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Juntos, revueltos, libres e iguales

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Hace cuatro días, en un país de profunda tradición católica, su ciudadanía aprobó, por una amplia mayoría, el matrimonio homosexual. La primera vez en el mundo que se hacía por votación popular. Hace un par de días, en un país de profunda tradición conservadora, su ciudadanía eligió un parlamento muy innovador, diría que transgresor. Así, Irlanda y Navarra representan dos imágenes de cómo, en un momento dado, la ciudadanía cambia de rumbo. De cómo la ciudadanía apuesta por emprender otro camino. No es que se haya transformado súbitamente; no es que haya cambiado su naturaleza política o social. Son las mismas personas de hace cuatro años y siguen pensando lo mismo, más o menos. Pero su apuesta es distinta. Es por otra cosa, por otra dirección. En un caso, Irlanda, hacia una sociedad más abierta y tolerante; en el caso de Navarra, hacia una política más progresista e innovadora.

En esas estamos, la ciudadanía navarra se ha expresado con rotundidad. Ha optado por fórmulas políticas plurales y progresistas. No ha tenido ningún reparo en dejar atrás años y años de dirección conservadora. El bloque de centroderecha nunca había bajado del 40% del voto en Navarra, llegando en muchas ocasiones a más del 50%. En esta ocasión, se ha quedado en el 31%. En definitiva, la ciudadanía navarra ha dicho que nos quiere juntos, revueltos, libres e iguales. Así es como describe Mario Gabiria su sueño para Navarra y así se ha convertido.

Pero de la música hay que pasar a la letra. Del sueño a la realidad. La libre y plural expresión política hay que ordenarla, hay que dirigirla. En definitiva, hay que hacer gobierno. Y para ello se precisa centralidad; a no confundir con el centro. Si un avión necesita ala derecha y ala izquierda para estabilizarse en las turbulencias aéreas y volar; no es menos cierto que se dirige desde la cabina, que se encuentra en el medio del aparato. Así debe ocurrir con el próximo Gobierno de Navarra. Se necesita un gobierno donde los extremos, como actitud política, queden a modo de límites.

Mi consejo para los futuros gobernantes es que usen la moderación. Que dirijan políticamente Navarra sin estridencias, sin fracturas. Que no escuchen cantos de sirena sobre tierras prometidas

Un gobierno de moderación, de centralidad, que procure grandes acuerdos cívicos en amparo social, en gestión pública, en regeneración política. Por ello, quien encare la dura tarea de gobernar desde esa variopinta pluralidad debe tener en cuenta que para crear se necesita locura (ingenio) pero para vivir cordura. El domingo los navarros hemos creado un nuevo sistema político con osadía. Ahora se trata que desde esa voluntad procuremos los pactos posibles para solucionar los problemas y las preocupaciones ciudadanas. Hay que convertir esa nueva política en algo socialmente útil.

Mi consejo para los futuros gobernantes es que usen la moderación. Que dirijan políticamente Navarra sin estridencias, sin fracturas. Que no escuchen cantos de sirena sobre tierras prometidas. Que se arrojen decididamente a la búsqueda de acuerdos transversales en lo político y también en lo idenditario.

No me cabe la menor duda que el gobierno que resulte tendrá la fuerza democrática de la mayoría parlamentaria, cosa que en el anterior no se daba. Pero necesitará de una amplia legitimidad de ejercicio y de origen. Y para ello nada mejor que procurar el consenso entre las fuerzas políticas, que desde su diferente identidad, proporcionan centralidad a Navarra.

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