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ARAGÓN

El tren que pasa

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Los trenes que pasan son en el refranero esas oportunidades que se nos presentan, y esto es más cierto si cabe para una de las propuestas que Podemos - Ahora Alto Aragón en Común priorizará en el Congreso: la reapertura del Canfranc. Por si alguien duda de por qué, sólo compartir dos ideas sobre este tren y por qué tomarlo. La primera es que antes de subirse al vagón hemos de conocer el destino. Otras propuestas como la Travesía Central del Pirineo (TCP) proponen la alta velocidad para mercancías, lo que beneficia la concentración logística y productiva o, en lenguaje llano, dan vía rápida al eje Zaragoza - Toulouse con desarrollo para ambas capitales. En lenguaje todavía más llano, los chicos mayores se pasarán nuestro almuerzo sobre nuestras cabezas, o bajo los pies de los Pirineos.

Con el modelo de la TCP la generación de riqueza se concentra, todavía más, lejos de nuestra provincia, que sólo puede esperar que el producto de ese intercambio vuelva en inversiones junto con la gente que debe migrar a esos polos productivos para poder vivir. Nuestra provincia pasa así a depender de un acto de fe: que la fracción que acabe en sueldos -no la que se acumula, en un país con cada vez mayores desigualdades- se gaste aquí en turismo. Y el acto de fe nos dice que creamos que esta riqueza, la gente joven y el futuro que sale, volverá, quizás para fiestas o en temporada.

Por ahora los hechos son tozudos y el destino del tren de la TCP sigue siendo, aquí, la despoblación y la pérdida de resiliencia y capacidad productiva. La reapertura del Canfranc sin embargo, al ser un tren lento, se orienta a un uso regional en los Pirineos, para personas y mercancías, que hace posible desarrollar su actividad a una escala más humana y, por tanto, desplegar un desarrollo económico para sus pueblos.

La segunda idea es que podamos pagar el billete antes de subir, o que acabaremos el viaje. Y no es sólo que tunelar el Pirineo (35 kilómetros, 8.000 millones presupuestados -ya se sabe, los primeros-) tiene costes económica y ambientalmente prohibitivos, sino que para poder asumirlos dependemos por una parte de financiación externa que priorizará como es lógico los pasos laterales que no necesitan retrazarse, y por otra de coordinarnos con una Francia que ha dejado clara su apuesta por el Canfranc  y que en 2016 ya reabre el tramo Olorón - Bedous. Ante esta realidad hemos de decidir si vamos a caer en un complejo de inferioridad testarudo, o en la cuenta de que para ganar hay que jugar con el terreno a favor, y que el desarrollo no tiene una fórmula homogenea ni es duradero si no tiene sentido donde se lleva a cabo.

Renovar los tramos entre Alerre y Caldearenas, y entre Jaca y Canfranc, implica costes y tiempos de puesta en marcha mínimos -remito al estudio del Consejo Económico y Social de Aragón- en comparación con una inversión - la de la TCP - por demostrar proyectada a 30 ó 50 años frente a la reapertura en esta legislatura: Aquitania ha planificado su parte para el 2020; proporcionará cifras reales de la interconexión con las que podemos valorar otras opciones si se diese el caso, y pondrá en marcha de forma inmediata el retorno de una inversión necesaria cuando más falta nos hace. Porque entendemos que desarrollar un país ha de pasar por desarrollar sus pueblos, no por agrandar sus ciudades vaciándolos. Por eso queremos apostar como proyecto de Estado por la reapertura del Canfranc, dotarlo de presupuesto y tener claras las prioridades. Porque no queremos más aeropuertos sin aviones, ni estaciones sin tren, consigamos que este tren, el de Canfranc, no se nos pase.

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