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No está bonito

Todo apunta a que la deseabilidad social ha jugado un papel importante en los recientes y sonados fracasos de las encuestas en los referéndum del Brexit y sobre el acuerdo de paz en Colombia y en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, en las que Donald Trump venció a Hillary Clinton contra la mayoría de los pronósticos

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Todos hemos visto esas imágenes de tortugas atrapadas entre los aros de plástico que mantienen unidas las latas de cerveza en nuestro frigorífico. Y también esas otras en las que grandes bloques de hielo se deshacen como azucarillos en las aguas de los polos, cada vez más cálidas. Por eso, si una periodista o un encuestador nos pregunta con qué frecuencia reciclamos, es muy probable que respondamos que lo hacemos siempre y con todos los tipos de residuos aunque no sea del todo cierto. Porque a estas alturas pasar del medio ambiente no está bonito.

Tener muchas parejas es algo que está más o menos bonito según seas hombre o mujer. Por eso en las encuestas de hábitos sexuales las mujeres tienden a declarar un número menor de parejas de las que realmente tuvieron. Todo lo contrario de lo que hacen los hombres, que parece ser que en esto hacen como en el parchís: que se comen una y cuentan veinte.

A esta tendencia de los seres humanos a tratar de presentarnos ante los demás bajo una luz favorable se le denomina deseabilidad social y es la razón por la que conductas o actitudes que tienen una connotación mayoritariamente negativa como consumir drogas, no llevar puesto el cinturón de seguridad o mostrar actitudes racistas son subestimadas sistemáticamente en las encuestas. Y es la razón también por la que comportamientos que son percibidos positivamente como votar en las elecciones o donar a organizaciones sin ánimo de lucro obtienen muchos mejores resultados en las encuestas de lo que muestran las cifras reales.

Todo apunta a que la deseabilidad social ha jugado un papel importante en los recientes y sonados fracasos de las encuestas en los referéndum del Brexit y sobre el acuerdo de paz en Colombia y en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses, en las que Donald Trump venció a Hillary Clinton contra la mayoría de los pronósticos.

Brexit, Colombia y Trump

En el caso del Brexit, muchas encuestas subestimaron el voto de quienes querían que el Reino Unido saliera de la UE. La campaña ganadora había focalizado su mensaje en la necesidad de que el país recuperara el control sobre sus fronteras para frenar la inmigración. Un mensaje que llegó a adquirir marcados tintes racistas de la mano de alguno de sus principales defensores. El asesinato de la diputada laborista Jo Cox, que defendía la permanencia en la UE, a manos de un nacionalista de extrema derecha vino a cerrar el círculo de una campaña agria y que había generado un clima de fuerte polarización: en la mayor parte de los entornos votar a favor de la salida no era la elección más bonita. El hecho de que las encuestas online, que al no tener entrevistador presenta menos problemas de deseabilidad social, pronosticaran correctamente el resultado final y el aumento aparente de la intención de voto a favor de la permanencia tras el asesinato de Jo Cox son algunos indicios que apuntan a la existencia de este voto oculto a la opción de salir de la UE.

Algo similar ha podido ocurrir en el caso del Plebiscito por la Paz en Colombia por el que los ciudadanos fueron llamados el pasado 2 de octubre a ratificar un acuerdo, alcanzado entre el gobierno del país y las FARC, que ponía fin a 52 años de conflicto armado. Las encuestas habían pronosticado la victoria del “Sí” sobre el “No”, con una ventaja que oscilaba entre los 15 y los 40 puntos. Ganó el “No” con el 50,2% de los votos frente al 49,8% del “Sí”, en una votación en la que se abstuvo el 60% de la población. Esta era la pregunta: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Con esta pregunta, le dejamos decidir al lector cuál era en este caso la respuesta bonita.

Por último, la polémica personalidad de Donald Trump, con una larga lista de comentarios sexistas y racistas en su haber, unida a algunos datos de las encuestas como el mayor porcentaje de indecisos en esta ocasión en comparación con las elecciones de 2012 (15% vs. 5% de media) o sus mejores resultados en las encuestas por internet, ha alimentado la hipótesis de la existencia de votantes tímidos que habrían ocultado en las encuestas su intención de votar por este candidato. También en este caso, la deseabilidad social es uno de los posibles factores que explicaría el shock que produjeron los resultados electorales entre quienes esperaban levantarse celebrando la primera presidencia femenina en la historia de los EEUU.

Para conocer cuál es la explicación definitiva de este último fallo habrá que esperar a la próxima primavera, cuando se publique el informe que la Asociación Americana para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR) ha encargado a un comité de expertos en la materia. Mientras tanto, si le interesa seguir profundizando en el tema, le invitamos a acompañarnos en el ciclo de conferencias “Encuestas de Opinión: Guía de uso para usuarios y consumidores críticos”, organizadas por el CSIC y el Departamento de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide que tendrá lugar en el salón de actos de la Casa de la Ciencia en Sevilla entre el 28 de noviembre y el 2 de diciembre. Abiertas a toda la ciudadanía, les esperamos.

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