Escapadas
Cuando el verano se acaba: cinco viajes de dos días perfectos para alargar la sensación de vacaciones
Queramos o no, el verano se acaba. Volvemos a la rutina y con ella a los horarios ajustados, el trabajo y la sensación de que las vacaciones quedan ya demasiado lejos. Pero no todo está perdido. Si todavía tienes ganas de escaparte pero pocos días libres, un fin de semana puede ser suficiente para cambiar de aires y volver a casa con la sensación de haber aprovechado un poco más el verano.
No hace falta organizar un gran viaje ni pedir una semana de vacaciones. Hay destinos perfectamente preparados para una escapada de dos días, con buenas conexiones y un entorno que se puede recorrer sin perder demasiado tiempo en desplazamientos. La clave está en elegir bien el destino y, sobre todo, tener claro qué buscas. Porque después de las vacaciones quizá no apetezca hacer exactamente lo mismo que en agosto.
Por eso hemos seleccionado cinco propuestas que funcionan especialmente bien para una escapada corta, pero cada una con una esencia diferente. Estambul es una buena opción para quienes quieren sumergirse en una mezcla de culturas e historia, Budapest combina patrimonio y baños termales, Split permite alargar el verano junto al Adriático, Palermo pone la gastronomía siciliana en el centro del viaje, y La Palma apuesta por la naturaleza y los paisajes volcánicos. Por lo que si buscas una válvula de escape para seguir disfrutando del tiempo libre, quizá uno de estos cinco destinos se adapte perfectamente a lo que ya vas necesitando.
Estambul, una mezcla de culturas e historia
Estambul es de esos destinos en los que cuesta elegir qué hacer primero. Su posición entre Europa y Asia y su larga historia han dejado una ciudad en la que conviven las huellas de Bizancio, Constantinopla y el Imperio otomano. En una escapada de dos días hay que seleccionar qué ver, pero también es una buena oportunidad para centrarse en lo más representativo. Santa Sofía, la Mezquita Azul y la de Süleymaniye permiten acercarse a su impresionante patrimonio religioso, mientras que el Palacio de Topkapi ayuda a entender el poder de los sultanes otomanos. Y bajo tierra espera la Cisterna de Basílica, una enorme construcción del siglo VI sostenida por 336 columnas.
Pero la mezcla cultural de Estambul no está solo en sus monumentos. También se encuentra en sus calles, sus mercados y su gastronomía. Un paseo por el Puente Gálata y Eminönü permite acercarse a ese ambiente más cotidiano, mientras que el Bósforo ofrece otra perspectiva de la ciudad. Si queda tiempo, cruzar en ferri hasta Üsküdar permite poner un pie en la parte asiática y disfrutar de las vistas de la ciudad desde la otra orilla. Y, por supuesto, hay que reservar un hueco para probar meze, dolma, kebab, baklava o los populares bocadillos de caballa junto al Cuerno de Oro.
Budapest, entre patrimonio y aguas termales
Budapest también funciona muy bien para dos días porque buena parte de sus principales atractivos se concentra alrededor del Danubio y de sus dos grandes zonas históricas, Buda y Pest. En la orilla de Pest se encuentran el Parlamento, la basílica de San Esteban y la Gran Sinagoga, mientras que al otro lado del río toca subir hasta el Castillo de Buda, el Bastión de los Pescadores y la iglesia de Matías. El Danubio, además, sirve como punto de referencia constante y permite contemplar algunos de los edificios más conocidos de la ciudad desde el agua.
Pero si hay una razón que hace especialmente interesante esta escapada es que Budapest permite combinar visitas culturales con un plan completamente diferente. La ciudad tiene una larga tradición termal, heredada incluso de época romana, y sus balnearios son una de sus grandes señas de identidad. Gellért, Rudas y Széchenyi son algunas de las opciones más conocidas. Este último, situado en el Parque de la Ciudad, destaca por sus piscinas exteriores y es una buena forma de reservar unas horas para relajarse después de recorrer la capital húngara. Además, el centro de Budapest se puede recorrer bastante bien a pie y la red de metro, tranvía y autobús facilita los desplazamientos cuando toca cubrir más distancia.
Split, para alargar el verano junto al Adriático
Si lo que buscas es una escapada que se parezca lo máximo posible a unas vacaciones de verano, Split juega con ventaja. La ciudad croata tiene un importante patrimonio histórico, con el Palacio de Diocleciano como gran protagonista, pero el mar está siempre presente. El antiguo palacio romano ocupa buena parte del centro y sus calles mezclan restos de distintas épocas con la vida cotidiana de la ciudad. Después de recorrerlo, basta con acercarse a la Riva, el paseo marítimo, para cambiar de escenario y seguir disfrutando de la costa.
Y aquí está la verdadera excusa para elegir Split cuando todavía no quieres despedirte del verano. En los alrededores de la ciudad hay varias playas donde pasar unas horas junto al Adriático. BaÄvice es la más popular y está muy cerca del puerto, mientras que en la zona de Marjan se encuentran opciones como Bene o Kašjuni. También puedes acercarte al mirador de Marjan, a unos minutos andando del casco antiguo, y combinar las vistas del centro histórico con las del mar y las islas cercanas. Con dos días, el plan puede ser tan sencillo como dedicar uno a descubrir la ciudad y reservar buena parte del otro para el paseo marítimo y las aguas cristalinas del Adriático.
Palermo, la gastronomía como excusa
Palermo es una buena elección si para ti un viaje también se mide por lo que comes. La capital siciliana tiene mucho patrimonio y una historia marcada por fenicios, árabes, normandos y españoles, pero en una escapada corta la gastronomía puede convertirse perfectamente en el hilo conductor. El centro histórico concentra lugares como la catedral, el Teatro Massimo o Quattro Canti, mientras que los mercados de Ballarò y Vucciria permiten acercarse a una de las caras más populares de la ciudad, donde la comida callejera tiene un papel protagonista.
La cocina siciliana es el resultado de esa mezcla de culturas y ofrece bastantes platos que se salen de la idea más habitual de la gastronomía italiana. Puedes empezar con una arancina, continuar con una caponata y probar después una pasta alla Norma o una pasta con le sarde, especialmente vinculada a Palermo. Si te atreves con el street food más contundente, está el pane ca meusa, un bocadillo de bazo y pulmón de ternera. Y para terminar, hay cannoli, cassatina, granita con brioche o incluso un brioche relleno de helado. Con semejante menú, siempre habrá tiempo para hacer alguna visita entre plato y plato.
La Palma, desconectar en plena naturaleza
La Palma es la opción para quienes, después del verano, prefieren cambiar ciudad y monumentos por naturaleza. La isla concentra en poco espacio paisajes muy diferentes, desde los bosques húmedos de laurisilva hasta los campos de lava y las playas de arena negra. También cuenta con una amplia red de senderos, por lo que en un fin de semana se puede plantear una escapada centrada en caminar y conocer algunos de sus paisajes más característicos. Los Tilos y el Cubo de la Galga son dos buenas opciones para acercarse a la vegetación más exuberante de la isla. La ruta de Marcos y Cordero, por su parte, aunque es de las más conocidas, se encuentra cerrada por mantenimiento.
El otro gran protagonista es el paisaje volcánico. El Tajogaite, cuya erupción tuvo lugar en 2021, transformó la zona de Cumbre Vieja y hoy forma parte de las experiencias que permiten conocer esta parte reciente de la historia de la isla. También están los volcanes San Antonio y Teneguía y, en el centro de La Palma, la Caldera de Taburiente, con rutas de diferentes niveles. Para completar el viaje, el Roque de los Muchachos supera los 2.400 metros y ofrece grandes panorámicas de la isla y, en días despejados, de otras islas del archipiélago. Si todavía quieres aprovechar el buen tiempo para darte un baño, siempre quedan las playas de Nogales o Los Cancajos y piscinas naturales como El Charco Azul o La Fajana.