadas cabezas reducidas elaboradas por el pueblo shuar del norte de Perú y el este de Ecuador”, indican.

Las prácticas de momificación, ya sean artificiales o naturales, implican complejos procesos químicos y físicos, destinados a retrasar la descomposición. A lo largo del tiempo se han empleado diversos materiales y sustancias tóxicas para conservar los tejidos, entre ellos metales pesados como el arsénico, el mercurio y el plomo.

Microorganismos que se dispersan por el aire

Los restos momificados pueden albergar una amplia variedad de microorganismos latentes a pesar de siglos de desecación. Las esporas fúngicas latentes pueden dispersarse por el aire cuando se mueven o se alteran, lo que supone un riesgo para la salud de las personas vivas, advierten los expertos.

Según señala el artículo, la inhalación de esporas de Aspergillus fue la causa de la muerte de 10 de los 12 científicos conservacionistas que abrieron la tumba del rey Casimiro IV de Cracovia, en la actual Polonia, en la década de 1970. Y se cree también que una forma grave de aspergilosis provocada por la inhalación de esporas pudo haber contribuido a la muerte de Lord Carnarvon, el principal financiador de la exploración de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes, en Egipto. Su fallecimiento, en 1923, se ha utilizado como prueba del mito de que quienes abren tumbas serán maldecidos, lo que también se conoce como la “maldición de la momia”.

Kirsty Squires, profesora de bioarqueología humana en la Universidad de Staffordshire, que colaboró en la investigación con Dario Piombino-Mascali, Clara Urzì y Damien Huffer, afirma que los comerciantes parecían tener poca conciencia de los peligros: “En algunos de los comentarios sí que mencionan un olor a momia, como a descomposición, pero algunas de las imágenes que publican suelen ser de cabezas momificadas que no se encuentran en vitrinas, sino a la vista, por ejemplo, en un salón o en una vivienda. Así que eso podría ser realmente peligroso”.

“Cuando estábamos elaborando este artículo, había algunas imágenes de restos muy deteriorados que estaban colocados sobre un soporte sin cubierta de cristal. No parecía que la temperatura estuviera controlada, ni que se cumplieran las condiciones de conservación adecuadas que requieren los restos humanos”, añade.

El estudio reveló que no solo estaban en peligro quienes comercian con restos humanos. Los investigadores advierten que, “dado que se recurre a empresas de correo y mensajería para transportar restos humanos momificados, los trabajadores de los almacenes, los conductores, los empleados de los centros de transporte y los funcionarios de aduanas corren peligro, ya que es poco probable que utilicen el equipo de protección individual necesario cuando entran en contacto por primera vez con estos envíos”.

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