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El centro educativo, ante el acoso escolar: "Hay que hablar con nuestros hijos y con nuestros alumnos"

"Un niño/a que no va feliz al cole, debe ser el primer síntoma de que algo va mal. Observar estas situaciones, tanto padres/madres como maestros/as, a través del diálogo, es fundamental"

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La implicación de la familia incide directamente sobre el rendimiento escolar

En Ed. Primaria (niños/as de entre 6 y 12 aprox.), el acoso escolar es generalmente en mi opinión, una cuestión de reafirmación de grupo. Algunos niños/as buscan la risa o complicidad del compañero/a, la aprobación de sus iguales, bromeando o atacando a algún miembro "más débil". En definitiva, es una forma de sentirse aceptado, marginando. No hay en sí, desde mi experiencia y por lo general, un deseo visceral de hacer daño (lo que no significa que no se produzca) y sí se evidencia una preocupante falta de empatía.

Es por esto que la mejor manera de evitar estas situaciones sea, desde la realidad escolar, promover dinámicas de integración y autoconocimiento del grupo, trabajar la educación emocional, desarrollar la empatía… Para evitar la necesidad de reafirmarse por esta vía, eliminar la posibilidad de la existencia de alumnado excluido socialmente, y al mismo tiempo generar espacios para identificar diferentes carencias emocionales o situaciones de riesgo, la escuela debe propiciar momentos en los que hablemos de cómo nos sentimos, para entender a los demás, desarrollando la empatía y la autoestima, trabajando las diferencias...

Y quizás el camino lógico sea establecer una dinámica diaria de grupo (no puntual), basada en esta línea pedagógica. ¿Ejemplos? Dinámicas de grupo (juegos y actividades no competitivas, colaborativas), trabajo en grupos, parejas (que cambien constantemente para aumentar las relaciones, heterogeneidad), variar los sitios en clase para favorecer diferentes contactos, actividades donde hablan de sí mismos y de sus aficiones (para presentarse personalmente y desarrollar su autoestima), diversificar las actividades de recreo (donde desarrollar actividades lúdicas de juego y equipo, no solo deportivas), trabajar la resolución de conflictos (desde el propio grupo)...

Por otro lado, desde el punto de vista de maestros/as, padres, madres, tutores/as, familiares… Es muy complejo saber diferenciar entre los diversos conflictos, hasta cierto punto naturales, que pueden producirse en el desarrollo personal y madurativo del niño/a (puede haber discusiones con compañeros/as, cambios de humor, reacciones negativas, una pelea puntual, insulto, encontronazo…) y una situación de acoso escolar. Es complicado, y por lo tanto es fácil interpretar de forma alarmante situaciones que no lo son, o dejar pasar y no actuar ante otras que sí requerían una actuación rápida y contundente. Ahí está la dificultad. Y cada situación es única. No hay un manual, no hay una receta.

"Suele ser la violencia verbal la que más daño hace"

Quizás lo mejor sea intervenir a la menor sospecha (así nos lo indica la Inspección Educativa), pero sin alarmarse. Desde el diálogo y la búsqueda conjunta de información y soluciones, por parte de las familias, docentes y alumnos/as implicados. No es extraño que conflictos entre menores vengan del reflejo de problemáticas previas de los propios adultos, o que las familias intenten resolverlo por su cuenta y a su manera, y terminen creando un conflicto aún mayor. Es fácil perder las formas, y encontrarse con actuaciones fuera de lugar y de forma (como familias que reprenden  directamente a los supuestos acosadores, amenazas como respuesta inmediata, denuncias infundadas...).

No podemos olvidar que son niños/as, tanto víctimas como agresores, y que debemos atender y educar a ambos. Siempre hay algo detrás. Ya sea una necesidad de atención, una "mochila" de experiencias negativas, un modelo violento de resolución de conflictos, falta de cariño, malos tratos (como víctima o como observador), incluso haber sido anteriormente víctima de acoso... Ojo, pues cuando pensamos en acoso escolar, pensamos casi siempre en violencia física, y suele ser la verbal la que más daño hace y la más difícil de detectar. Y las redes sociales y las nuevas tecnologías, han abierto un abanico de nuevas problemáticas.

Un niño/a, debe ser feliz. Ese es el objetivo (o debería serlo), de cualquier persona, y por lo tanto del sistema educativo. Un niño/a que no va feliz al cole, debe ser el primer síntoma de que algo va mal. Observar estas situaciones, tanto padres/madres como maestros/as, a través del diálogo, es fundamental. Es común que aparezcan estas situaciones en entornos familiares con escaso o superficial diálogo (lo que origina a veces estos comportamientos como llamadas de atención), así como en grupos donde se atienden en menor medida o descuidan estos aspectos a nivel emocional y personal.

Hay que hablar con nuestros hijos y con nuestros alumnos/as, de su día a día, de sus relaciones, de sus preocupaciones, de sus problemas... Y si algo no cuadra, mantener la calma, recordar que son niños/as y que debemos, en común (familias y centro educativo), buscar información en un primer momento, sin etiquetar o diagnosticar anticipadamente, y si es necesario, encontrar las actuaciones adecuadas.

Manuel Gordillo Torres

Director del CEIP San Pedro de Zúñiga

Villamanrique de la Condesa (Sevilla)

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