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Carmen Hernández Zurbano rastrea la biografía vegetal de los alimentos en su poemario 'El baile de la naranja'

La poeta Carmen Hernández Zurbano, en el Ateneo de Cáceres

Sandra Moreno Quintanilla

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¿Cómo llegó una naranja hasta nuestra mesa? ¿Qué historias acompañan a una semilla cuando cruza océanos, cambia de nombre y arraiga en una tierra distinta? Son algunas de las preguntas que atraviesan El baile de la naranja, el nuevo poemario de Carmen Hernández Zurbano publicado por Ril Editores, una obra que se adentra en la biografía secreta de los alimentos para hablar, en realidad, de identidad, memoria, lenguaje y relaciones con el mundo vivo.

La autora, médica pediatra, especialista en Salud Pública, antropóloga y escritora, construye un libro que desafía las fronteras entre disciplinas. La ciencia, la historia, la etnografía y la poesía conviven en unos textos donde frutas, raíces, semillas e insectos se convierten en protagonistas de una reflexión profundamente contemporánea sobre la crisis ecológica y los modos de habitar el planeta.

“No sabía que se iba a escribir un poemario», recuerda Hernández Zurbano sobre el origen del libro. El proyecto comenzó a tomar forma en 2023, tras asistir a un encuentro celebrado en el Valle del Jerte que reunió a agricultores agroecológicos y escritores. ”Acababa de hacer la especialidad de Salud Pública y me interesaba mucho el tema de la alimentación y también la crisis climática. Quería escribir sobre eso como un modo contemporáneo, pero no sabía si quería escribir ensayo o poemas“, explica.

Esa incertidumbre inicial terminó convirtiéndose en una de las mayores virtudes del libro. Lejos de optar por un género cerrado, Hernández Zurbano explora el territorio intermedio entre la reflexión ensayística y la intensidad poética.

“Me interesa la intersección entre ensayo y poesía, que parece que es lo más alejado del mundo. Al final me parecía súper interesante que fueran poemas en los que hablase de un montón de cosas, pero que funcionasen como poemas”.

El proceso de escritura se prolongó durante aproximadamente año y medio. El resultado es un conjunto de textos que investigan los desplazamientos de las plantas, las transformaciones del paisaje y las historias humanas que permanecen ocultas detrás de aquello que comemos.

Una naturaleza atravesada por la historia

Uno de los mayores aciertos del poemario reside en su manera de abordar el mundo natural. Los elementos vegetales aparecen constantemente: semillas, frutas, raíces, flores, árboles o insectos recorren las páginas del libro. Sin embargo, no funcionan como una simple decoración lírica ni como una celebración romántica de la naturaleza.

Los poemas construyen una auténtica poética de lo orgánico. La semilla encerrada en una maceta, la fruta que tuvo que viajar miles de kilómetros o las raíces que se asfixian sugieren una tensión constante entre lo vivo y los sistemas que lo contienen, desplazan o transforman.

La naturaleza de El baile de la naranja no es idílica. Está atravesada por el cultivo, el comercio, las migraciones, las relaciones de poder y la intervención humana. Existe una fragilidad permanente, una conciencia de que todo organismo vive sometido a fuerzas históricas y económicas que condicionan su desarrollo. En ese sentido, el libro dialoga con algunas de las corrientes más relevantes de la ecopoesía contemporánea, alejándose de cualquier visión bucólica para situar la mirada en los conflictos ecológicos y sociales de nuestro tiempo.

El viaje de las plantas y la memoria de los pueblos

El desplazamiento constituye otro de los grandes temas del poemario. Las frutas, las semillas y las especies vegetales viajan constantemente de un territorio a otro. Pero esos movimientos no son únicamente biológicos. También transportan nombres, culturas, lenguas y formas de conocimiento.

La autora convierte así la historia de las plantas en una historia de la humanidad. Cada fruto que cambia de continente parece obligarse a aprender otra identidad. Cada semilla lleva consigo una memoria que se transforma al llegar a otro lugar.

Esta perspectiva abre una lectura vinculada a las rutas comerciales y coloniales que durante siglos trasladaron especies vegetales entre continentes. Sin necesidad de convertir el poema en un discurso histórico explícito, Hernández Zurbano recuerda que detrás de muchos alimentos cotidianos existen complejas historias de conquista, intercambio y resistencia cultural.

Los huancas: cantarle a la tierra

Uno de los hallazgos más llamativos del libro procede de los llamados huancas, cantos agrícolas tradicionales interpretados por mujeres del altiplano peruano. La autora llegó a ellos de manera accidental mientras investigaba para escribir sobre las patatas.

“Yo quería introducir cantos agrícolas populares. Estuve buscando, pero todo lo que encontraba estaba orientado a distraer del esfuerzo del trabajo o hablaba de novios, bodas o quintos. No tenían mucho que ver con lo que yo estaba escribiendo”.

La búsqueda la condujo hasta estos cantos rituales. “Las mujeres no cantan mientras trabajan. Cantan después. Van al centro del campo y le cantan a la tierra, le cantan a las papas”.

Aquella tradición conectaba directamente con lo que buscaba expresar. “Remitían muy rápidamente a lo que yo quería lograr con el poemario, que no tiene tanto que ver con el cuidado como con una relación diferente con la tierra, con los alimentos y con lo vivo. Una relación más horizontal”.

La incorporación de estos materiales no funciona como una simple cita etnográfica. Son injertos poéticos que amplían el horizonte del libro y lo conectan con formas de conocimiento alejadas de la tradición occidental dominante.

Cuando el castellano deja de ser el centro

La presencia de palabras procedentes de otras lenguas constituye otro de los elementos más sugerentes del poemario.

Lejos de traducirlo todo para facilitar la lectura, Hernández Zurbano permite que determinados términos mantengan su opacidad. El lector se encuentra entonces ante un territorio parcialmente desconocido. Ese gesto tiene una dimensión estética, pero también política.

El castellano deja de ocupar el centro absoluto del texto y pasa a convivir con otros sistemas de significado. La autora cuestiona así la idea de que toda experiencia pueda traducirse completamente y reivindica la existencia de conocimientos que resisten la apropiación.

La operación conecta con ciertas corrientes de la escritura decolonial contemporánea, donde la convivencia entre lenguas se convierte en una forma de resistencia frente a los relatos hegemónicos.

Ciencia y poesía sin fronteras

La formación científica de Hernández Zurbano atraviesa buena parte de su obra. Médica pediatra, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, antropóloga cultural y estudiosa de la teoría literaria, la autora lleva años explorando los puntos de encuentro entre disciplinas aparentemente alejadas.

En El baile de la naranja aparecen laboratorios, procesos biológicos, cruces de especies e insectos observados con una precisión casi científica. Sin embargo, el lenguaje nunca pierde su dimensión sensorial. Hay color, textura, sabor y movimiento.

La ciencia no aparece como un discurso de autoridad destinado a explicar el mundo, sino como una herramienta más para contemplar su complejidad. Esa tensión entre clasificación científica y experiencia poética genera una de las singularidades del libro: los conceptos se vuelven extraños, se desplazan de su lugar habitual y adquieren nuevas resonancias.

Una autora imprescindible en la literatura extremeña

Nacida en Salamanca en 1976 y criada entre Guijo de Santa Bárbara, Plasencia y Cáceres, Carmen Hernández Zurbano ha construido una trayectoria difícil de encasillar. Su obra combina poesía, ensayo, antropología y reflexión política. Ha publicado títulos como Esa flor parece un pájaro, ¿eres okupa? o el híbrido narrativo Tengo la barriga cuadrada y la cabeza llena de lombrices, donde examina críticamente las prácticas médicas desde una perspectiva autoetnográfica.

A lo largo de su carrera ha defendido una concepción de la escritura inseparable de las condiciones materiales y sociales que la hacen posible. Sus textos abordan cuestiones como la salud pública, las desigualdades de género, la crisis climática y la relación entre conocimiento y poder. Esa mirada reaparece con fuerza en El baile de la naranja, uno de sus libros más ambicioso hasta la fecha.

Porque bajo la aparente sencillez de una fruta, una semilla o una raíz, Carmen Hernández Zurbano plantea una pregunta esencial: cómo volver a relacionarnos con la tierra cuando hemos olvidado que también formamos parte de ella.

Quizá ahí resida la potencia de este poemario. En recordarnos que las historias más importantes no siempre las protagonizan los grandes acontecimientos. A veces se esconden en aquello que parece mínimo: una semilla, una palabra, una naranja que ha viajado miles de kilómetros para contarnos de dónde venimos.

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