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Como agua y aceite

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Hay conceptos que por mucho que lo intentes, no parecen que puedan asociarse de forma coherente. En concreto hoy me refiero a la ética y a la política. Bueno, más que a la política como tal, al desempeño de la misma en cargos institucionales que impliquen asignación de recursos públicos. Y es que  el carnaval del que hablábamos hace unas semanas se ha desplegado en todo su esplendor ante la llegada de la primavera electoral que ya estamos viviendo. Las acusaciones y los reproches vuelan por las ondas hercianas, quedan impresas en efímeros periódicos de papel o se transmiten convertidos en ceros y unos por el ciberespacio. El 'echar balones fuera' y el 'y tú más' se han convertido en el pan nuestro de cada día en los medios de comunicación.

En plena precampaña para las municipales y forales de mayo han resurgido -¡qué casualidad!- casos de corrupción o de prácticas de dudosa ética que llevan coleando más o menos tiempo por el sistema judicial. Nos referimos, entre otros, al caso Bidegi, al De Miguel, al Hiriko o a los alquileres del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Entre otros. Son casos que aparecen y desaparecen, como los champiñones, resucitados y alimentados unos y otros por los distintos intereses que creen beneficiarse de ello. Aunque lo único que consiguen es desprestigiar la política y la gestión de lo público y alimentar así el populismo, la respuesta rápida y sencilla (aunque sin fundamentos sólidos) que se materializa en partidos de nuevo cuño y supuesto ascenso fulgurante hasta las cotas más altas de la representación popular.

Y es que estamos, desgraciadamente, curados de espanto en cuestiones de corrupción y comportamientos de dudosa catadura moral. Hemos pasado de desentendernos completamente de estos chanchullos que todos sabíamos que existían, a rasgarnos las vestiduras si sospechamos que se han producido sobrecostes en el último pedido de clips para el ministerio, diputación, gobierno autonómico o ayuntamiento de turno. Y los partidos implicados no pierden votos por ello, o sea que es más 'postureo' que indignación real. ¿Está la sociedad vasca a día de hoy más concienciada contra la corrupción y las actuaciones poco éticas? Pues no pondría la mano en el fuego apostando por el sí. Más bien está sensibilizada si los corruptos son los otros. Los propios merecen todo tipo de cautelas y salvedades, mientras que el resto es crucificado en el altar de la opinión pública (del propio entorno ideológico).

Lo triste de la utilización política y electoralista de la corrupción es que prácticamente deja impunes a los corruptores

Lo triste de la utilización política y electoralista de la corrupción es que prácticamente deja impunes a los corruptores; al promotor que paga por recalificar terrenos, al empresario que gracias a sus contactos en las instituciones se lucra con un proyecto descabellado presentado sin el más mínimo rigor, al que se lo lleva en forma de sobrecostes de obras públicas, etc. En algunos casos si acaban ante la justicia, pero generalmente no se les pone en la picota a no ser que tengan el carnet de algún partido en su cartera. La corrupción es como el cáncer, pero parece que no nos atrevemos a cortar el mal de raíz, a actuar contra estos corruptores que son el origen de un problema que nos sale muy caro. Y no solamente en dinero público, también afecta a nuestra convivencia al cuestionar los principios básicos de nuestro modo de gobierno y de gestión de lo público.

Se equivoca quien piense que la corrupción solamente afecta a determinados partidos políticos. Por desgracia, es un mal que recorre todo el espectro político y que no va a solucionarse con sencillas recetas. Lo bueno de las elecciones municipales, al menos en localidades pequeñas y medianas, es que la ciudadanía vota más a las personas que a las siglas. Vota a personas que conoce y, si de verdad saben que alguien está jugando con el dinero público, le castigarán en las urnas. A estas elecciones municipales y forales se presentan plataformas ciudadanas que se comprometen a cumplir un estricto código ético y a aplicar el principio de transparencia como no se ha visto hasta ahora en ninguna institución. Otros partidos hablan de regeneración democrática. Pero las encuestas siguen otorgando buenos resultados, aunque con descenso de votos, a los partidos que están implicados en todos esos casos de los que hablábamos más arriba, a pesar del desgaste político que sufren por estar gobernando en una época poco favorable para el bienestar de una parte importante de la ciudadanía. Qué razón tenía aquel que decía que el hombre (y la mujer, por supuesto) es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

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