El pueblo pesquero de Catalunya con menos de 500 habitantes con vistas al Mediterráneo y perfecto para recorrer a pie
Colera es un municipio de menos de 500 habitantes situado entre Llançà y Portbou, en la Costa Brava. Su casco urbano es pequeño y se integra en un entorno donde el mar, las playas y la sierra de la Albera quedan próximos. Esa escala permite plantear una visita pausada, con recorridos a pie por el núcleo y salidas hacia diferentes puntos del término municipal.
El municipio está vinculado al turismo activo y desde Colera se pueden hacer rutas de senderismo, recorrer espacios naturales, acercarse a restos de cultura megalítica y visitar construcciones históricas. Entre los lugares señalados aparecen la iglesia de Sant Miquel de Colera, el Castillo de Molinàs y el dolmen del Puig d’Esquers, que conectan la visita con distintas etapas del territorio.
La costa es uno de los ejes principales del recorrido. Colera cuenta con varias playas y calas donde se pueden practicar actividades como paddle surf, snorkel o kayak. Algunas están en el entorno urbano y tienen un acceso sencillo; otras se sitúan entre zonas rocosas, vegetación o tramos más alejados del núcleo.
Playas y calas de Colera
El recorrido por el litoral de Colera puede empezar en la playa de les Portes, una de las más accesibles del municipio por su ubicación en pleno centro, frente al puerto. Formada por piedras y arena gruesa, suele registrar bastante afluencia. Al estar integrada en el núcleo urbano, dispone de bares, restaurantes y una escuela de submarinismo en las inmediaciones. También ofrece la posibilidad de alquilar embarcaciones y practicar deportes náuticos, y cuenta con rampas laterales para facilitar el acceso a personas con movilidad reducida.
A poca distancia se encuentra la playa dels Morts, también situada en el entorno urbano. Tiene unos 160 metros de longitud y su nombre está vinculado a una práctica anterior a la construcción del cementerio de Portbou, los vecinos de esa localidad trasladaban a sus difuntos por mar hasta Colera y desembarcaban en este punto antes de llevarlos al cementerio. Hoy, además de ser una zona de baño, cuenta con un itinerario de Vías Bravas para la práctica de natación en aguas abiertas.
La playa d’en Goixa prolonga la bahía de Colera desde la playa dels Morts. Situada en una zona residencial, entre acantilados, combina piedras con arena gruesa. Es una de las más visitadas del municipio, junto con les Portes, y suele presentar una ocupación elevada.
Más allá del centro, entre Llançà y Colera, se encuentra la playa de Garbet, una de las más conocidas de la zona. Tiene unos 450 metros de longitud y está formada por piedras de distintos tamaños. El acceso en vehículo privado es sencillo y permite aparcar cerca de la playa, aunque en temporada alta suele ser difícil encontrar sitio debido a la afluencia de bañistas.
En la Punta del Borró, entre Garbet y la playa de Grifeu, aparece la playa del Borró d’Enfora, un espacio frecuentado sobre todo por senderistas que realizan rutas por este tramo del litoral. Su entorno está marcado por la presencia de rocas y vegetación.
También en esta zona se encuentra la playa del Borró de Dins, situada a unos cuatro kilómetros del núcleo de Colera, entre Garbet y el Borró d’Enfora. Es conocida por los lirios blancos que crecen en el entorno y, a diferencia de otras playas cercanas, tiene arena fina y poca profundidad, por lo que resulta adecuada para ir con niños. La lista se completa con cala Rovellada, ubicada en el término de Colera, a pocos kilómetros de Portbou. Es una cala de piedras, accesible tanto a pie como en coche, y suele presentar una ocupación alta.
Rutas y patrimonio más allá del mar
El interior del término municipal permite completar la visita con rutas y elementos históricos. Uno de ellos es la iglesia de Sant Miquel de Colera, situada en la sierra de la Albera, en la zona de la Balmeta. Fue construida en el siglo XII y funcionó como iglesia parroquial de Colera hasta el siglo XVIII, cuando el culto se trasladó al núcleo cercano al mar. El edificio, de estilo románico, tiene una sola nave y un ábside semicircular. Tras un largo periodo de abandono, en 1983 se inició una campaña para consolidarlo y restaurarlo.
Otro punto de interés es el castillo de Molinàs, situado a unos cuatro kilómetros del núcleo urbano. Se encuentra dentro del antiguo término histórico de la abadía de Sant Quirze de Colera. Su origen podría situarse entre los siglos XII y XIII, y su función habría estado relacionada con la defensa del litoral. También se cree que su construcción pudo aprovechar restos de una torre anterior. En la actualidad se conservan restos muy arrasados de un edificio de planta rectangular, del que aún se distinguen dos cuerpos de edificación.
El dolmen del Puig d’Esquers está en la montaña del mismo nombre, entre los municipios de Colera y Llançà. Se trata de un sepulcro de corredor con cámara pentagonal estrecha, perteneciente al periodo neolítico y construido entre el 3200 y el 3000 a. C. La cámara se conserva en buen estado, aunque parte de la cubierta está rota. Su ubicación ofrece vistas sobre el Empordà.
Con esta combinación de costa, rutas y patrimonio, Colera permite una visita centrada en recorridos breves y puntos concretos. El municipio reúne playas urbanas, calas, caminos por el entorno natural y vestigios históricos sin perder su escala de pueblo pequeño. Para quienes busquen un destino de la Costa Brava que pueda recorrerse parcialmente a pie, Colera ofrece un itinerario claro entre el núcleo urbano, el litoral y la sierra de la Albera.