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Ismael Diadé: "La política europea en África es peligrosa"

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Ismael Diadé

Ismael Diadé

Se queja entre bromas y veras Ismael Diadé (Tombuctú, 1957) de que cuando lo entrevistan para hablar de su nuevo libro, Zimma, una colección de relatos de raíz oral que acaba de ver la luz en el sello Vaso Roto, siempre le acaban preguntando por el fondo Kati. No es de extrañar: ese formidable legado de más de 12.000 manuscritos, que su familia ha conservado desde la expulsión de los judíos de Toledo, sigue atrayendo sobre Malí las miradas de miles de amantes de la cultura. En todo caso, el historiador y filósofo, como él mismo se presenta, accedió a hablar de todo con motivo de su última visita a Sevilla, invitado por la Fundación Tres Culturas.

¿Cuál es el matiz filosófico de los cuentos que integran Zimma?

La de los cuentos es esa filosofía que, antes de caer en la especulación, aspiraba a ser una guía de vida. En mi libro lo que retomo es esa enseñanza de los antiguos sabios, los de Grecia como los africanos, que siempre han logrado mostrar un camino. Y se dice en África que detrás de un cuento siempre hay una filosofía.

Es curioso que tenga tanto peso la tradición oral en el heredero de una formidable biblioteca, ¿no?

De hecho, este es un libro radicalmente de tradición oral, pero con las raíces muy vinculadas a la familia Kati. Cuando hablamos de la familia Kati siempre pensamos en patriarcas, en hombres que transmitieron durante siglos una biblioteca, pero también hubo mujeres fundamentales, como aquella profesora que abrió una escuela en su casa, para estudiantes de todos los niveles, cuando aún en Europa las mujeres podían esperar poco de las oportunidades que le brindaba la sociedad.

¿Qué peso tuvieron las mujeres en la conservación del fondo Kati?

Mucho. Hubo mujeres sufíes muy trascendentes, como una que hacía el samá, ese baile turco que consiste en dar vueltas sobre sí mismo, todo el día, hasta que por la noche salía a saludar a la familia. Su hermana, otra sufí, vivía sumida en silencio, como algunos monjes… es gente que no ha escrito nunca, su enseñanza fue su vida. Es una tradición espiritual. Tenemos mujeres que no han aprendido a leer ni a escribir, pero cada una es una biblioteca: te pueden hacer su genealogía desde Toledo hasta sus hijos, rama por rama… Yo he tenido la suerte de crecer en una familia de mujeres, me sentí como un príncipe hasta que llegó mi hermano [risas].

¿Pervive hoy esa tradición femenina de preservar los relatos?

Sí, sigue en todas las comunidades. Las madres enseñan a sus hijos la vida a través de cuentos y proverbios. El padre casi nunca, la verdad… Cuando llegué aquí con todo el dolor, todo el sufrimiento que traía, lo que me ha sacado del abismo han sido las voces de las mujeres, de esas campesinas que solo tienen la palabra. Alguien me dijo que cada vez que en África muere un viejo, es una biblioteca que arde. Es otra forma de preservar la memoria, como el propio fondo Kati. De hecho, el fondo contiene cientos de horas de grabación de la familia contando historias. Zimma es solo un pequeño porcentaje de lo que hay.

Antes ha hablado de tradición espiritual. ¿Qué peso tiene lo religioso en esa tradición?

Nosotros luchamos con la Fundación Tres Culturas porque creemos que deben ser las cuatro: en el fondo Kati están los orígenes cristianos, los conversos de Toledo, los musulmanes, pero también una rama sefardí de Fez, y la madre de mi tatarabuelo es hebrea… Pero está la cuarta rama, la del paganismo, las tradiciones africanas… Los sábados en mi familia no se enciende el fuego, como los hebreos, y el candelabro de siete brazos está en el símbolo de mi familia, pero el viernes van todos a la mezquita a rezar. Hay un respeto por la serpiente, que es el dios Vida, que existe desde Egipto hasta el Níger. Nadie de los nuestros hace daño a una serpiente. La espiritualidad nacida del monoteísmo está ahí, pero con su dimensión africana.

¿Cuál es, entonces, su idea de divinidad?

En general preferiría no hablar de religiones. Cuando alguien lleva tantas culturas dentro, puede llegar a la relatividad de todas, como Montaigne o Spinoza o Sánchez el Escéptico, todos sefardíes que acabaron por Francia u Holanda… Somos tolerantes: respetamos la vida como el crisol que es. Un viejo amigo decía que los hombres son como escaladores, cada uno por su lado de la montaña. Todos creen que es su camino, pero todos miran al mismo punto, que es la cima. Eso me lleva a respetar el camino del animista, como del ateo.

¿Y al que mata por su fe, ha llegado a comprenderlo?

Cada vez que una persona ha tenido la creencia de que tiene toda la verdad de su lado, desprecia a los demás y, aún peor, siembra hecatombes. Está en la Historia de la Humanidad. La ceguera humana es la ceguera de la verdad, el amor absoluto a nuestra verdad. Pero el otro lado de una moneda sigue siendo una moneda. Mi verdad es como la tuya, todo son fragmentos de una misma verdad.

¿Por qué en Malí ese choque ha sido tan virulento?

Malí ha tenido toda la mala suerte que un país puede tener. Tiene una diversidad de pobladores del Norte de África, de árabes y bereberes, gente de raza negra, y todos se juntan en un mismo territorio. Eso puede ser un enriquecimiento si lo cogen sabios, pero puede ser una desgracia si lo cogen necios. El segundo factor es la diversidad religiosa, siendo como es un país de viejas raíces hebreas, musulmanas, cristianas, animistas… Y la tercera desgracia es que se trata de un territorio que toca el Magreb y el África forestal, tiene tanto petróleo como Argelia y Libia, gas natural, uranio para alimentar a las centrales nucleares de Europa para dos o tres siglos… Es el tercer productor de oro de África, el segundo de algodón… Y el cuarto país más pobre del mundo. Los chinos, los rusos, los franceses, todos quieren controlarlo.

Y también los islamistas, claro…

Si ves el espacio controlado por los islamistas coincide con las zonas más ricas en petróleo, gas y uranio, qué casualidad. El que los tuareg reclaman como suyo, también, qué casualidad. Y aquel sobre el que el Estado ejerce su política centralista y jacobina, lo mismo. Un estudio de los años 40 demuestra que el delta interior del Níger puede dar de comer a toda África Occidental. ¿Quién se come eso? La política del Estado ha sido de clientelismo, tribalismo y abandono. Ese ha sido el detonante de todo. La actitud de muchos países europeos ha sido dividir el país: quieren un Norte independiente y un Sur que sea otro país.

¿Qué países son los que han fomentado esa división?

Ah, ahí no me meto… [Sonríe]

Si le preguntan, siempre puede alegar que los periodistas deformamos las respuestas…

Esos no preguntan. Dan.

¿Y cómo es la situación hoy?

Mala. El 15 de mayo se propuso un tratado de paz entre el Ejército y los rebeldes, y donde se fijó, hay enfrentamientos otra vez… No sé, me pregunto si el Estado y los rebeldes saben lo que quieren. Si no lo saben, eso será cualquier cosa menos un diálogo, mientras el patrimonio y la población sufren.

Y usted es pesimista…

Cuando uno vive en un mundo en guerra, lo que tienes en tu ánimo es lo que los franceses llaman un diente de sierra, arriba y abajo… Eso me ha enseñado a no tener mucha esperanza, pero tampoco desesperar.

Se exilió a España en 2012, con la rebelión tuareg. ¿Los ve como una amenaza hoy?

Ningún pueblo es una amenaza. Es cierto que hoy la rebelión del Norte es en gran parte una rebelión tuareg. No todos los tuareg son rebeldes, no todos son islamistas, pero muchos lo son. Y han hecho barbaridades. No se puede meter a todos en el mismo saco, los tuareg de las novelas son una cosa y la realidad otra… En todo caso, el hombre es capaz de ser una bestia y un ángel. Hitler y Gandhi pertenecían a la misma raza humana.

¿De qué modo afecta la situación de Malí al fondo Kati? La última vez que hablamos, hace unos meses, me dijo que temía por su seguridad…

Se han abierto tantos frentes, que he decidido bloquear cualquier decisión. El fondo Kati está en efecto en una zona en guerra, y por tanto en peligro. Las familias Kati lo están también. Hace menos de tres días, pueblos donde viven mis parientes han sido atacados. No es para ser optimista. Nosotros no tenemos patria, solo una biblioteca. Donde esté segura, allí estaremos. Así es como hemos pasado más de 500 años salvando, copiando, recopiando… Y si un manuscrito corre peligro, se vuelve a copiar. Mi deber es salvar esto, no tener la idolatría de una patria. Si en Malí el fondo está en peligro, no es su sitio.

La Junta de Andalucía, ¿mantiene su apoyo?

La cosa ha ido perdiendo intensidad, algunos de los impulsores de la protección del fondo, como José Ángel Valente o José Saramago, han ido muriendo. Pero hay que ser autocrítico y reconocer que la mayor debilidad del fondo ha sido la ausencia de una estructura, de cabeza. Ser capaz de hacer un proyecto y llevarlo a cabo.

Y Francia, ¿no ha mostrado interés?

Cuando Sarkozy subió al poder, no tardó ni un mes en enviar a su ministro de Comercio a Malí, y al siguiente viaje lo mandó a Tombuctú. Antes de eso, en el 99, la Biblioteca Nacional de París fue la primera que apoyó al fondo. Tonto que soy –porque eso también se hereda–, dije que tenía que ser España quien liderara la iniciativa, y ya llevo 15 años así.

«He fracasado en el intento de crear una verdadera biblioteca. Eso no puede estar en manos de amateurs»

Y la crisis no ayuda mucho, claro.

El proyecto requiere mucho dinero, y ha tenido mucho dinero. El fondo tiene más problemas de personal que de financiación, pero solo ahora vamos a tener una estructura administrativa. No ha habido una buena política. No se ha digitalizado el fondo, está todo por hacer… A ese nivel, he fracasado en el intento de crear una verdadera biblioteca, hasta ahora un museo al que llegaba la gente pudiente. He visto mis límites y he entendido que hacen falta expertos, no puede ser un asunto de amateurs.

¿Quiere decir que va a dar un paso atrás, se pondrá en un segundo plano?

Así tiene que ser. Si queremos que el fondo siga creciendo, a nivel organizativo tienen que llevarlo profesionales. Soy propietario, no bibliotecario ni archivista.

¿Y su futuro en la familia, está garantizado?

Mis descendientes están más preparados. Mi hija ha estudiado biblioteconomía, mi hijo digitalización. Lo que ellos saben, yo no lo sé. Yo les puedo hablar de Platón y Aristóteles, pero ninguno lo dos salvará el fondo Kati.

¿Qué le diría a quienes piensan que un montón de papeles no merecen tantos desvelos, en lugar de cuidar de las personas?

El fondo, que integra 12.714, ha promovido la plantación de 12.000 árboles, financiado la apertura de diez maternidades en Malí en colaboración con fray Leopoldo. Cuando hubo una plaga de saltamontes, el fondo con la Junta de Andalucía distribuyeron 1.500 toneladas de arroz, leche y harina. Mucha gente no conoce este aspecto del fondo Kati, pero cualquier persona que paga una entrada de 1.500 francos CFA puede contar con que 1,5 euros van a parar a la plantación de árboles. Equilibramos lo social, lo humanitario y lo cultural. Y lo logramos porque recibimos cientos de visitas cada semana, ¡dos aviones semanales de estados Unidos!, y eso nos permite tener una financiación independiente.

«Los africanos saben gobernarse, pero llevan siglos sin opción de hacerlo»

Para terminar, ¿cree que llegará la paz a Malí?

Espero que sí, y que no sea la paz de los hipócritas y los aprovechados. Cuando se firma un tratado en las circunstancias que he explicado antes, no se llega a una paz, se llega a una tregua. Cuando se quiere llegar a la paz, se habla de verdad, se buscan soluciones concretas, como en Sudáfrica, que dio una lección justo cuando iba a caer en una guerra civil mortal. En Malí eso no se hace. Hay que sentarse a buscar una solución.

¿Es partidario de la intervención extranjera?

Si el conflicto lo han creado los demás, desconfío del pirómano que juega a ser bombero. No me vale que apague el fuego a cambio de quedarse con la mitad de la casa. Hoy, la política europea en África es peligrosa. El Mediterráneo se está transformando en hecatombe, con miles de personas que mueren todos los días, por culpa de una política europea, y africana también.

Frente a eso está la vieja idea de que África no sabe gobernarse…

Claro que los africanos saben gobernarse, pero llevan un siglo sin opción de hacerlo. Las élites que gobiernan allí se aprovechan de la riqueza y la tierra, no ha habido una verdadera independencia africana. Para ello hay que gobernar con leyes africanas, hablar su lengua, regirse por su cultura. El reto de África es conquistar la independencia cultural y espiritual, luego si lo logran ya llegará la política. Mientras los sátrapas sigan gobernando según Madrid, París o Berlín, las cosas seguirán igual.

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