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Entrevista - Daniel López-Acuña, doctor en Medicina

“Las decisiones sobre los refugiados se empantanan en laberintos de discusión”

El exdirector de Políticas, Estrategias y Gestión de Recursos de Acción Sanitaria en las Crisis de la OMS Daniel López-Acuña analizará este martes en Pamplona la crisis de refugiados, en la que subraya que las instituciones están reaccionando tarde “y con tibieza”

“El invierno está llegando más rápido que las deliberaciones. No hay más remedio que montar un dispositivo humanitario transfronterizo”, advierte

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Daniel López-Acuña, exfuncionario de la Organización Mundial de la Salud.

El exdirector de Políticas, Estrategias y Gestión de Recursos de Acción Sanitaria en las Crisis de la OMS, Diego López-Acuña.

“Lento, tarde, una respuesta rezagada…”. Daniel López-Acuña (Ciudad de México, 1954) utiliza sinónimos para repetir la misma crítica: que en la crisis de refugiados, las instituciones están respondiendo tarde y “de forma tibia”. Y lo dice un doctor en Medicina que, durante muchos años, ha sido funcionario, asesor y ha ocupado diversos cargos dentro de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo siendo director (de 2006 a 2011) de Políticas, Estrategias y Gestión de Recursos de Acción Sanitaria en las Crisis. En la actualidad, ya retirado de esas funciones, es asesor independiente y reside en Gijón. Este 27 de octubre, visita Pamplona dentro de la mesa redonda organizada por el  Colegio Oficial de Médicos de Navarra con el título ' Construyamos puentes, no vallas: el drama de las personas refugiadas en Europa' (19:00 horas, en el Colegio de Médicos, entrada libre). Le acompañarán en el foro Francisco Garrido, de Médicos del Mundo Illes Balears, y Josune Legal, responsable del Plan de Acogida a Refugiados de Navarra.

Esta semana hemos podido ver imágenes de personas fallecidas en la playa de Lesbos, después de que intentaran acceder desde Turquía a costas griegas. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

El tema de los refugiados y desplazados internos que buscan asilo ha incrementado de forma impresionante en los últimos años. No hay precedentes. Se estima que, al término de 2014, había 60 millones de personas refugiadas desplazadas forzosamente en todo el mundo por persecución, conflictos, violencia generalizada o violaciones de Derechos Humanos. Si fueran un país, serían el 24 en tamaño en el mundo. Estamos ante un crecimiento logarítmico: en 2010 eran 10 millones de personas en esa situación, en 2011 fueron 14, en 2012 llegaron a 23 millones, en 2013 ya eran 32 millones… Esto refleja mundialmente un serio problema de conflictos no resueltos que se han extendido en el tiempo y han sido un caldo de cultivo para gente que se está moviendo forzosamente simplemente para sobrevivir. Y los principales países de acogida ni siquiera son los europeos: hablamos de Turquía, Pakistán, Líbano, Irán…

Pero solo parece que se reacciona cuando el problema ha estado a las puertas de Europa.

De alguna manera, la gran atención mediática y la preocupación social surgen cuando están a las puertas de casa. Más de la mitad de los refugiados vienen de tres países: Siria, Afganistán y Somalia. Son tres conflictos cronificados que es donde está el origen de la crisis, y no la podremos atajar sin que haya acciones que reduzcan ese conflicto y sin que haya espacios de distribución y seguridad para las personas en estos países.

Hablaba del interés mediático que ha surgido al estar a las puertas de Europa, pero ¿y el institucional?

Las instituciones han reaccionado tarde y muy tibiamente. Y hablamos de todas, de las Naciones Unidas y sus dispositivos humanitarios e, incluso, políticos de paz y seguridad. Han sido terriblemente ineficaces. La Unión Europea, además, no ha tenido celeridad para responder a una crisis de esta magnitud con los marcos de seguridad que serían necesarios.

Tras anunciarse el reparto de 120.000 personas, no parece haber habido avances. Las personas refugiadas no llegan a las comunidades autónomas.

Los avances son muy lentos y las cosas se empantanan en laberintos kafkianos de discusiones. Aún en octubre hubo una reunión de líderes europeos para tomar resoluciones más inmediatas, pero uno observa que no se ve que el goteo llegue a los países de la Unión Europea.

Colectivos sociales han advertido, además, que  el invierno apremia y hay que tomar decisiones.

Solo en el mes de octubre han cruzado el Mediterráneo 218.000 personas. Las instituciones deberían anticiparse, no para dar remedios de última hora para atender a los grandes flujos de inmigrantes que pasan por los Balcanes Occidentales hacia Alemania o Austria, sino para tener mecanismos de coordinación europea que acojan a las personas sin que pasen por los riesgos que están pasando.

Usted ha ocupado diversos cargos precisamente en una institución. ¿Esta situación no genera suspicacias sobre el papel de las instituciones?

Muchísima. Muchas voces se han preguntado dónde están las instituciones y por qué no reaccionan con más premura. Pero también lo vimos con la epidemia de ébola: a veces las instituciones se ven desbordadas por estas realidades y no reaccionan con la velocidad que se requiere. Esto plantea una gran crisis institucional de gobernanza de muchos problemas. Uno de ellos es este de los refugiados.

En Pamplona, las asociaciones de atención a personas inmigrantes ya se plantean que, en lugar de hablar de planes de acogida, habría que  hacer llegar mantas y comida a donde ahora se afronta esta situación: en las fronteras.

Esta situación va a alcanzar las proporciones de una crisis humanitaria y no solo de una crisis de refugiados.

Habría que crear corredores humanitarios para resolver problemas agudos y, por otro lado, flexibilizar la figura de refugiados y solicitud de asilo

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calcula que 70 menores se han ahogado en el Egeo en las últimas ocho semanas. ¿Hablamos de responsabilidad o de vergüenza?

Es una mezcla de ambas, de falta de rendición de cuentas de las instituciones. Debería haber un plan de choque más avanzado, una decisión más activa de Naciones Unidas, llevando al tema al Consejo de Seguridad…

¿Qué soluciones apoya? ¿Crear corredores humanitarios, cambiar el estatus de refugiado para que se conceda de forma más rápida?

Habría que tener en cuenta ambas cosas: crear corredores humanitarios para resolver problemas agudos y, por otro lado, flexibilizar la figura de refugiados y solicitud de asilo. Y aquí la Unión Europea podría anticiparse, estableciendo una especie de programa agilizado de documentación de desplazados forzosos. Habría que volcar recursos y atención en Turquía, en las zonas de salida, en las de entrada… para dar soluciones más humanas a lo largo del camino y desde el comienzo.

¿La Unión Europea cambiará después de esta crisis?

Siento que la respuesta ha sido muy rezagada. Parece que va a dar una reunión especial de ministros de salud europeos para discutir el tema… pero el invierno está llegando más rápido que las deliberaciones. No hay más remedio que, ante el invierno y a pesar del rechazo de muchos países receptores, montar un dispositivo humanitario transfronterizo en la zona de los Balcanes y en países como Grecia o Italia, aunque también participen otros países.

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