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El viaje de ecuador del Gobierno de Navarra

Quizás, el mayor problema para el gobierno sea el de gestionar su pluralidad. Es un gobierno de cuatro partidos, cuatripartito

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El cuatripartito registra la iniciativa para derogar la ley foral de Símbolos

Antaño se practicaban los viajes de ecuador, a no confundir con los viajes a Ecuador. Eran viajes estudiantiles que se realizaban en el ecuador de una carrera; como término de una fase iniciática y de advenimiento a una nueva fase de madurez. En estas semanas, el Gobierno de Navarra, con el cierre de su Presidenta, se ha prodigado en ruedas de prensa explicando la gestión de sus diversos Departamentos en el ecuador de la legislatura.

Más allá del contenido de esos balances,  del que nuestro competitivo sistema político dará cumplida cuenta, todo paso del ecuador tiene algo de simbólico. Por un lado, representa la pérdida de la Edad de la Inocencia. Ya no es aquel gobierno que tomó posesión hace más de dos años sin contar con experiencia alguna en gestión pública. De hecho, al año de constituir el gobierno, la presidenta anunció una profunda remodelación en sus direcciones generales. Seguro que han aprendido, a marchas forzadas, que la gestión pública no es igual que la gestión privada. La gestión pública tiene mucho de procedimiento para lo que se necesita tiempo e institucionalidad. Los impactos sociales de las decisiones  se notan a largo; pocas veces, a corto. Por otro lado, la memoria del gobierno anterior se pierde. Barcina no deja de ser sino un recuerdo cada día más lejano.  Este gobierno se bautizó como el del Cambio y se afanó desde un primer momento en mostrar ese carácter como virtud. Pasados  dos años, el cambio ya no es tal porque el gobierno anterior ya está desplazado.

Pero la etapa iniciática ha terminado y lo que importa es la nueva etapa que se avecina. Hay que decir que este gobierno tiene factores exógenos a su favor. La economía crece y con ella el empleo, el consumo y los ingresos. Es lo que se conoce como estabilizadores automáticos. Atrás quedan  los años de una profunda crisis que nos ha dejado una Deuda Pública muy alta y una precariedad en las condiciones sociales  laborales. Pero lo dicho, los indicadores económicos son halagüeños en sus previsiones. Por eso me extraña  el empeño de algunos partidos de la oposición en demostrar lo contrario. También el Convenio Económico presenta condiciones políticas exógenas favorables para su actualización. El Gobierno vasco hace escasos días, dada la buena relación actual entre PP y PNV, ha renovado su Cupo. Este contexto político, tendrá réplica en Navarra.

Este gobierno se bautizó como el del Cambio y se afanó desde un primer momento en mostrar ese carácter como virtud. Pasados dos años, el cambio ya no es tal porque el gobierno anterior ya está desplazado

Así, economía y autogobierno no presentan malos escenarios.  Quizás, el mayor problema para el gobierno sea el de gestionar su pluralidad. Es un gobierno de cuatro partidos, cuatripartito. Consiguieron una unidad de acción programática salvando  escollos mediante el uso de ambigüedades, propias para esas ocasiones. Pero en estos momentos estamos ya en la etapa de la madurez, en la etapa propicia para mostrar los frutos. Ya no se trata de promesas, sino de realidades. En esta etapa,  algunos de sus socios pedirán peras;  otros,  manzanas y otros peras al olmo. Básicamente, subirá el nivel de exigencia de los partidos que avalan al gobierno porque cada parte se presenta aisladamente a las elecciones. Y cada parte deberá demostrar que los influyentes fueron ellos.

De este modo, después del “Cerrado por Vacaciones”, se abrirá en septiembre un intenso período político de dieciocho meses. El Parlamento se disuelve en marzo del 19. Un tiempo donde el próximo viaje del gobierno será el de Fin de Carrera; pero en este caso con aspiración a repetir.

Una última reflexión sobre la gobernanza. El gobierno no sólo es  la administración de las cosas también es el gobierno de las personas. Y en ese gobernar para y con las personas, el modelo de país, el modelo de desarrollo, el modelo de civilidad, y el procurar prosperidad y convivencia es fundamental.  Porque la ciudadanía, en última instancia, decide, y así debe ser, sobre qué país queremos construir. Ésa es la radicalidad democrática de las elecciones; hoy un tanto lejanas pero mañana a la vuelta de la esquina.

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