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Triana, esa calle que somos todos

Nuestra calle Mayor de Triana, también está 'más allá de un río' que es barranco y es el Guiniguada. Antes Triana no tenía noche. Ahora tiene día y noche, circuito de tapas, música en directo, conversación, pensamiento y sonrisas

El 23 de marzo de 1942 arrancó 'La Pepa', el primer y único tren de Las Palmas de Gran Canaria. La historia de 'La Pepa' está ligada a dos números mágicos: el 2243 y el 2244, los 'nombres' de las locomotoras

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Manzana Modernista en la Calle Triana, máximo exponente de este estilo artístico en Gran Canaria. VA

Manzana Modernista en la Calle Triana, máximo exponente de este estilo artístico en Gran Canaria Viajar Ahora

No vayan a pensar ustedes que en el Olimpo todo era trigo limpio. Más bien al contrario.

Falcon Crest al lado del chalé de los Dioses era un convento de las hermanitas de la Caridad. Allí había sexo, drogas y rock and roll. No hay más que mirarle a la cara a Keith Richards, el primer guitarra de los Rolling Stones, a Lou Reed o a Ian Dury, para saber que el Olimpo era tremendo. Como dicen ahora por ahí, estaba petao de caraduras. Es decir, que había fleje de sátiros, salidos y aficionados a la botella. La Musa Euterpe fue la que, digamos, llevaba la batuta, que no era batuta sino una flauta doble con la que no se hubiera atrevido ni Ian Anderson, flautista de Jethro Tull. “Sentado en un banco del parque mirando a una niña con mala intención ...”, cantaba Ian … ¿No les digo acerca de la movida olímpica? Aunque, cómo no sabemos la edad de la niña, no podemos llamarlo pederasta. Sigamos. De un apareamiento que tuvo Apolo con Calíope, nació Orfeo, músico excepcional que, al parecer, atraía a las masas como Elvis. Según cuentan los libros de mitología griega, todo el mundo se reunía en torno a Orfeo para ver su virtuosismo con la lira – Berlusconi aún no organizaba orgías – y mucho partido le sacó al instrumento, a la lira digo, de tal modo que, embelesando al personal con sus improvisaciones, logró sacar del Hades a su esposa Eurídice, aunque acabó decapitado sin que aún se sepa si fueron los yihadistas, los talibanes o resultado de una misión conspiranóica puesta en práctica por la CIA y el Mossad. Por otro lado, en la banda del Olimpo, estaban también Apolo con la cítara, Hermes doblando con la lira, Atenea con la flauta sencilla y el dios Pan con la siringa. Desgraciadamente para ellos, jamás pudieron actuar en el Cotton Club ni en el Minton's Playhouse de Harlem. En éste último porque Thelonius Monk, Charlie Parker y Miles Davis no los tragaban e insistían en que los dioses eran ellos. Cosas del Jazz. 

Calle Mayor de Triana en el siglo XX

Calle Mayor de Triana en el siglo XX FEDAC

Bien. Hércules también se cogía sus calentones, de violencia física y pasión sexual, de modo que, como aún no había Juzgado de Violencia contra la Mujer, la diosa Astarté, harta de que el sobajoso musculado le diera la paliza todo el día, salió hacia Hispania y se instaló en la orilla izquierda del Guadalquivir. Menos mal que no la vio Don Juan Tenorio porque, entonces sí que se hubiera armado una buena. Y para no volvernos locos, cogemos por un atajo para advertir que por allí andaba el emperador Trajano, del cual no viene la palabra y la acción de trajinar, sino el nombre del barrio más conocido de España: Triana. De Trajano, Triana. He leído también en varios sitios, y ésto le va de miedo a Podemos, que fueron los árabes los que pusieron el nombre de Triana a ese lugar tan castizo de Al Andalus. Porque Triana en árabe quiere decir algo así como más allá del río. Siguiendo la exposición, nuestra calle Mayor de Triana, también está más allá de un río que es barranco y es el Guiniguada. Así, adquiere su nombre del entorno sevillano. Obviamente, hay una salvedad necesaria de significar: el pescaíto frito y las aceitunas fueron sustituidas por las papas con mojo, el sancocho y la ropavieja. Y el fino o el manzanilla, por el ron. 

Tranvía en la calle de Triana. 1927 – 1930.

Tranvía en la calle de Triana. 1927 – 1930. FEDAC

¿Quién a los quince años no dejó su cuerpo abrazar?¿Quién no ha paseado por Triana? Ah, no. Eso de que el ex senador Macías no lo ha hecho no lo puedo admitir. Yo mismo me lo encontré el otro día y nos saludamos efusivamente. Macías es el político que mayor cantidad de manos ha estrechado a nivel mundial. Y no lo digo ni de coña ni para hacer risas. Lo digo porque es un caballero y siempre lo ha sido. Y tiene casi tanta historia como nuestra calle más señera. ¿Cómo no iba a ser historia la Calle Mayor de Triana si está junto al lugar donde se fundó el Real de Las Palmas, dicen que junto a tres palmeras … y dile a la palmerita que se asome a la ventana? Vegueta fue declarada Conjunto Histórico-Artístico Nacional en 1973 y, años más tarde, en 1993, fue reconocido el núcleo histórico de Triana. Hasta que se construyó el puerto, hoy uno de los más importantes del Océano Atlántico, Triana fue un barrio marinero. Y la mar estrellaba sus olas donde el urbanismo ha colocado calles, jardines, edificos, plazas y la Avenida Marítima. Existió allí una vetusta pensión, llamada Pensión La Marina, donde vivió durante una época un amigo de Albacete que estudiaba aquí Arquitectura. Su habitación, dotada de una pequeña terraza que daba a las mareas, separada sólo por grandes piedras y recovecos, brindaba peculiares escenas cada noche. Una vez, sin decirme nada, me invitó, junto a otros amigos, a ver salir la luna desde allí. Y vimos salir a Selene grande y anaranjada alumbrando las fellatios que se celebraban al aire libre y al amparo de la ausencia de alumbrado público en la zona. Bastantes eran quienes contrataban a chaperos en el Parque de San Telmo para aliviar la fuerza que el bromuro no conseguía calmar. Queda muy lejos esa sordidez. Ahora Triana es luz, convivencia, paseo, músicos bohemios self made, periódicos agitados por la brisa, jubilados con boina hablando de lo que fueron y de los médicos de los Centros de Salud. Y también es Triana un emporio comercial que, a mi juicio, ha conseguido en los últimos años arrebatar el liderazgo económico a la más moderna zona de Mesa y López. Los empresarios de la calle y sus correspondientes y peatonalizadas perpendiculares han tenido mucho éxito con acciones coordinadas. En 2013 la zona de Triana (Asociación de Empresarios Zona Triana) recibe el Premio Nacional a Centros Comerciales Abiertos, que se otorga por la dirección general de Comercio Interior del Ministerio de Economía y Competitividad de España, destinado a galardonar el asociacionismo comercial orientado a la promoción de Centros Comerciales Abiertos (CCA). Antes Triana no tenía noche. Ahora tiene día y noche, circuito de tapas, música en directo, conversación, pensamiento y sonrisas. Triana se hace y se consolida haciendo y consolidando ciudad. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. No es casualidad que personas de gran valía cultural y artística hayan residido en esa calle. Entre ellos Benito Pérez Galdós, el poeta Tomás Morales y el político Juan Negrín (último presidente del Gobierno de la II República Española). Triana. Jamás podré olvidar una foto que me sacó mi padre paseando por sus aceras con una maleta, cuando tenía dos años. Y también que el primer terno que tuve, precioso, me lo compró mi madre hecho a medida en los ya desaparecidos Almacenes Cuadrado. ¿Quién no va a querer a Triana si Triana somos todos nosotros?

En ‘La Pepa’, rumbo a Triana

Y yo era pequeño. Muy pequeño. Habíamos llegado de Sidi Ifni y caminaba por Albareda o Juan Rejón, o por ambas, de la mano de mi padre, quien me iba contando historias de tirios y troyanos. A veces, los pequeños se sueltan, porque los niños no conocen otra palabra que libertad, y yo hice lo propio para acercarme a unas líneas de hierro paralelas incrustadas en el empedrado – creo que era empedrado, o tal vez adoquinado – de la rue. Y pregunté: “Papá, ¿Qué es eso?” Fue entonces cuando escuché hablar por vez primera de La Pepa… Hubo larga la conversación con Don Antonio Batista, tanto que llegó en el tiempo hasta la calle Luján Pérez en la que, me dijo, apoyado en una ventana, ella dentro y él fuera, enamoró cual elegante Casanova monógamo, a aquel bello ser donde viví nueve meses sin tener conciencia de ello. El escenario contó siempre con la presencia de alguna carabina establecida al efecto por la familia. Las palabras y los gestos debían ser medidos con una exquisita educación, tan alejada me temo de éstos entornos donde gobiernan el autismo, la crisis convivencial  y el WhatsApp. Quizá fuera la primera ocasión también en la que supe que la playa de Las Canteras era la Playa de Las Canteras y que, antes de pedir en matrimonio a Doña María del Pino Prats, habían recorrido juntos muchísimas veces el paseo, obviamente acompañados de alguna hermana de mi madre, disfrutando de aquellos tiempos en que no había turistas. Me dibujó mi padre un escenario que, posteriormente, asimilé a las playas del Lido en Venecia, tan bien reveladas por la pluma de Thomas Mann y la cámara de Visconti. Y no se dejó atrás La Barra de la que quedé prendado por sus espumas y a donde nadé tantas veces. Pero eso fue mucho después, cuando en el labio superior ya surgía el vello transformado en cuasi alambre que miles de veces he tenido que segar. Porque uno es labrador de su rostro. Desde el alma y la conducta, hasta el campo donde crece la barba siguiendo el inexorable y peculiar orbitar amarrado del minutero. 

Eiffel y la bohemia

Pasó el tiempo como el tiempo pasa, dejando alegrías y cicatrices. Y, obligado por la vida vivida, tuve que despedir a mis padres. Antonio se fue primero porque, tan guerrero como siempre, había tenido desavenencias con su corazón. Muchas estaciones antes, él también se había despedido de sus amados cigarrillos egipcios Abdulah, aquellos que venían tan bien ordenados en una caja metálica, verde y un poco alabeada, que compraba en un puesto del Mercado del Puerto, esa obra de hierro que pocos saben que fue realizada por el ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, el mismo que dio a París su enseña más importante, junto a la luz que le otorgaron la naturaleza y la noche. La Bohemia, la bohemia … eso quiere decir que eres bonita, sí, bonita. Tu est jolie. Y mi madre era bonita por fuera y por dentro. Tan fuerte como un roble, lo que le impidió irse junto a Antonio cuando él se despidió sin decir nada. Ella se marchó después, a pesar de no haber querido permanecer aquí. Ahora viven juntos en un lugar en el que se aprehende la mayor paz y tranquilidad que jamás puedan encontrarse. 

Amarrado al duro banco... 

Un día de esos en que la panza de burro estaba de día libre, me senté en un banco de Las Canteras, a la altura del Hotel Reina Isabel donde, en esos momentos y en una de sus habitaciones, cara a la pared y con las cortinas corridas, Alfredo Bryce Echenique escribía la novela El huerto de mi amada, con la que ganó el Premio Planeta. En ese banco y también en otros cercanos hablé muchas veces con Leopoldo María Panero, quien vivía en el Psiquiátrico y me abandonaba cada tres minutos rumbo a los servicios espoleado por sus dolencias de próstata. “Hembra que entre mis muslos callabas, de todos los favores que pude prometerte te debo la locura”. Amarrado al duro banco de esa galera que es el palpitar, volví  a ver más allá del horizonte los raíles de mi más niña niñez. Y decidí, sin moverme del lugar que ocupaba, ajeno a las gentes que pasaban, los cuerpos, las hamacas y las sombrillas, decidí coger La Pepa y atravesar el istmo hacia Triana. ¿Qué hubieran dicho Cubillo y Don Pepito – que no era hijo de La Pepa – si se hubieran enterado de que esa calle se llama así porque, según mantienen la mayoría de los historiadores, los andaluces venidos a esta tierra así lo quisieron, o pidieron, en honor al barrio de Sevilla donde habita el duende del flamenco, los geranios y el vestido de faralaes? Pero mi infancia no son recuerdos de un patio de Sevilla y de un huerto claro donde madura el limonero. Mi infancia es de la mar y del desierto. Y quería sentir de inmediato el traqueteo de los vagones. De aquellos vagones que ya eran pasado cuando vivía mi pasado. 

2243 y 2244 

Antes de La Pepa, hubo en Las Palmas de Gran Canaria un tranvía. Así que, después de ratonear algunos escritos, puedo contarles que José Miguel Alzola, historiador y Premio Canarias 1999, perteneciente a una familia muy conocida que tuvo una imprenta en la calle Peregrina de Triana, narra que en 1890 apareció, no por arte de magia sino de la mano de los hermanos Luis y Juan Antúnez – el primero tiene dedicada una calle en Las Alcaravaneras – el primer tranvía de vapor, que estuvo funcionando hasta 1910. A continuación, también bajo el auspicio de los Antúnez, el tranvía pasó a ser eléctrico. Fue vendido al Banco de Castilla y éste, a su vez, lo vendió a la Compañía de Electricidad. El servicio se municipalizó y se prolongó hasta 1937, ya en plena Guerra Civil. La ciudad se quedó desatranviada. Pero sólo hasta 1942. En la posguerra es cuando vuelven a cogerse los vagones que estaban guardados en una estación sita exactamente donde ahora está ubicado el Real Club Náutico. Y aparecen unos misteriosos dígitos en escena: 2243 y 2244. Investigaba el asunto para descartar que fueran los números de alguna línea erótica, cuando me apercibo de que lo de piensa mal y acertarás tiene sus más y sus menos. Incluso, sus multiplicaciones y divisiones. 2243 y 2244 eran las identificaciones cifradas de las dos locomotoras que habrían de mover a La Pepa, tren llamado así, al parecer, porque inició su andadura el día de San José. Ello ahorró muchos problemas y denuncias en los periódicos, ya que, si al tren se le hubiera nombrado El Pepe, nadie conoce el terrible alcance que hubiera tenido la reacción del hard feminismo y el academicismo de género. Hoy día, y puesto que eran dos las locomotoras, cuando una tirara de los vagones, el artilugio encadenado hubiera sido llamado el tren Pepe y, cuando fuera la otra locomotora la cabeza pensante, el nombre hubiera mutado a la trena Pepa. Sin embargo, es de prever que, al ser trena sinónimo de talego, trullo, cárcel y prisión, se habría generado una gran polémica en la Real Academia Española de la Lengua, en la que, seguramente, hubiera tenido que intervenir Félix de Azúa. Pérez Reverte, no, porque tiene más peligro que el florete de Alatriste cuando agarra al verbo por los cuernos. De Ansón y Cebrián no digo nada porque jamás he sabido qué hacen allí. 

Soria no era el alcalde, que era Ferrer 

Viajaba a todo trapo, no de la Isleta al Refugio y al Muelle Grande sino hacia la Calle Mayor de Triana, cuando en un librillo que llevaba en el gabán - prenda elegida más por la sensación térmica que por la temperatura real – llevaba, digo, un librillo firmado por un señor llamado Enrique Fernández Álvarez, a quién no conocía y que me hizo saber que era Documentalista Ferroviario. Por él, supe que, dada la escasez de combustible acaecida después de la matanza fratricida y la consecuente disminución del servicio de guaguas, fue el Ayuntamiento el que decidió montar La Pepa, lo que se hizo más rápido que a la velocidad con la que luego circularía el caballo de hierro. Así, el 23 de marzo de 1942, a las seis de la mañana, arranca el tren llevando como especiales invitados al alcalde – en aquel momento no era Soria, pese a llamarse Pepe, sino Ferrer – y a los concejales que quisieron darse el garbeo. Los vagones iban abarrotados y, aunque Enrique Fernández no comenta nada al respecto, es muy posible que el personal se arrancara con Sombras del Nublo, con isas y folías y puede que hasta con unos piscos de ron, habida cuenta de que entonces no existía el alcoholímetro y sólo se soplaba para apagar las velas o con la caló extrema ...¡Oye! ¡Cómo camina este cacharro! Que ya estamos en Triana…

Tranvía atravesando la calle comercial de Triana.

Tranvía atravesando la calle comercial de Triana. Fedac

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