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La Pequeña y Gran Solidaridad

"Esas gotas ocasionan una huella imborrable para otras personas, donde existiría un hilo conductor invisible entre acciones, que tal vez los propios protagonistas de la historia desconocen".

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Los empleados de Endesa donan casi 10.000 kilos de alimentos este verano para los más necesitados

Es un fin de semana cualquiera. Isabel ha ido hoy al supermercado, como voluntaria en la 'Operación Kilo', una de las muchas que organiza el banco de alimentos de su ciudad a lo largo del año, y ayudar de esta forma a recaudar alimentos para las personas más necesitadas. Es su primera vez, además lo hace casi de casualidad, ya que una amiga suya se tuvo que dar de baja a última hora y necesitaban a alguien que la sustituyera.

Una vez dentro del supermercado, se encontró con otros voluntarios del banco de alimentos, quienes le detallaron qué tenía que hacer, fundamentalmente explicar a las personas que entraban en la tienda la tarea de recogida de alimentos de esos días, por si querían colaborar, comprando productos y depositándolos en los contenedores donde los voluntarios iban guardando kilos y kilos de comida que irían a las distintas entidades benéficas y comedores sociales de la provincia.

Estando en la puerta del comercio, empezó a ver a un gran número de personas, la mayoría, que compraba alimentos para el banco casi sin tener que darle información sobre qué son las Operaciones Kilo, también tuvo la suerte de conocer a un vecino que llenó un carro entero de comida exclusivamente para el banco, y sobre todo, pudo hablar con otra persona, que le dijo al oído "mire, lo que llevo en la cartera es lo único que tengo para comer", y sin embargo, cuando este hombre volvió con la compra, depositó un litro de leche en el contenedor del banco de alimentos y sonriente le dijo a Isabel "me sobraron 60 céntimos".

Esta experiencia fue enormemente gratificante para ella, que seguro repetirá el año que viene, pero a la vez se ha parado a pensar detenidamente en la pobreza, en las causas que provocan que cada año aumente el número de familias que necesitan acudir a comedores sociales en su ciudad, simplemente para poder comer. Este fenómeno está ocurriendo en todo el país, ya que en los últimos seis años, el número de personas que recibe ayuda de los bancos de alimentos en España se ha duplicado.

Este tema le interesó tanto que fue a hablar con un amigo suyo, un científico que se dedica a asuntos sociales, y que ha podido codearse con importantes dirigentes públicos del país, al que le preguntó por qué en los debates políticos apenas se tocan temas tan relevantes como el medio ambiente o la pobreza, a lo que él respondió con un contundente "esos temas desgraciadamente no dan votos".

La conversación, a la vez, fue enormemente enriquecedora, porque también apareció la tragedia del actual despilfarro alimentario: uno de cada tres kilos de alimentos que se produce en el mundo, de comida perfectamente consumible por el ser humano, va directamente a la basura. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), existen algunos tipos de alimentos, como las frutas o las verduras, donde se llega a tirar el 45 por ciento, casi la mitad de todo lo que se produce en el mundo, donde los países desarrollados tienen una tasa de desperdicio per cápita, de las más altas del planeta.

Pequeños gestos

Cuando el café terminó, ella se fue con la determinación de buscar entre las propuestas políticas de las próximas elecciones, aquéllas que tengan como prioridad la lucha contra la pobreza y las desigualdades sociales. El científico se fue con la idea de dar algunas charlas en los colegios sobre el actual despilfarro alimentario.

Y así hizo, explicando en una sala para unos cien alumnos el irracional funcionamiento de la cadena agroalimentaria, que descarta fruta y verduras perfectamente consumible por todos nosotros, pero donde su forma, lo estético, no entra en los "cánones de belleza" del mercado, y simplemente se tiran. Paradójicamente se tira comida, mucha comida, en los mismos barrios y ciudades donde cada vez hay más familias sin recursos, y con peor alimentación.

Dentro del grupo de alumnos se encontraba Francisco, a quien le sorprendió enormemente la charla, y fue a contársela a su familia. Su padre le contó cómo la abuela María le enseñó a cocinar muchos platos utilizando las sobras del día anterior, entre ellas sus famosas croquetas, y evitando así que en su casa se tirara absolutamente nada. Sin embargo, la madre de Paco desconocía que se tirara tanta comida solo por la forma de la fruta o la verdura, y empezó a indagar y a preguntar a sus vecinos, de ahí entró en un grupo de consumo local, llevando esas zanahorias de forma extraña pero de gran sabor a Paco, que son las que más le gustan, y depositando además el dinero a empresas locales.

De esta manera, es importante resaltar esos pequeños gestos hoy en día, ya que en ocasiones esas gotas ocasionan una huella imborrable para otras personas, donde existiría un hilo conductor invisible entre acciones, que tal vez los propios protagonistas de la historia desconocen, y quien sabe, tal vez se esté ayudando a que muchas personas discurran por la vida, a pesar de las prisas, con un mayor sentido de la responsabilidad y la solidaridad, y con menos luces de quita y pon, típicas de estos días pasados, incluso puede que este texto haya sido escrito gracias a la estela de una de esas gotas, con la esperanza de que algún día esas gotas se conviertan en una lluvia intensa, de la que germine una sociedad más justa para todos.

En nosotros está.

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