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“Algún día seré médico para tratar a la gente pobre”

Monir Hossain tiene once años, pero esta primera década de vida no ha sido un camino llano ni para él ni para su familia. Su madre enfermó y cuenta que fue muy frustrante ver que ningún doctor los quiso ayudar.

A pesar de vivir el sufrimiento muy de cerca, sus ganas de estudiar y de salir adelante siguen intactas. La escuela es su lugar favorito. 

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“Algún día seré médico para tratar a la gente pobre”

“Algún día seré médico para tratar a la gente pobre”

Monir Hossain tiene once años y estudia quinto curso en la escuela de Educo en el slum de Nayanagar, en Dhaka, la capital de Bangladesh. Allí, como otros niños y niñas de las clases más desfavorecidas de la sociedad, estudia y se divierte. “La escuela es mi lugar favorito. Me gusta mucho. Mis profesores me ayudan y a veces me piden que lea alguna redacción en clase ante mis compañeros”.

A Monir le encanta dibujar y cuando tiene un ratito, coge los lápices y empieza a recrear en un papel imágenes de los paisajes que le rodean. “Mi color favorito es el amarillo y cuando dibujo lo utilizo mucho”, comenta. También le gusta jugar a cricket, el deporte nacional en el país, y a fútbol.

Cuando era muy pequeño, Monir perdió a su padre y su madre tuvo que emplearse como asistenta del hogar para poder tirar adelante a la familia. Él se muestra profundamente agradecido por el afecto que le brinda. “Mi madre siempre me apoya y me motiva para estudiar, así que me esfuerzo cada día”.

Una dura experiencia

A Monir se le hace un nudo en la garganta cuando recuerda los sacrificios que ella ha hecho por su familia y la difícil situación vivida hace poco. “El año pasado se puso muy enferma y tuvo que dejar de trabajar. No teníamos dinero para pagar el tratamiento médico ni para el alquiler de nuestra casa. Fue una época terrible. Me fui a vivir con una tía y mi madre ingresó en el hospital, pero no podíamos pagar las medicinas ni el médico. Nadie nos ayudaba. Yo me desmotivé y dejé de ir a la escuela. Pero entonces los profesores de Educo nos ayudaron y se hicieron cargo del tratamiento médico. Mi madre se recuperó y volvió a trabajar, y yo regresé a la escuela. Agradezco sinceramente a Educo su apoyo”.

Para Monir, fue una dura experiencia que, sin embargo, le brindó una lección de vida y le despertó en su interior la vocación de ayudar a los más necesitados. “ Quiero ser médico para poder dedicarme a las personas pobres y atenderlas bien. He vivido el sufrimiento muy de cerca. Durante la enfermedad de mi madre fue muy frustrante ver que ningún doctor nos quiso ayudar”.

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