CRÓNICA
Más de 50.000 personas escoltan a La Rama desde la cumbre hasta el mar de Agaete
Son las 05.00 de la mañana, aún es de noche pero es el comienzo de muchas cosas en Agaete. Los hay que están empatando el primer acto del día grande con una noche de parranda y salsa, pero otros han puesto el despertador a las 04.30, se han puesto algo por encima y han salido a escuchar la Diana. En total son más de 50.000 asistentes, según datos no oficiales, a una fiesta que va a durar 24 horas. Hay niños despeinados en la pelela de sus padres, sacados de sus camas- creerán que están soñando-, y atienden al acontecimiento porque un día serán ellos los que lleven sobre sus hombros la responsabilidad de mantener esta tradición. No siempre la Diana fue como se conoce hoy, otrora su sentido era despertar a los rezagados para que no se les hiciera tarde para la fiesta.
Era un paseo solitario de la banda de música, que un año comenzó a ser multitudinario por la travesura de unos parranderos, amigos de los músicos, que se pusieron delante para que no acabara la diana, y por ende, la música, la fiesta. Hoy los que bloquean el paso a la banda se cuentan por miles y la Policía Local, con la paciencia del santo Job, asume la perfomarce de apartar a gente que se resiste con los brazos en cruz, nada dispuestos a marcharse.
Segundo acto: baja La Rama
A las 10.00 de la mañana, el volador puntual anuncia que La Rama desciende desde la cumbre hasta el mar, escoltada por los asistentes, cargada al hombro y llenando de aroma todo el casco histórico del municipio: son aromas de eucalipto, pino canario, brezal, limoneros, que nunca imaginaron que su destino iba a ser ese día ser golpeados contra el mar Atlántico. Todo ese desfile transcurre y en la calle Guayarmina hay una parada obligatoria para saludar a Felo, que ya no habla mucho, pero es un testimonio a gritos de la historia del municipio. Los músicos de la banda se desembarazan del cordón de seguridad para saludarle y mostrarle sus respetos, más que a un alcalde, más que a un ministro, porque Felo les enseñó a todos, a varias generaciones, el arte de la música.
Era Felo uno de aquellos tres traviesos parranderos que cambiaron la historia de la Diana, impidiendo el paso de la banda. Y todo nos lo cuenta su mujer, “desde los 14 años yo me enamoré de él y vivía en la casa de enfrente”, confiesa María Álvarez García. “Gracias a él hay muchas tradiciones en Agaete, como cantarle a la Virgen [de Las Nieves] cuando termina La Rama una canción que se llama- todos los años- ”te quiero más que nunca“.
Cuando se le pregunta a María por su marido asegura que siempre ha sido “un juerguista de mucho cuidado”. Fue pregonero y miembro de la banda musical Los muchachos y en este momento de su vida en que algunas facultades le han dado la espalda, La Rama parece ser su punto de gravedad permanente.
El bochinche del sepulturero se llamaba El Tanatorio
También asiduo a la calle Guayarmina la persona ante la que todos los agaetenses son exactamente iguales: el sepulturero. Hoy, afortunadamente no tiene más trabajo que bailar La Rama y ver cómo la vida y la alegría se abren paso a empujones en un mundo terrible. Habla con esta redacción de un bochinche que tuvo hace años por estas fiestas, desde 1992 hasta 2002.
Se llamaba El Tanatorio, tenía un escalón que no se veía, pero estaba absolutamente lleno de vida, incluso asegura que había “un rincón del amor, donde todo el mundo se terminaba enamorando”. Manuel Andrés Ojeda Moreno, responde a la pregunta de cómo se conjuga eso de tener un trabajo tan cerca de tantos finales con una fiesta como la de hoy. “La muerte pertenece a la vida, si nos lo enseñaran desde pequeños se acabarían las depresiones”.
Los que cobran vida
Protagonistas indispensables de La Rama, basados en personajes reales del pueblo, bailan al son de la Banda Clandestina en la que este año por primera vez hay dos mujeres tocando. Habla con esta redacción la mujer de carne y hueso que ha inspirado a la papagüevo “La Pacoya”. “No todos los días se puede conocer a la persona de carne y hueso y a su papagüevo”, cuenta junto a su hermana, que exculpió la cara de la papagüevo.
“Fue fácil porque es mi hermana y conozco sus expresiones”, confiesa Mercy Cruz Suárez, mientras invita a la prensa a su azotea, un bien tan preciado en un día como hoy tanto como una sombra. Es esta una fiesta larga, habría que dividirse en tres, tomar la poción de los galos o ser de Agaete de toda la vida para llegar al final. Aún queda llegar al mar sorteando a miles de personas con los brazos en cruz, y La Retreta donde los niños iluminan la noche, y a esa hora, cuando los cuerpos no puedan más, antes de la verbena y los fuegos, alguien recordará que esto solo era la víspera.
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