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Los bandazos de García Molina al frente de Podemos Castilla-La Mancha

"Un rechazo a los presupuestos que, lejos de fortalecer la posición de Podemos, ha supuesto una fractura social en nuestra región [...] por las formas de expresar dicho rechazo"

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José García Molina, hoy en las Cortes regionales

José García Molina en las Cortes regionales

Yo no sé muchas cosas, es verdad,
Digo tan solo lo que he visto. […]
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

(León Felipe)

Tiene guasa que hayamos tenido que esperar casi dos años para que el Secretario General de Podemos, José García Molina, haya descubierto que Page es mucho Page, que gobierna como si tuviera mayoría absoluta cuando no la tiene ni simple, y que lleva a cabo políticas socio-liberales que camuflan, tras una supuesta defensa de los servicios públicos, su desaparición por la falta de personal y recursos, y por la utilización de forma generalizada de externalizaciones a la empresa privada, al tercer sector o a las fundaciones. Básicamente los motivos por los que, supuestamente, se han rechazado los presupuestos de 2017.

Un tiempo, en el que García Molina lejos de combatir esas prácticas, junto con los movimientos sociales y sindicales que llevan desde el primer día plantando cara, se ha dedicado a saborear las mieles de la política de moqueta y salón, dejándose cegar por los focos de las televisiones y por los arrumacos que le dedicaban desde la bancada socialista. Un tiempo, en el que hemos asistido a una verdadera luna de miel, donde se pactaba alegremente con #EstePSOE el reparto de los cargos institucionales (Vicepresidencia Cortes, senadora autonómica, etc) y se aprobaban unos “presupuestos del cambio” para 2016 (peores que los del 2017, por cierto).

Tal fue la pasión del momento que el idilio estuvo a punto de acabar en boda, cuando el 24 de julio del año pasado, justo un mes después de las elecciones generales del 26J, García Molina manifestaba públicamente la posibilidad de entrar en el gobierno de García Page. Sí, un gobierno socio-liberal que estaba externalizando servicios públicos en ese mismo momento, y sí, con el mismo Barón “socialista” que ya estaba conspirando para quitarse de en medio a Sánchez y mantener a Rajoy en la presidencia del gobierno.

A partir de aquí los bandazos son constantes, trazando una línea política en zig zag absolutamente desconcertante y plagada de incoherencias. Mientras el 15 de septiembre Podemos y PSOE aprueban el techo de gasto para 2017, apenas once días después, el 26 de septiembre, García Molina nos sorprende a todos anunciando solemnemente que “El acuerdo de investidura ha muerto de desaliento y de vergüenza”. Una decisión tomada en la sombra por la ejecutiva, sin debatirla previamente con las bases en los círculos, y que para colmo revierte un acuerdo ratificado un año antes por la asamblea ciudadana de Podemos Castilla-La Mancha. El colmo de los colmos, es que esa es la única cuestión política que ha sido llevada a consulta de los inscritos en lo que llevamos de legislatura, al margen de las primarias internas.

Al Gobierno le sentó a cuerno quemado, pero intentó restarle importancia declarando que “hay que esperar a ver en qué actitud están si quieren volver a negociar los presupuestos”, y efectivamente tres meses después volvimos a asistir a un nuevo bandazo por parte de Molina y su equipo.

El día 10 de enero, y como si no hubiera pasado nada, García Molina presenta en un desayuno informativo el Plan Podemos para Castilla-La Mancha, que pretendía “mejorar y facilitar la vida a la gente”. Dos días después el PSOE lo aceptaba de mano del Vicepresidente, José Luis Martínez Guijarro. Y a partir de aquí, la tramitación presupuestaria fue rodada. El 23 de enero Podemos presenta el proyecto de presupuestos de 2017 junto con el Consejero de Hacienda, Juan Alfonso Ruiz Molina, y el 23 de febrero Podemos y PSOE tumban la enmienda a la totalidad del PP.

Y de esta manera es como se llega a la fase final de enmiendas parciales, que yo viví en primera persona y que da para otro artículo entero. Pero os puedo asegurar, después de tragarme casi en su totalidad las comparecencias de los Consejeros y Consejeras, la comisión de los Grupos Parlamentarios, y el propio Pleno de los días 6 y 7 (menudo empacho), que Podemos en ningún momento advirtió de que si no se aprobaban esas enmiendas no apoyarían los presupuestos. Es más, en ningún momento dio esa sensación. De ahí la perplejidad de todo el mundo ante el rechazo definitivo de las cuentas, el bandazo final.

Un rechazo a los presupuestos que, lejos de fortalecer la posición de Podemos, ha supuesto una fractura social en nuestra región, no ya porque no existan fundadas razones para rechazar unas cuentas claramente insuficientes, sino por las formas de expresar dicho rechazo, decidido por un grupúsculo de personas afines a Molina, comunicado una hora antes de la votación al propio portavoz de Podemos en las Cortes, sin ninguna explicación previa y sin haber sido razonado ante la opinión pública y los movimientos sociales que, habiendo participado en el proceso de negociación, se sienten ahora traicionados. Un amplio abanico de organizaciones de diversos sectores que, lejos de pertenecer a la red clientelar del PSOE, han sido muy críticas con el gobierno regional y sus políticas antisociales.

Analizando a quién ha beneficiado esta decisión se ve más claramente la torpeza de la misma. El PP está encantado, la caída de los presupuestos provoca que se mantengan, casi intactos, los recortes de Cospedal, aunque su aprobación, ciertamente, también hubiese mantenido algunos de ellos. El PSOE, por mucho que echaran espuma por la boca los primeros días, también está radiante. Le han dado la oportunidad de lavarse la cara iniciando una campaña a gran escala que, pese a ser ciertamente sucia y mezquina, está consiguiendo transmitir a gran parte de la sociedad la falsa idea de que si no hay recuperación económica y social es por culpa de Podemos, cuando ellos son los principales responsables. Mientras tanto, Podemos queda en una posición de extremada debilidad, sin apenas apoyos sociales, enrocada en sí misma y con la credibilidad por los suelos.

En este punto, sólo nos queda preguntarnos qué pretendían García Molina y su equipo en la sombra con esta maniobra. Para entenderlo falta un ingrediente principal, que nada tiene que ver con los presupuestos, pero que visto el desarrollo de los acontecimientos tiene un peso trascendental: la celebración de la II Asamblea Ciudadana de Podemos Castilla-La Mancha del próximo 14 al 21 de mayo.

Molina rechazó los presupuestos sin pararse a pensar las consecuencias que tendría hacerlo de esa manera, porque lo único que buscaba, descaradamente, es provocar un sonoro choque de trenes con el PSOE que situara en primera línea mediática una confrontación directa con Page, con la intención de tapar ante la militancia su docilidad pasada y con la esperanza de que el cierre de filas le llevara a renovar su mandato otros tres años al frente de Podemos Castilla-La Mancha. Sólo hay que ver la brillante solución que ofreció en una carta pública enviada Page: un debate televisivo. ¿Estamos negociando los presupuestos, o estamos en campaña interna? El último tiro al aire, la última pirueta, el último salto sin red, ha venido con el anuncio del Gobierno en la sombra, de nuevo por sorpresa y sin consultar al Consejo Ciudadano, y en pleno proceso interno para renovar el proyecto y los órganos de dirección de Podemos

Podemos no llegó hasta aquí para que unos cuantos decidan por todos, anteponiendo sus intereses particulares a los colectivos, llegando a poner en riesgo el mayor patrimonio de cualquier fuerza política: su credibilidad. No debemos permitir que hagan la política por nosotros, pues eso es precisamente a la que nos tienen acostumbrados los viejos partidos del régimen. Para ser alternativa de gobierno Podemos debe ser antes una fuerza alternativa y demostrar en la práctica que es posible otra forma de hacer política, lo que en mi pueblo se llama dar ejemplo. Algo en lo que García Molina, y su sombría ejecutiva, dejan mucho que desear.

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