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Golfos y golf

El nuevo campo de golf de Santander es el gran pelotazo del siglo XXI que prepara el Partido Popular y sus constructores de cabecera. ¡Prepárense, porque nos va a costar dinero a todos!

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¡Un gran campo de golf para Santander! De vez en cuando Íñigo de la Serna nos vuelve a leer el mismo cuento que ya nos contaba Gonzalo Piñeiro. Debe ser un campo de golf fantasma que aparece y desaparece siempre a conveniencia, pero el espíritu siempre queda. No hay exorcismo que termine con este plan. Los mismos de siempre llevan varios años tratando de sacar adelante el proyecto, tratando de burlar leyes y de torear a los vecinos y afectados. El golf es la estrella del Parque Litoral Norte y dicen que ese recinto deportivo es "uno grandes retos de futuro de la ciudad" en el programa del Partido Popular. Curiosamente, los datos en el resto del país muestran que la burbuja del golf en España se ha deshinchado.

La polémica Senda Costera del Litoral Norte no hace más que repetir la actuación que ya hicieron con el campo de golf de Mataleñas, al que también bordea un caminito, que es ya el único espacio al que pueden acceder todos los ciudadanos. Ese nuevo campo de golf es el gran pelotazo del siglo XXI que prepara el Partido Popular y sus constructores de cabecera. ¡Prepárense, porque nos va a costar dinero a todos!

Los campos de golf han estado estrechamente ligados en España a la burbuja inmobiliaria. En el manual del 'pelotazo urbanístico' no podía faltar un campo de golf rodeado de viviendas, que se vendían, en teoría, mucho más caras gracias a este reclamo. Y con su hotel de lujo adjunto, por supuesto. Después del estallido de la burbuja del ladrillo nos encontramos con campos de golf con escaso uso o abandonados, muchos gastos, viviendas vacías, menos torneos, menos licencias de jugadores de golf… Y golfos mucho más ricos.

En Cantabria no se aprovechó el boom del golf que se vivió en el resto del país hace un par de décadas. Siempre se habló de sacar provecho a la imagen de uno de los cántabros más internacionales: Seve Ballesteros. Al final, los grandes proyectos de campos y museos han quedado en nada. Posiblemente fue lo mejor. La ampliación a 18 hoyos en el Abra del Pas, algo imprescindible para que el campo pueda tener valor turístico, va camino de los ocho años sin estar finalizada. El campo de Nestares siempre está medio vacío, excepto cuando nieva en inverno, que está cerrado. Es cierto que el campo de Mataleñas, el primero municipal en España, está saturado. Entre otros factores porque es muy pequeño y relativamente barato, pero también hay que saber que a pocos kilómetros de la ciudad existen varios campos de golf vacíos, que son fuente inagotable de pérdidas para Cantur, empresa pública. O sea, para todos.

Un campo de golf tiene un mantenimiento que oscila entre los 400.000 euros y los dos millones anuales, dependiendo de sus características. El proyecto de nuevo campo de golf en Santander es seguro que no será barato y sus socios tendrán que pagar cuotas abultadas. Eso sí, el suelo, lo más caro, les saldrá bien barato. Todo se hará con permutas y cambalaches.

Íñigo de la Serna vuelve a tropezar con el mismo ladrillo. Está anclado en un modelo de política y de gestión del siglo pasado, aunque quiera ponerse un falso smart-traje como un superhéroe… Sus actuaciones se asemejan más a lo que hacen los supervillanos. ¡Chalets y golf! Pelotazo urbanístico a la vista con la idea de hacer un hoyo en uno… La misma historia de siempre, que enriquece a unos pocos y deja un buen cañón en las arcas públicas, además de la pérdida de unos valiosos terrenos para uso público.

Uno de cada dos campos de golf construidos en los últimos diez años se ha hecho al amparo de un desarrollo inmobiliario adjunto. ¡Y desde el año 2000 se han construido en nuestro país unos 200! Se han erigido al amparo de un desarrollo inmobiliario demencial, sin atender a la demanda y a la rentabilidad real de este tipo de recintos deportivos. De la Serna insiste en que el nuevo campo creará riqueza, pero o miente o es un iluso. O le engañan. Lo dijo en 2007 y lo repitió en 2013, cuando la evidencia de que la burbuja del golf en España se había pinchado era ya un clamor.

El golf no es rentable en sí mismo, necesita siempre asociarse a otra actividad, bien a la inmobiliaria o bien a la hostelera, para obtener beneficios. Los campos de golf, salvo escasísimas excepciones, generan pérdidas económicas. El suelo es muy caro y los costes de mantenimiento altos. En Cantabria tenemos muy cercano lo ocurrido con el campo de Santa Marina, en San Vicente de la Barquera, que nunca logró ser rentable como iniciativa privada.

Íñigo de la Serna lanza el megaproyecto jurásico, por antiguo, de construir un campo de golf y viviendas. Es repetir modelos del pasado. Es servir a los mismos, que no son Santander.

En España no hay demanda suficiente para mantener una industria del golf que se hinchó artificialmente. Hubo un fuerte incremento de licencias en la última década, pero ahora se ha estancado e incluso ha disminuido el número de jugadores federados. Aproximadamente el 0,6% de la población practica este deporte. Todo se hace de cara al turismo y a la venta de viviendas, pero con el desplome inmobiliario solo quedan los jugadores… y con ellos solos, la mayoría de campos no son viables. En zonas con menos demanda de turismo extranjero no son rentables y por eso han cerrado más de 15 de estos recintos en los últimos años y aproximadamente otros 40 están en manos de los bancos o en concursos de acreedores. Ahora asistimos incluso en algunas comunidades autónomas al "rescate" con dinero público de estos campos de golf que antes eran privados. Rescatan autopistas, bancos o campos de golf, nunca a personas.

Cantabria no destaca por sus buenas cifras de turismo extranjero y este campo no las mejorará significativamente, como pueden vender desde el actual equipo de gobierno municipal. Los jugadores extranjeros buscan el sol, aunque se pueda jugar al golf con lluvia, y es imposible competir con la oferta que tiene este deporte en Andalucía, Canarias o Cataluña. Actualmente, un turista interesado en practicar su swing en un campo emblemático como el Real Club de Golf de Pedreña puede jugar su recorrido sin necesidad de ser socio gracias a las ofertas de varios hoteles de la ciudad… Y nadie ha visto grandes colas para hacerlo. Una vez más venden humo para realizar un proyecto que dejará sobre todo un par de beneficiados: la empresa constructora y la empresa que lo gestione. Y si les va mal, pues seguro que les rescatan con dinero público. Aunque en esta ocasión, el dinero de todos se pondrá ya de inicio para que no tengamos dudas de lo perjudicial que será este proyecto para Santander.

Los campos de golf no son especialmente buenos para el medio ambiente, requieren movimientos de tierra y, sobre todo, impiden el acceso a cualquier ciudadano que no juegue. En la Memoria Preliminar de este megaproyecto, de junio de 2014, se habla de máximo respeto al medio ambiente, de sostenibilidad y del escaso impacto que supondrá para la zona… Lo de siempre. Es muy difícil de creer.

Este campo de Santander puede costar unos 11 millones de euros y ocupará la mayoría del 'parque': unas  75 hectáreas en los terrenos que limitan al Norte con la línea de costa (y la senda), al Sur con el núcleo urbano de Cueto, al Este con el Panteón del Inglés, el campo municipal de fútbol de Cueto y las instalaciones municipales de tiro al plato y, por último, al Oeste con la Playa del Bocal y los asentamientos cercanos al Centro Oceanográfico de Santander, en el Barrio de Corbanera de Monte. El futuro de la ciudad será para unos 7.900 federados en toda la región, que a día de hoy tienen el resto de los recintos infrautilizados. Lo peor es que de los 11 millones que costará construirlo, el 51% los pondría el Ayuntamiento de Santander dentro de una sociedad público-privada. El Plan de Ordenación del Litoral permite equipamientos deportivos, así que la cafetería, la recepción y otras instalaciones necesarias se ubicarán justo en el límite de la zona protegida por la Ley. Un plan perfecto.

En todo este embrollo no falta el permiso municipal para la construcción de aproximadamente 150 chalets de lujo junto al campo de prácticas de golf de Mataleñas. Esperan que sean las primeras viviendas de muchas. Éstas se levantarán en un suelo que fue público, allí estuvo el antiguo hipódromo de Alfonso XIII, y que ha ido cambiado de dueños y de consideración urbanística. La vieja historia: las constructoras compraron muy barato porque no se podía edificar nada y luego se recalificó el suelo. Intercambios y chanchullos, asociados a un proyecto de campo de golf que lleva años en el maletín. Ahora, con las expropiaciones y permutas ganarán mucho dinero. El Servicio de Urbanismo municipal emitió dos informes contrarios en 2005 y 2006 al campo de golf, pero en 2012 ya han cambiado los factores que impedían construir esas viviendas gracias al nuevo Plan General de Ordenación.

Lo más triste es que actualmente no existe ninguna demanda para este tipo de viviendas de golf y en otras comunidades se venden pisos y chalets más baratos y junto a campos de golf mejores. Muchos de ellos están ahora en manos de los bancos y ofrecen descuentos de hasta el 50% para esas viviendas adosadas al campo de golf en Murcia, Valencia o Tarragona. ¡Y la demanda es mínima! Con la situación del mercado inmobiliario en ese punto, el alcalde Íñigo de la Serna lanza el megaproyecto jurásico, por antiguo, de construir un campo de golf y viviendas. Es repetir modelos del pasado. Es servir a los mismos, que no son Santander.

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