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Chelsea Manning

Es una analista de inteligencia del Ejército de Estados Unidos, que escribe para The Guardian a título personal y en calidad de civil. Sus opiniones no representan las de los cuarteles disciplinarios de los Estados Unidos, el Ejército de los Estados Unidos, el Departamento del Ejército, el Departamento de Defensa o cualquier otro departamento gubernamental, sucursal o agencia de los Estados Unidos.

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A todos los que me mantuvisteis viva estos años, gracias

A todos los que me mantuvisteis viva los últimos seis años: minutos después de que el presidente Obama anunciase la conmutación de mi pena, los funcionarios de la prisión me sacaron inmediatamente del sector general de presos y me instalaron en la zona restringida en la que estoy ahora. Sé que ahora estamos físicamente separados, pero nunca os abandonaré y no estaremos solos. Hace poco, alguien me preguntó: "¿Te acordarás de mí?" Siempre me acordaré de ti, ¿cómo olvidaros? Me enseñasteis algunas cosas que no hubiese podido aprender de otra manera.

Cuando tuve miedo, me enseñasteis a seguir adelante. Cuando me perdí, me enseñasteis el camino. Cuando no sentía nada, me enseñasteis a sentir de nuevo. Cuando estaba cabreada, me enseñasteis cómo calmarme. Cuando odiaba a todo el mundo, me enseñasteis a ser compasiva. Cuando estaba distante, me enseñasteis a estar cerca. Cuando era egoísta, me enseñasteis a compartir.

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Es hora de defender nuestras ideas sin miedo a las consecuencias

Barack Obama ha dejado trazas de un legado progresista. Desafortunadamente, a pesar de su confianza en nuestro sistema y su historial positivo en muchos asuntos durante los pasados ocho años, ha habido muy pocos logros perdurables.

Este legado vulnerable debe recordarnos que lo que realmente necesitamos es un líder progresista fuerte y sin remordimientos que nos guíe. Lo que también necesitamos es un implacable movimiento de base para que ese liderazgo rinda cuentas a la sociedad.

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Sí, tendré mi operación, y quizá también un castigo por mi intento de suicidio

La semana pasada recibí la 'buena noticia' de que el Departamento de Defensa atendería mi petición de ver a un cirujano para el tratamiento relacionado con mi disforia de género. Aunque no tengo nada por escrito, mostré un comunicado con mi nombre en el que se confirmaba que el Ejército está avanzando con mi petición. Todo lo que ellos me han mostrado me lleva a creer que me van a proporcionar los cuidados que recomienda mi doctor. Realicé esta solicitud hace casi un año. Esta misma semana también he recibido 'malas noticias': puede que sea castigada por mi intento de suicidio.

La semana pasada he estado ocupada preparándome para mi Consejo de Disciplina. Este consejo administrativo tiene el poder de sentenciarme a un confinamiento solitario indefinido. Prepararse para defenderte ante un Consejo de Disciplina lleva mucho tiempo. Se necesita tiempo para buscar, recabar pruebas y organizar una defensa. El proceso es más que estresante. Lo estoy haciendo sola. No me está permitido tener un abogado o alguien más a mi lado.

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Así fue la primera vez que me presenté en público como mujer

La primera vez que  me mostré como mujer en público fue estando de permiso en Estados Unidos durante mi misión en Irak, en febrero de 2010.

Sabía que era una mujer desde hacía tiempo, pero hasta ese momento me daba miedo y cierta vergüenza mostrar en público mi verdadero yo. No solo me preocupaba que pudiera perder mi ya escaso vínculo con mi familia, sino que me aterrorizaba que el Ejército pudiera presentar cargos administrativos o incluso penales contra mí. El  Don't Ask, Don't Tell ("No preguntes, no lo digas", la normativa que prohibía a los militares LGTB estadounidense salir del armario y a sus superiores investigar su orientación sexual) estaba en su máximo esplendor, y en la comunidad homosexual y trans vivíamos habitualmente con miedo.

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No dejemos que la pesadilla de Orlando estrangule nuestras libertades civiles

Esta mañana, me desperté en mi celda con un mundo todavía más destrozado y fracturado. Estamos perdidos. Estamos devastados. Estamos perplejos. Estamos heridos. Y estamos cabreados. No había estado tan cabreada desde que murió un soldado de mi unidad por un ataque de granada autopropulsada (RPG) en el sur de Bagdad durante mi despliegue en Irak en 2010.

Como joven LGTB, exploré mi identidad en discotecas de Chicago y Washington DC. Como muchos han dicho, las discotecas son nuestro santuario, un sitio donde nos encontramos a nosotros mismos, nos queremos y encontramos comunidad. Puedo relatar el absoluto drama que ha azotado a nuestra comunidad tras el tiroteo de Orlando.

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Mis nueve meses en régimen de aislamiento fueron una tortura "sin contacto"

Poco después de llegar a una improvisada cárcel militar, en el campamento de Arifjan en Kuwait en mayo de 2010, me llevaron a un solitario agujero negro de confinamiento en el primer momento. Dos semanas después, empecé a pensar en suicidarme.

Después de un mes bajo el sistema de 'vigilancia suicida', fui transferida de vuelta a Estados Unidos a una diminuta celda –de unos 2 x 2,5 metros– en un lugar que me atormentará el resto de mi vida: el US Marine Corps Brig en Quantico, Virginia. Estuve retenida allí alrededor de nueve meses bajo el régimen de "prevención de lesiones", una designación que el Cuerpo de Marines y la Armada usó para aplicarme unas condiciones extremas de restrictiva soledad sin autorización psiquiátrica.

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La privacidad es un derecho, no un lujo, y la comunidad LGBT necesita que siga siendo así

Como muchos ya dijeron muy acertadamente antes que yo, la campaña del gobierno de los Estados Unidos para forzar a la empresa Apple a programar una novedosa "puerta trasera" en el código de programación de un móvil particular podría provocar que toda la información personal y encriptada en prácticamente todos nuestros dispositivos móviles y ordenadores personales se vea comprometida y al alcance de enemigos siniestros que quieran hacernos daño.

Para la comunidad queer y transgénero que (a mí también me pasó) depende del cifrado de los dispositivos para vivir su vida privada sin miedo a repercusiones legales, las probables consecuencias de la campaña del gobierno de EEUU para eliminar el cifrado son completamente escalofriantes. Incluso si Apple logra un fallo favorable del tribunal, ya hay legisladores de EEUU y del resto del mundo considerando leyes que obligarían a todas las compañías a modificar sus códigos de programación. Si son aprobadas, las "puertas traseras" estarán permitidas en todos nuestros dispositivos.

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