El pueblo del sur de Francia que cuenta con una rareza medieval: un castillo duplicado por una disputa familiar
En el sur de Francia hay pueblos que conservan gran parte de su trazado medieval. Muchos crecieron alrededor de una fortificación y sus calles se adaptaron al terreno, especialmente cuando las primeras casas se levantaron en zonas elevadas. Con el tiempo, estos núcleos fueron cambiando, aunque algunas de sus construcciones más antiguas se mantuvieron. Sus calles y edificios permiten hacerse una idea de cómo se organizaban estas poblaciones siglos atrás.
Los valles y las gargantas forman parte del paisaje de estas localidades. Las casas de piedra y las calles estrechas conviven con edificios levantados en épocas diferentes, de modo que en un mismo paseo pueden encontrarse restos defensivos y antiguas residencias. En algunos casos, la evolución de estas construcciones también estuvo condicionada por las relaciones entre las familias propietarias, cuyos conflictos podían acabar afectando al reparto de terrenos y edificios.
Así ocurrió en Bruniquel, un municipio medieval situado en lo alto de una colina, junto a las gargantas del Aveyron. Las viviendas se reparten por la ladera y el casco antiguo conserva calles empedradas que conducen hasta la parte más alta. Sobre un promontorio rocoso aparecen dos castillos levantados prácticamente uno junto al otro. Aunque desde lejos pueden parecer partes de un mismo edificio, tienen orígenes distintos: la existencia de dos residencias está relacionada con una disputa familiar iniciada en el siglo XV.
La disputa que originó el segundo castillo
Los dos edificios se conocen como Château Vieux (Castillo Viejo) y Château Jeune (Castillo Joven). El primero se levantó en el siglo XIII sobre los restos de una fortificación anterior y durante generaciones fue residencia de los vizcondes de Bruniquel. Sin embargo, a mediados del siglo XV surgió un enfrentamiento dentro de la familia que acabó modificando la propiedad de los terrenos situados junto a la fortaleza.
Antoine Roger I, entonces vizconde de Bruniquel, se enfrentó a su hijo Léonard y decidió vender a su primo Maffre de Comminges parte de las tierras situadas al este de su residencia. En lugar de mantenerlas para su descendiente, las cedió a otro familiar. Cuando Léonard heredó el Castillo Viejo, trató de recuperar la parcela por la vía judicial. El conflicto no se resolvió rápidamente: se calcula que el litigio se prolongó entre diez y quince años.
La resolución fue desfavorable para Léonard y Maffre de Comminges conservó la propiedad. A partir de entonces pudo levantar allí su propio castillo, en una parcela situada junto al edificio original. Las obras del Château Jeune se desarrollaron aproximadamente entre 1485 y 1510. De este modo, una compraventa nacida de un enfrentamiento entre padre e hijo terminó dando lugar a una segunda residencia fortificada en el mismo lugar.
Las dos ramas de la familia quedaron instaladas en propiedades independientes, separadas incluso por un muro que marcaba los límites entre ambas. Esa división explica la configuración que todavía puede verse en Bruniquel. Aunque a veces se hable de un castillo duplicado, no se levantó una copia exacta. El Castillo Joven fue un edificio distinto, con su propia función residencial, y no una reproducción del Castillo Viejo ni una ampliación de sus dependencias.
La separación se mantuvo hasta 1780, cuando Louis Rigal d'Ouvrier, vizconde de Bruniquel y propietario del Castillo Viejo, compró el otro edificio. Así, las dos residencias volvieron a quedar en manos de un único dueño después de unos trescientos años. La reunificación puso fin a la división surgida de aquella disputa, aunque ambos castillos conservaron sus diferencias y continuaron formando un conjunto con elementos de épocas distintas.
Los castillos y las calles medievales de Bruniquel
La posición de los castillos sobre la roca permitía controlar los valles del Aveyron y del Vère. Esa función defensiva explica que las primeras fortificaciones se levantaran en un punto elevado. Con las sucesivas reformas, los edificios fueron incorporando elementos de diferentes periodos, por lo que su aspecto actual responde a varias etapas. Las estructuras conservadas permiten reconocer tanto su origen defensivo como su posterior uso residencial.
Entre los elementos que se mantienen destaca una torre del homenaje del siglo XII, anterior a las principales obras de la residencia medieval. También se conservan dependencias que tuvieron usos domésticos y salas correspondientes a siglos posteriores. Otro de los espacios del conjunto es una galería renacentista situada sobre el valle del Aveyron, a unos 90 metros de altura. Desde allí se observa el relieve que rodea la localidad y el terreno situado a los pies del promontorio.
Más allá de los castillos, el casco antiguo reúne viviendas de los siglos XIV, XV, XVI y XVII. Sus fachadas de piedra caliza se mezclan con otras construcciones y, en algunas calles, aparecen rosales trepadores y lilas junto a las casas. Las vías mantienen parte de su trazado histórico y atraviesan el pueblo a diferentes alturas. La Rue Droite es una de las calles de referencia para recorrer el municipio a pie y acercarse a la arquitectura que todavía se conserva.
El paseo incluye pendientes y algunos tramos estrechos, algo que conviene tener en cuenta al subir hacia la parte más alta. Entre las calles adoquinadas y las casas de distintas épocas todavía se aprecia la distribución de la antigua población fortificada. La visita permite así conocer tanto los edificios ligados al antiguo señorío como el núcleo urbano que creció a su alrededor, sin limitar el recorrido a los dos castillos que dominan la colina.