El último baño del verano: siete playas donde septiembre es mejor que agosto

Roberto Ruiz

4 de septiembre de 2026 22:45 h

Septiembre suele traer consigo el temido síndrome posvacacional, ese terrible bajón anímico cuando nos enfrentamos a la vuelta a la rutina. Ese choque de realidad que nos hace pensar que nuestro último viaje fue hace siglos, y no solo unos pocos días atrás. Pero ojo, porque eso no significa que haya que despedirse de las escapadas de un día para otro. De hecho, hay playas que se disfrutan mejor ahora que en pleno agosto, y de ellas te queremos hablar.

Nos referimos, sobre todo, a playas pequeñas o aquellas que durante el verano reciben tal cantidad de visitantes que acceder a ellas, aparcar cerca o simplemente encontrar un sitio para extender la toalla puede convertirse en una misión imposible. En septiembre, cuando la afluencia empieza a bajar, todo resulta bastante más fácil y cómodo.

Es el caso de lugares como Gulpiyuri, una diminuta playa escondida entre los prados de Asturias, la popular Cala Granadella en Jávea o la playa de Rodas, en las islas Cíes. También de Papagayo, Aiguablava, Bolonia o las espectaculares Platges de Comte, en Ibiza. Siete playas en las que septiembre puede ser el momento perfecto para darse ese último baño del verano o, quién sabe, quizá el penúltimo.

Playa de Gulpiyuri (Asturias)

Empezamos por una de las playas más curiosas de España. Gulpiyuri se encuentra cerca de Naves, en el concejo asturiano de Llanes, pero lo más llamativo es que desde la arena no se ve el mar. Esta pequeña playa interior está separada del Cantábrico por unos acantilados y recibe el agua a través de una cueva que comunica con el mar. Con la pleamar se convierte prácticamente en una piscina natural y cuando comienza a bajar la marea aparece de nuevo la zona arenosa. Todo ello en un espacio de apenas 40 metros de longitud y rodeado de verdes praderas.

Y precisamente sus reducidas dimensiones son una de las razones por las que septiembre es un buen momento para acercarse hasta ella. En pleno verano, un lugar tan pequeño puede quedarse rápidamente sin espacio cuando se llena de visitantes, mientras que ahora, con una afluencia menor, resulta más sencillo disfrutar del entorno. Eso sí, hay que tener en cuenta que Gulpiyuri no dispone de servicios y que el acceso es exclusivamente peatonal, bien desde Naves o bien siguiendo la senda costera desde la playa de San Antolín.

Playa de Rodas (Islas Cíes, Pontevedra)

La playa de Rodas es una de las grandes estrellas de las islas Cíes y no cuesta demasiado entender por qué. Se encuentra en pleno Parque Nacional de las Islas Atlánticas y une las islas de Monteagudo y Faro mediante un enorme arenal de arena fina y blanca. A un lado están las aguas transparentes de color turquesa y al otro, las dunas y la vegetación del archipiélago. Además, junto a la playa se encuentra un lago natural comunicado con el mar.

Aquí septiembre tiene una ventaja bastante clara. Hasta el 15 de septiembre es necesario que el visitante solicite una autorización a la Xunta. Pero a partir de esa fecha el trámite se simplifica para el viajero, ya que al contactar directamente con las navieras, ellas se encargan de gestionar el permiso, permitiendo disfrutar de este entorno natural tan exclusivo con bastante menos presión que durante los meses centrales del verano.

Playa de Papagayo (Lanzarote)

Papagayo es probablemente una de esas playas que no necesitan demasiada presentación para quienes conocen Lanzarote. Esta pequeña cala del sur de la isla está situada dentro del Monumento Natural de Los Ajaches y tiene forma de media luna, arena blanca y unas aguas transparentes de color esmeralda que suelen permanecer muy tranquilas. Es, además, un lugar especialmente apropiado para practicar esnórquel, gracias a la claridad del agua y a la riqueza de sus fondos marinos.

Pero Papagayo tiene un pequeño problema: no es precisamente grande. Sus 120 metros de longitud pueden quedarse bastante justos cuando se juntan numerosos visitantes, algo habitual durante los meses de mayor afluencia. Por eso septiembre es una buena alternativa para conocerla con más tranquilidad, aprovechando además que el sur de Lanzarote mantiene unas condiciones muy favorables para disfrutar de la playa. El acceso a la zona para vehículos motorizados es de pago y hay aparcamiento y zona de acampada en las proximidades.

Cala Granadella (Jávea, Alicante)

Cala Granadella es otro ejemplo bastante claro de que una playa espectacular no siempre es una playa cómoda en agosto. Situada al sur de Jávea, esta pequeña cala apenas alcanza los 160 metros de longitud y combina aguas cristalinas de tonos turquesa y esmeralda con una orilla formada por grava, bolos y rocas. El entorno es especialmente atractivo para practicar snorkel o submarinismo, aunque también se pueden realizar otras actividades acuáticas como kayak.

La diferencia entre agosto y septiembre se entiende todavía mejor al hablar del acceso. Durante julio y agosto el acceso en coche está restringido para controlar el aforo, de manera que quien quiera asegurarse un hueco tiene que madrugar. Con el final de la temporada alta, la situación resulta bastante más cómoda y es más fácil plantearse una escapada hasta esta cala sin convertir el acceso en la parte más complicada del día. Y ya que estamos allí, siempre se puede aprovechar para hacer alguna de las rutas del entorno, como la que lleva hasta el Castillo de Granadella.

Playa de Bolonia (Tarifa, Cádiz)

Bolonia es diferente a las anteriores. Aquí no hablamos de una pequeña cala en la que apenas caben unas cuantas toallas, sino de un enorme arenal de unos cuatro kilómetros de longitud y alrededor de 70 metros de anchura. Y, aun así, septiembre también es un buen momento para visitarla. Situada en el entorno del Parque Natural del Estrecho, conserva un aspecto bastante salvaje, con arena clara, aguas transparentes, pinares y la enorme duna que domina la playa.

La razón para preferir septiembre es sencilla: Bolonia es uno de los grandes reclamos del litoral gaditano y en verano la llegada de visitantes se nota especialmente a la hora de aparcar. Durante esos meses toca madrugar o armarse de paciencia para encontrar sitio. Ahora, con menos gente, es más fácil disfrutar de sus cuatro kilómetros de arena y, además, dedicar tiempo a conocer todo lo que hay alrededor. La duna de Bolonia, declarada Monumento Natural, y las ruinas de la ciudad romana de Baelo Claudia son dos visitas que merece la pena añadir al día de playa.

Cala Aiguablava (Begur, Girona)

La Costa Brava tampoco se libra de las playas que se ponen complicadas en pleno verano. Aiguablava, en Begur, es una pequeña cala de apenas 80 metros de longitud y unos 40 de anchura, rodeada de pinos y acantilados. Sus aguas transparentes y poco profundas son uno de sus grandes atractivos y la playa cuenta además con servicios como duchas, aseos, vigilancia y accesos adaptados. También forma parte del recorrido del GR-92, por lo que es posible combinar el baño con un paseo por el camino de ronda.

El problema, una vez más, está en el tamaño. En los meses de verano hay que llegar con tiempo si queremos encontrar un hueco para colocar la toalla, algo que cambia bastante cuando disminuye la afluencia de visitantes. Septiembre permite acercarse a Aiguablava con una idea mucho más relajada del día de playa y aprovechar mejor tanto el arenal como sus aguas tranquilas. Y, si todavía quedan ganas de caminar, el entorno ofrece además la posibilidad de continuar por alguno de los caminos de ronda de esta zona de la Costa Brava.

Platges de Comte (Ibiza)

Terminamos en Ibiza, en Platges de Comte, también conocida como Cala Conta. Es uno de esos lugares que explican por qué la isla tiene tanta fama como destino de playa. El agua es transparente y de un intenso color turquesa, la arena es muy fina y la costa se divide en pequeñas zonas de baño y rincones rocosos desde los que disfrutar del mar. Frente a la playa se pueden ver varios de los islotes que forman el paisaje de la costa occidental de Ibiza, mientras que sus aguas poco profundas son muy apropiadas para practicar esnórquel.

Todo esto hace que también sea una de las playas más populares de la isla y, en temporada alta, el espacio disponible en la arena suele quedarse bastante corto. Septiembre ofrece una buena opción mucho más sencilla para ir sin las prisas de agosto y disfrutar con más tranquilidad de sus aguas, sus diferentes zonas de baño y las vistas de los islotes. Y, si esperamos hasta el final de la tarde, todavía podremos despedir el verano con una de las puestas de sol más famosas de Ibiza.