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Vatilíos

No hay guionista americano lo suficientemente desquiciado, con una imaginación a la altura de los líos del Vaticano. Mayordomos liantes, cardenales ambiciosos, publicistas tuiteras y -cómo no- el Opus Dei.

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El Papa tacha de "acto deplorable" la sustracción de documentos reservados

El Papa ha tachado de "acto deplorable" la sustracción de documentos reservados. | EFE

Dice uno de los personajes de la última novela de Umberto Eco - Página cero- que a Juan XXIII no le llamaban "el Papa bueno" por casualidad, sino precisamente por oposición a los anteriores, que no reunían las condiciones idóneas para recibir este apelativo. Por algo sería que éste les parecía bueno y los otros no.

Solo he conocido los papados que van desde Pablo VI hasta el actual y, en mi opinión, Francisco sería el más cercano a la virtud de Juan XXIII, pero no se lo están poniendo nada fácil. Siempre se habla de la curia, de las intrigas cardenalicias, de los intereses económicos, de los privilegios. Y algo -o mucho- debe de  haber de cierto en estas historias cuando el anterior ocupante de la silla de San Pedro salió corriendo del Vaticano provocando la insólita situación de un Papa dimisionario. No pudo con ellos.

Me imagino al pobre Ratzinger dando vueltas y vueltas a su rosario mientras le mareaban con un escándalo detrás de otro. Hasta su propio mayordomo, Paolo Gabriele, fotocopió y filtró más de mil documentos "por inspiración" del Espíritu Santo, tal y como declaró en el juicio al que posteriormente fue sometido. Viendo el incendio que ardía en torno a Benedicto XVI y que terminó con el Papa saliendo por la puerta de atrás, bien necesitaríamos la ayuda del Espíritu Santo para conocer la verdad.

La llegada de Francisco trajo brisa fresca y cierta paz que la institución precisaba para estabilizarse. De hecho, cuentan que al poco tiempo de ser elegido por el cónclave mostró su carácter después de ver, durante una visita a cierto establecimiento religioso, a un sacerdote acusado de pedofilia que se había refugiado allí. "¿Qué hace éste aquí?" -comentó-. "No quiero verlo más; si de verdad desea expiar sus pecados que ingrese en un monasterio adecuado a la penitencia".

También fueron muy esperanzadores los avances de Bergoglio en temas considerablemente complicados para la Iglesia, tales como la actitud ante los divorciados, su postura sobre la homosexualidad o su compromiso contra la pedofilia. Pero como ocurre en muchas organizaciones, los verdaderos problemas están dentro y no fuera. Al menos los más difíciles de solucionar, los más amenazantes, porque implican una limpieza muy a fondo. Como en cualquier institución, nadie quiere ceder la más mínima parcela de poder, ni renunciar a privilegio alguno, de modo que son los círculos más cercanos al propio Papa los que que le colocan palos en las ruedas.

El misterio de la Santa Trinidad no me parece tan complejo como el misterio de la presencia de la publicista Francesca Chaouqui en la Comisión de Asuntos Económicos del Vaticano.

Primero vino la carta que trece cardenales firmaron criticando las decisiones de Francisco, zancadilleando su posición en el sínodo dedicado a la familia. Aunque cuatro cardenales negaron después haberla firmado, los otros nueve no se desdijeron y, pese a que señalaron que se trataba de un documento confidencial, casualidad de casualidades, terminó filtrada a la prensa.

Pero los últimos sucesos que han dado con otro sacerdote detenido y una publicista interrogada por sustraer y divulgar documentos reservados han terminado de rizar el rizo de las intrigas. Primero porque el sacerdote es español. Nosotros no podíamos dejar de apuntarnos a esta fiesta. Y segundo porque el sacerdote, Lucio Ángel Vallejo, y la publicista, formaban parte de la Comisión de Asuntos Económicos que el Papa había reunido para analizar la situación real de las finanzas del Vaticano.

El misterio de la Santa Trinidad no me parece tan complejo como el misterio de la presencia de esta chica, Francesca Chaouqui, en la comisión. Publicista, experta en relaciones públicas y con un pasado tuitero digno del más iracundo troll de la red, su designación se parece mucho a colocar a la zorra -discúlpeseme la inadecuada imagen- cuidando el gallinero.

Ah, esperen, una última casualidad sin importancia; el sacerdote español… es miembro del Opus Dei. Nada, pura casualidad.

Yo no se si les gustan a ustedes las series, si siguen capítulo a capítulo los turbios asuntos de Olivia Pope en Scandal o alucinan con los alumnos de Annalise Keating en Cómo defender a un asesino. Nada, una zapatilla rusa, un inocente juego de niños comparado con estos vatilíos. Aquí los guionistas más desquiciados de Hollywood se quedarían asustados mirando el panorama.

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