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El REF rompió el franquismo en Canarias

La defensa de los Puertos Francos en los 70 permitió entenderse a comunistas, socialistas, liberales, monárquicos juanistas con procuradores en Cortes y sectores del verticato. Fue un conflicto de intereses Península-Canarias: el fantasma de que se generara un movimiento independentista permitió ganar a la parte canaria

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Billetes de euro. (Canarias Ahora).

Billetes de euro. (Canarias Ahora).

Cuando el Gobierno español tiene dificultades parlamentarias, como las de ahora con los Presupuestos, aumenta no el valor, que es el que es, sino la estima por el voto canario. El de los diputados nacionalistas, claro, porque a los que militan en los partidos estatales no es necesario siquiera preguntarles, que ya saben ellos a qué atenerse, bonito fuera. El fenómeno es tan de cajón que se corresponde a la ley física de que las mismas causas producen siempre los mismos efectos.

En este caso, el efecto es que vuelva a hablarse de la “agenda canaria”, la que no sé si es compendio de aspiraciones y necesidades isleñas; o simple listado/propuesta de temas de entretenimiento para políticos y periodistas que repiten y discuten las historias, sin pasmarse de que desaparezcan para reaparecer en cuanto necesiten de nuevo recurrir a ella; a la agenda, o sea. Después de Semana Santa, ya lo verán, nadie se acordará del coñazo que nos han dado en los últimos días con los presupuestos. De momento, diréles cuanto me recuerda la situación al encuentro de Borges con el Otro, es decir, con él mismo todavía joven cierta onírica mañana de 1969.

El propio Borges cuenta el encuentro en El libro de arena. Se había, dice, acomodado en un banco a orillas del Charles sin otro cuidado que contemplar los trozos de hielo arrastrados por las aguas grises del río que separan los municipios de Boston y Cambridge. En eso estaba cuando sintió a alguien sentarse en el extremo del banco. Le importunó el entrometido, aunque contuvo el impulso de irse; por cortesía y porque el Otro comenzó a silbar una canción argentina, que reconoció y supo enseguida que también se llamaba Jorge Luis Borges, de modo que pegaron la hebra y trabaron sueños, sin sorprenderse porque son cosas que les pasan a los literatos, qué le vamos a hacer.

El viejo Borges desveló al Otro, el joven que fue, lo que sería su vida futura, la de libros que escribiría y le aseguró que la ceguera gradual, la que sin duda aguardaba, no era una tragedia: “Es como un lento atardecer de verano”. Y antes de despedirse preguntó Borges por el padre compartido y contestole el Otro que continuaba bromeando con la fe y que la noche anterior dijo que “Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse y que por eso predicaba en parábolas”.

El Tribunal Constitucional acepta el poder de suspender a los altos cargos que le desobedezcan

Tribunal Constitucional EFE

Una de recordatorio

Si les digo la verdad, ando resistido a entrar en materia porque los rollos isleños de la lejanía, la insularidad, la escasez de recursos naturales, etcétera, son para los españoles y su gente de aquí eso, parábolas, en su genuino sentido de fábulas que a nada comprometen.

Habrán visto que nos han tenido varios días oyendo las excelencias de la nueva venta de votos nacionalistas. Nos han apabullados los ditirambos acerca de la lluvia de millones que traerán los presupuestos. Hasta que vino el reflujo de la marea eurótica, a la que separa de la neurosis una simple “ene”. Entonces nos enteramos de que en inversión presupuestaria por habitante la Comunidad Canaria sigue siendo ultimísima, sólo por encima de Navarra; con la salvedad de que ésta es comunidad foral con todas las de la ley porque ha tenido líderes políticos de verdad que defendieron sus derechos históricos frente a la racanería del Estado español.

Ya he perdido la cuenta de las veces que anunciaron exultantes parejas lluvias de millones que no llegaron a garujilla sin que nadie entre el público presente se inmutara. Que esa es otra. Está la gente inmunizada a fuerza de engaños y consideran esas explosiones de júbilo mera publicidad de la supuesta calidad del producto. “¡Oh! ¿Y qué van a decir si viven de eso?”, comentó mi isleño, el que contempla a los políticos con una mezcla de comprensión y escepticismo porque, dice, de algo tiene que vivir y no van a morder la mano que les da de comer.

He tratado de explicarme la contradicción entre lo que se anuncia y promete y la poca leche que da la vaca. Pensé que igual Madrid suma los dineros presupuestarios y los fondos REF de ayuda a Canarias para paliar su lejanía, insularidad, etcétera. Pero mi natural perezoso y las dificultades con la contabilidad hizo que me olvidara del asunto, que todo lo redujera al convencimiento de que el Gobierno español sigue hoy, como hace más de doscientos años, tratando de liquidar las especialidades canarias.

Había olvidado el asunto porque si a nadie le importa, no voy a ser más papista que el Papa. Y en eso estaba al tropezarme con el libro de Normando Moreno sobre los derechos históricos canarios. En él recuerda el autor que vascos y navarros han logrado, entre 1981 y 1993, sentencias del Tribunal Constitucional que avalan sus regímenes especiales porque han contado con instituciones, políticos, organizaciones patronales, etcétera, que han arrimado el hombro. Que no es el caso canario. Aquí no contamos con nada de eso. Ni perro que nos ladre. Es más: cita Moreno una sentencia del Constitucional, la 62/2003, que da a entender el carácter finalista del REF, es decir, que pueden llegar a desaparecer el REF y sus dineros cuando los niveles de riqueza canarios se igualen con los de otros territorios. No está de más recordar que el Constitucional, al sugerir la posible desaparición del REF no ha tenido en cuenta el artículo 46 del Estatuto que especifica que las ayudas son para “paliar frente las características estructurales permanentes” que dificultan el desarrollo. Subrayen lo de “permanentes”.

Los orígenes del REF datan de finales del siglo XV. Fueron una serie de medidas fiscales y económicas para poblar las islas y darles la posibilidad de generar actividad económica en un territorio tan alejado como fragmentado y de escasos recursos. Hasta el siglo XVIII no sufrió modificaciones más importantes que las derivadas del paso del tiempo. Fue en la primera mitad del XIX cuando se suprimió cuanto venía de atrás y se extendió a las islas el régimen común a partir del arancel proteccionista de 1821 que sumió al archipiélago en la miseria, en el marco de la terrible crisis que discurrió entre 1820 y 1850. De la que comenzó a levantar cabeza con el decreto de Puertos Francos de 11 de julio de 1852. En 1870, durante el Sexenio Democrático (1868-1874) la declaración adquirió rango de ley ratificado en 1900, cuando se añadieron algunas ventajas fiscales.

Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria, 1970. (Fedac).

Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria, 1970. (Fedac).

La ruptura del franquismo

La tónica de todo este periodo de tiempo fue la sacralización de los Puertos Francos que de ser una simple medida de política económica pasó a la consideración de auténtica Carta Magna de la burguesía canaria frente a Madrid. Hasta el punto de que, para muchos observadores, la disputa en los años 60 y principios de los 70, alrededor de la que luego sería ley de Régimen Económico y Fiscal, el REF, provocó la ruptura del franquismo en Canarias y con Madrid. Visto desde la perspectiva de hoy fue aquel un conflicto definitorio, muy descriptivo pudiera decirse, del momento en que el corsé de la dictadura comenzó a reventar. Los enfrentamientos de los gobernadores civiles y los presidentes de los Cabildos de Gran Canaria y Tenerife, de los que alguno casi llegó a las manos, dan idea de la dimensión de la ruptura.

Un rápido esquema nos situaría en la España del desarrollismo de la década de los 60 de la mano de la tecnocracia del Opus, ora pro nobis. Las empresas españolas comenzaban a adquirir dimensión, querían ampliar mercados, salir incluso de la Península y les parecía absurdo, intolerable, que en Canarias se vieran obligados a competir con productos extranjeros de superior calidad y más baratos gracias a las franquicias. El Gobierno estaba, por supuesto, con el empresariado español, dispuesto a pasar por encima de los intereses de las islas y hacía la vista gorda con las trasgresiones de la ley de Puertos Francos en lo que se acumulaban los pleitos en los tribunales, que solían darle la razón a la parte canaria. Comenzaron a oírse reclamaciones de una ley que solventara la situación y evitara la multiplicación de los pleitos judiciales. Los apéndices dedicados a Canarias en los Planes de Desarrollo abogaban por esa ley.

La ruptura se produjo cuando el Gobierno decidió abordar el problema e hizo propuestas absolutamente favorecedoras de los intereses peninsulares que encontraron inmediata réplica en las instituciones y los políticos canarios del Régimen que las rechazaron y presentaron batalla. Una situación tensa aprovechada por la oposición clandestina a Franco al punto de que fue posible llegar a acuerdos en defensa de las franquicias canarias entre comunistas, socialistas, monárquicos juanistas, liberales e incluso procuradores franquistas y sectores del verticato; incluso anduvo por allí algún carlista que otro.

Madrid había tocado muchas carteras Era un conflicto de intereses burgueses como gritaban a la izquierda del PCE al que veían dispuesto a apuntarse a un bombardeo para asomar la nariz. En lo que no dejaban de tener razón pues, en efecto, aquella tremenda movida sirvió a los representantes de las instituciones, franquistas por supuesto, para presionar y lograr la reserva del territorio a la burguesía de las islas agitando en Madrid el fantasma del separatismo comunista, todo un oxímoron que les dio resultado. No sé si es ese recuerdo el que ha llevado a Mario Cabrera, expresidente del Cabildo majorero, a preguntarse si no pueden llegar a ser un buen ejemplo para Canarias el independentismo vasco o catalán.

Consiguió, pues, la burguesía una ley del REF a su medida en 1972. La que dio entrada a los años dorados del shopping en que la socarronería isleña acabó llamando el “5º de Caballería” a los turistas peninsulares porque nada más bajar del avión preguntaban dónde estaban los indios.

Grúas en el puerto marítimo de Las Palmas de Gran Canaria.

Grúas en el puerto marítimo de Las Palmas de Gran Canaria.

La desvirtualización del REF

Resulta paradójico que gentes críticas a la ley del REF en el momento de su promulgación hace cuarenta y tantos años la defiendan hoy, bien es verdad que sin demasiado entusiasmo. Aunque intuyen que le quedan pocas afeitadas. Entre otras cosas porque en este momento Canarias carece de liderazgos políticos y empresariales que merezcan ese nombre. Ya, de entrada, se aprecia en el asunto de los presupuestos que lo que para unos es excelente y se creen a pie juntillas que Rajoy nos inundará para otros es un completo desastre y que el carácter “social” de los presupuestos es otra burla más de tantas. Ya mencioné el asunto de la inversión por habitante y mejor me dan el euro que me corresponde para que pueda decir que me he beneficiado de esa inversión.

Lo peor aquí es, aparte del papanatismo y desconocimiento de los políticos la creciente torpeza del empresariado. Ya lo vieron tomar partido por Repsol, aplaudir a Soria, poner en una peana a Clavijo por esa ley del Suelo que les ahorrará controles urbanísticos y medioambientales y entrarle duro a Antonio Morales, presidente del Cabildo grancanario, que por alguna razón es quien más les “perjudica”. Yo, qué quieren, no soy nada de Morales y me llama bastante la atención de que se pongan los empresarios como se han puesto.

Como me llama la atención que esos mismos empresarios se mostraran tan contentos con la reforma de la parte fiscal del REF y aceptaran dejar para más adelante sus contenidos económicos, los que afectan más a la gente de a pie, como las subvenciones a los transportes, a la producción y distribución de agua y de energía, etcétera, a fin de compensar la lejanía, la insularidad, en general cuanto dificulta el desarrollo canario. Han aceptado los empresarios y los políticos afines la separación de las dos vertientes del REF, la económica y la fiscal que se adivina favorece el posible intento del Gobierno para que los fondos del REF pasen a ser una partida más de los presupuestos donde serían objeto de recortes y eliminación. La sentencia del Constitucional ya citada, la 62/2003 obvia el carácter permanente de esas subvenciones que pueden ser mejor atacadas si se la separa de la componente fiscal. Aunque lo peor sea la insolidaridad de los dirigentes empresariales con la islas.

El Constitucional ha demostrado, por otra parte, demasiadas concomitancias con la política del Gobierno para no temernos cualquier trastada. Poco inteligente parece no entender que la separación de los aspectos fiscales y económicos, indisolublemente unidos durante medio milenio por razones que a la vista están, debilita la posición negociadora canaria; si algún día de la caterva política sale alguien que merezca la pena, claro…

Prefiero no extenderme en estos asuntos aunque no puedo dejar pasar uno que no es menos fino; concretamente el de la Reserva de Inversiones (RIC) que según tengo entendido nada tiene que ver con el REF. Sin embargo, ahí están dale que te pego para meterlo en el paquete de las peculiaridades que lo justifican cuando, en realidad, se trata de una rebaja importante del Impuesto de Sociedades y no creo, a mi entender, que pueda justificarse que se le considere integrado en el REF y que, además, pueda ser invertido en el exterior, como se pretende. La RIC busca favorecer el desarrollo empresarial y estimular el empleo. Ese uso no supone ese mayor problema pero imaginen la que puede formarse si el dinero que corresponde al Estado y al que el Estado renuncia se invierte fuera de España. ¿Creen que los empresarios españoles y los del resto de la UE lo tolerarían? ¿No están poniendo en peligro el sentido estricto del REF y sus subvenciones para salvar los factores limitativos del desarrollo canario? Ya podrían buscarle un hueco parlamentario a estos asuntos. Una vez que hayan superado el tremendo trauma de las humillantes escenas de la conquista de Tenerife. Ya sabía yo que algo raro había en la Cámara que atotorotaba a sus señorías.

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