El pueblo pesquero de Fuerteventura con playas de arena blanca y piscinas naturales entre las rocas de la costa
En el extremo norte de la isla de Fuerteventura, perteneciente al municipio de La Oliva, se encuentra el pueblo de El Cotillo. Esta villa representa uno de los enclaves con mayor tradición marinera de la isla majorera, compartiendo el protagonismo de este sector con Corralejo, donde muchas de estas costumbres siguen presentes en el Muelle Chico.
El Cotillo conserva su auténtica identidad de aldea de pescadores. Sus calles están flanqueadas por casas bajas enjalbegadas, muy características de zonas donde la principal actividad se basa en la pesca, y su patrimonio arquitectónico e histórico está marcado por su importancia como lugar estratégico militar para frenar la piratería. La Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje y la Torre del Tostón o Castillo del Tostón —una torre usada como fortaleza en el siglo XVII para defender la costa de los constantes ataques que sacudían la isla siglos atrás— muestran el pasado plenamente defensivo de este rincón norteño.
Sin embargo, más allá de su historia y sus construcciones tradicionales, el elemento que convierte a El Cotillo en un destino singular dentro de Fuerteventura es su paisaje litoral. En la zona norte del pueblo, el océano Atlántico despliega un litoral formado por bahías protegidas, calas de arena blanca y fina y piscinas naturales esculpidas sobre la piedra volcánica que rodea la isla, ofreciendo espacios de calma para desconectar.
La playa de La Concha
Una de las playas más conocidas, fotografiadas y representativas de la isla es la playa de La Concha. Destaca de las demás por su forma de herradura y su calidad ambiental. Está muy bien conservada y apenas presenta modificaciones humanas, lo que la ha convertido en un refugio de aguas cristalinas. Este extenso arenal fue galardonado con la Bandera Azul y debe gran parte de la tranquilidad que lo rodea a una imponente barrera de arrecife natural formada por piedra volcánica, que actúa como rompeolas frente al mar abierto.
La sólida estructura que frena las embestidas del mar hace que la zona se convierta en una gran piscina natural de escasa profundidad, caracterizada por sus tonalidades turquesas y su agua cristalina. A ello se suma la ausencia de corrientes peligrosas, lo que la convierte en un lugar adecuado para descansar en su orilla en familia, darse un baño relajante o realizar actividades náuticas.
Cuando el viento sopla y agita el agua del océano, los pequeños corralitos —unos muros circulares de piedra volcánica— sirven como refugio para disfrutar de un día de playa con mayor tranquilidad mientras se toma el sol. Estas estructuras artesanales forman parte inseparable de la identidad visual de la costa del municipio de La Oliva y ofrecen a los visitantes rincones más resguardados donde relajarse a pocos metros de la marea.
La riqueza de esta playa también se encuentra en su ecosistema marino, pues bajo la superficie en calma de sus bahías habitan múltiples especies acuáticas de la fauna canaria que encuentran cobijo entre las paredes de basalto y la arena fina. Esto permite que la observación del fondo marino sea una experiencia al alcance de quienes visitan la zona.
Playa de Los Charcos
Continuando la ruta por la franja costera en dirección al emblemático Faro del Tostón, el paisaje va experimentando una evolución geológica, ya que se adentra en un abanico de calas y ensenadas que conforman la zona conocida como Los Charcos. Este tramo litoral, estructurado y dividido en los sectores cartográficos conocidos como Los Charcos I, Los Charcos II y Los Charcos III, presenta un entramado formado por pequeñas caletas y pozas naturales esculpidas sobre antiguas coladas de lava negra que cambian de profundidad según las mareas que afectan a la costa.
Durante la bajamar, el mar se retira parcialmente dejando al descubierto piscinas naturales de aguas serenas y transparentes, que contrastan con el intenso tono oscuro del basalto volcánico y el blanco de los arenales y de la espuma que deja el mar cuando rompen las olas.
Cada uno de los sectores ofrece características diferentes dentro de este espacio paisajístico. Los Charcos I, la sección más próxima al casco urbano de El Cotillo, cuenta con zonas de fácil acceso a pie e itinerarios adecuados para acudir en familia. Por otro lado, Los Charcos II se adentra en formaciones rocosas más complejas, creando espacios de aguas azul turquesa y transparentes. Gracias a ello es posible observar parte de la fauna marina, como pequeños crustáceos.
Finalmente, el tramo de Los Charcos III se extiende en las inmediaciones directas del faro, ofreciendo una fisonomía más virgen, abierta y aislada de cualquier intervención humana. En esta última área, la práctica del naturismo o nudismo se desarrolla con libertad y respeto, permitiendo una mayor desconexión en un entorno natural.
La ruta concluye en el Faro del Tostón, un elemento clave y estratégico para la señalización marítima del estrecho de La Bocaina. Se dice que son tres faros en uno y el motivo son las remodelaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo. El primero fue construido en 1897 junto a la edificación principal; en 1955 se levantó una segunda torre de 13 metros de altura y, por último, en 1896 se realizó la torre más moderna, de 37 metros. El edificio principal se habilitó para albergar el Museo de la Pesca Tradicional de Fuerteventura. De cara al público, se ha abierto de forma intermitente desde su inauguración.
De vuelta al núcleo urbano de El Cotillo, tras un largo día de playa, el vínculo con los marineros también se refleja en los restaurantes repartidos por el municipio, donde se da protagonismo al producto fresco del mar. En sus mesas se pueden encontrar comidas típicas de Canarias como el sancocho canario, elaborado con pescado salado, papas y batatas cocidas; las papas arrugadas con mojo, pequeñas papas cocidas acompañadas de mojo rojo o verde; además de pescados frescos, mariscos o moluscos.
La combinación de todos estos elementos consolida a El Cotillo, dentro del municipio de La Oliva, como uno de los enclaves litorales más representativos de Fuerteventura. Un lugar donde el ritmo viene marcado por las mareas y donde locales y visitantes encuentran un entorno ligado a la identidad marinera y al paisaje natural.