Qué ver en Zugarramurdi más allá de las grandes cuevas del Pirineo navarro
Zugarramurdi es, para la gran mayoría de visitantes, un nombre unido a la brujería, el misterio y la impresionante monumentalidad kárstica de sus famosas Sorginen Lezea, Cuevas de las Brujas. Sin embargo, cuando la cueva principal cierra sus puertas, el visitante se encuentra ante una oportunidad única: la de descubrir el emblemático enclave del valle de Xareta, conformado por los municipios de Zugarramurdi y Urdazubi-Urdax, en Navarra, junto a Sara y Ainhoa, en Aquitania.
Ubicado a escasos kilómetros de la frontera con Francia, en la zona occidental del Pirineo navarro, Zugarramurdi ofrece un valioso patrimonio histórico, arquitectónico y natural que transforma por completo el itinerario turístico convencional. Si la visita se realiza en fechas en las que el acceso al complejo subterráneo esté suspendido, existen otras opciones para descubrir, recorrer y degustar en el entorno.
Con motivo de la celebración de dos de los eventos más arraigados en el calendario festivo local, el Zikiro jate y la Refeta, la cueva permanecerá cerrada al público de forma extraordinaria los días 18 y 30 de agosto de 2026. Ante esta interrupción puntual del servicio, la propia plataforma invita a descubrir otros atractivos cercanos para completar la experiencia.
El Museo de las Brujas
Para comprender correctamente la leyenda de Zugarramurdi es clave conocer su origen, vinculado a los trágicos acontecimientos sucedidos a principios del siglo XVII, cuando el Santo Oficio de la Inquisición de Logroño procesó a decenas de vecinos acusados de celebrar aquelarres, adorar al diablo y practicar la magia negra.
Aquel mediático proceso de 1610 forjó una leyenda popular que siglos después sigue plenamente vigente, alimentada en su origen por la histeria colectiva y el desconocimiento de las costumbres rurales, el empleo de las plantas medicinales y una sabiduría ancestral heredada de generación en generación. Esta mezcla de mito, superstición y memoria trágica ha perdurado a lo largo del tiempo en el imaginario colectivo, convirtiendo a la villa en el epicentro del misterio en el Pirineo.
Para distinguir entre la leyenda y la historia real, resulta fundamental visitar el Museo de las Brujas, situado en un antiguo hospital de la localidad. Este espacio presenta un recorrido etnográfico detallado que homenajea a las personas que fueron perseguidas, mostrando cómo era su vida diaria, la medicina tradicional y la fuerte conexión de la población con la naturaleza.
A través de sus exposiciones, el museo aborda la figura de la bruja y detalla la importancia del inquisidor Alonso de Salazar y Frías al dudar de la veracidad de las acusaciones. Además de su labor de divulgación histórica, en la entrada del museo se encuentra la Oficina de Turismo oficial, donde los visitantes pueden informarse sobre las rutas y comprar sus entradas por adelantado.
Las rutas de senderismo
Más allá de sus infraestructuras urbanas, Zugarramurdi se integra de lleno en la comarca transfronteriza de Xareta, un enclave compartido con otras localidades vecinas que destaca por sus paisajes verdes y su patrimonio natural. Para quienes buscan desconectar del ruido de las ciudades, la web oficial ofrece diversos folletos explicativos con mapas.
Entre los itinerarios pedestres señalizados destaca el conocido Sendero de la Pottoka, un recorrido de senderismo que conecta los paisajes del valle y permite caminar entre bosques, arroyos y prados de montaña. Estas guías también incluyen planos detallados del casco urbano, ofreciendo la posibilidad de realizar recorridos autoguiados por sus calles para contemplar de cerca la arquitectura tradicional de los caseríos y las casonas señoriales que componen el paisaje del pueblo.
El patrimonio religioso y la arquitectura señorial de la villa
El casco urbano alberga un conjunto histórico repleto de grandes edificios señoriales y religiosos. Situada en una zona elevada se erige la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, templo de estilo neoclásico edificado entre 1781 y 1784 gracias a Juan Bautista Dutaria y Joaquina Borda. Tras quedar devastada en 1793 por un incendio provocado por las tropas francesas durante la Guerra de la Convención, hubo que reconstruirla a mediados del siglo XIX.
Anexa a una vivienda al comienzo de la calle Behitiko Karrika se encuentra la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, una de las construcciones más longevas de la villa, al datar del siglo XVI. Este oratorio refleja la devoción religiosa y el posible motivo de su construcción es su cercanía con Sara, localidad de Francia con más monumentos religiosos. En su origen estaba destinada a conjurar las supersticiones.
Entre las residencias civiles destaca el Palacio Dutaria, edificado en 1857 con una estética que recuerda a las casas de los indianos, enmarcado por sillares rojizos y coronado por dos escudos barrocos en el balcón del primer piso. Por su parte, la Casa Parroquial fue construida en 1725. En este edificio se alojaba un monje procedente del Monasterio de Urdax, encargado de ejercer como párroco y celebrar la misa. El inmueble es un recuerdo de la relación del pueblo con el monasterio desde el siglo XII. Su abad, Fray León de Araníbar, tuvo un papel determinante en los sucesos que desencadenaron la persecución de la Inquisición y comenzó lo que se conoció como “la caza de las brujas”, a la cual Goya dedicó su obra “El gran cabrón”.
Hay otros lugares que son viviendas o casas rurales y que pueden contemplarse desde el exterior. Entre ellas se encuentran la Casa Etxenikea, la Casa Dolarea, la Casa Iriartea, la Casa Barrenetxea, la Casa Etxeberria o la Casa Beretxea, única superviviente del incendio de 1793.
Zugarramurdi muestra que su atractivo se extiende más allá de sus conocidas grutas. La clausura temporal de su cavidad principal se convierte en una oportunidad para explorar sus calles históricas, apreciar su arquitectura tradicional bien conservada y descubrir la memoria de su pasado en el Museo de las Brujas. La villa ofrece, además, una experiencia cultural y gastronómica, junto a las rutas naturales que conectan el valle de Xareta.