Okinawa: el paraíso tropical al sur del Japón

Las playas son el principal atractivo turístico de Okinawa, aunque esta isla del sur de Japón tiene mucho que ofrecer al viajero inquieto. Nicholas Wang

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Aquí viven una buena parte de los centenarios del mundo. Dicen que el secreto de la longevidad reside en la combinación equilibrada de una dieta rica en pescado, carnes magras y vegetales (marinos y terrestres) y la tranquilidad. Gentes tranquilas que viven en un paraíso subtropical y con uno de los estándares de calidad de vida más altos del mundo. Los habitantes de Okinawa viven con un ikigai –propósito de vida- basado en la paz, la tranquilidad y la buena vecindad. Un lugar que ha sido sacudido por tres enormes tragedias que marcaron su historia (y que repasaremos más adelante) pero que ha sabido sobreponerse a las dificultades y mantener su moai, el ideal de vida comunitaria basado en la solidaridad y la mutua ayuda. Cuando una piensa en Japón piensa en las grandes ciudades de Honsu, la isla en la que se encuentran Tokio, Kyoto o el Monte Fuji (entre otras muchas cosas, claro está – como el Nakasendo del que ya te hablamos en otro artículo -).

Pero hay un Japón al norte de Honsu (la espectacular Hokkaido) y un Japón al sur de Honsu (en realidad Kyushu). Un Japón que apunta hacia el Ecuador en una sucesión de islas de aspecto tropical con playas de arena blanca y arrecifes de coral. El Archipiélago de Ryukyu es el exponente máximo de ese Japón distinto y aún más exótico. Un Japón con una marcada identidad propia que se manifiesta a través de pequeños detalles como los Shisha, pequeños perros de piedra o cerámica que se coloca en puertas y tejados para dar suerte y que derivan de los Leones Fu chinos –son excelentes souvenirs- o en grandes singularidades como el idioma o el sentimiento de pertenencia a una etnia diferente a la japonesa.

Un poco de Historia: De los años dorados de Ryukyu al infierno de la Guerra

Antes de Okinawa fue Ryukyu. Ya desde edad muy temprana, la isla se convirtió en un centro de comercio muy activo en el Mar de China. Como sucedía en las otras islas del Japón, los señores feudales se repartían el territorio y vivían en un precario equilibrio de fuerzas con luchas periódicas y precarios sistemas de alianzas. En Okinawa había tres territorios: Hokuzan en el norte, Chuzan en el centro y Naha, que acaparaba la mayor parte del tráfico marítimo, en el extremo sur. Una de las interminables guerras acabó con la victoria de Chuzan que unificó el reino, centralizó el poder en el Castillo de Shuri y obtuvo el reconocimiento de la monarquía china. Esto sucedió a principios del siglo XV y supuso el inicio de un periodo de prosperidad para Okinawa y las pequeñas islas adyacentes que formaron el Reino de Ryukyu, una entidad que sobrevivió más de cuatro siglos hasta la anexión japonesa. China, que recibía tributo de Ryukyu, fomentó la riqueza de este enclave marítimo que se convirtió en un centro de logística comercial entre China y el Sudeste Asiático con rutas comerciales regulares a puntos tan lejanos como Java o Sumatra donde se obtenían productos llegados desde el mundo islámico. La influencia naval china aún persiste en costumbres como las regatas de barcos dragón que se celebran en Naha durante la Semana Dorada (del 25 de abril al 5 de mayo) y recuerdan a las traineras vascas.

A finales del siglo XIX, el Reino de Ryukyu fue uno de los primeros territorios del lejano oriente en sufrir el expansionismo del Imperio Japonés. La primera invasión tuvo lugar en 1609. Desde entonces, el reino disfrutó de mayo o menor grado de autonomía hasta la incorporación efectiva al Japón de 1879, como consecuencia de la Revolución Meiji. Medio siglo después, la isla fue el escenario de la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial. La Operación Iceberg pretendía invadir la isla y convertirla en una especie de base de avanzada desde la que estadounidenses y británicos lanzaran el último ataque a Honsu, la gran isla del Archipiélago japonés. La batalla fue feroz; duró tres meses y mató a un cuarto de millón de personas (210.000 japonenes, la mitad de ellos civiles). Dicen que la resistencia fanática de las tropas japonesas fue el detonante de la decisión de los ataques nucleares a Hiroshima y Nagasaki aunque la historiografía moderna se inclina a que fue el miedo a una invasión rusa la que precipitó la capitulación japonesa.

En el extremo sur de la isla, sobre imponentes arrecifes de coral, se encuentra el Memorial de la Paz (614-1 Mabuni –Itoman-; Tel: (+81) 098 997 3844; E-mail: webmaster@peace-museum.pref.okinawa.jp ) un centro en el que se hace una descripción descarnada y dura de la batalla centrando el discurso en el sufrimiento de la población civil. Ya fuera del museo, los nombres de las víctimas escritas en piedra se extenderían por varios kilómetros si se colocaran de manera lineal. Los campos de batalla se extienden por toda la isla. Un lugar interesante, para los amantes de la historia bélica, es el Cuartel Subterráneo de la Armada Imperial Japonesa (236 Tomigusuku -Tomigusuku-shi-; Te: (+81) 98 850 4055), un complejo de túneles y bunkers que han sido habilitados para la visita y se han convertido en un museo en el que se exhiben objetos encontrados en el lugar (armas, herramientas, vestimentas, documentos…) y abundante material gráfico sobre la batalla. Las laderas artificiales de este antiguo bunker militar hoy son un campo para juegos infantiles. Una preciosa manera de mirar hacia adelante sin olvidar lo que pasó (algo que en España aún no sabemos hacer).

Los ecos de la guerra están por todos lados. Pero lo importante de Okinawa es que es un lugar precioso; un sitio bellísimo más allá de la importante carga de dolor histórico que arrastra a consecuencia de la batalla. Pero la historia de Okinawa va mucho más atrás que esas tres tragedias. El Castillo de Shuri (1 Chome-2 Shurikinjocho; Tel: (+81) 98 886 2020; Ver Horario) es el símbolo de esa historia que se remonta muchos siglos atrás. Sede del antiguo reino de Ryukyu, ha sido destruido y reconstruido varias veces, la última hace apenas unas décadas después de los daños que sufrió tras la batalla de la Segunda Guerra Mundial. En el entorno del castillo aún pueden verse trazas de la antigua capital como las calles de Kinjo o el Tamaudum (1-3 Kinjo-cho, Shuri; Tel: (+81) 098 885 2861), antiguo mausoleo de la familia real del antiguo reino. Como sucede en otras partes de Japón, el crecimiento urbanístico se ha comido, literalmente, el sur de la isla y las ciudades y pueblos se apelotonan en torno a Naha, la capital, formando un abigarrado centro urbano que ocupa casi una cuarta parte de toda la geografía insular.

Naha es la típica ciudad japonesa donde lo ultramoderno se combina con lo tradicional; dónde el culto a los antepasados y al gigantesco panteón sintoísta conviven con el consumismo exacerbado. La calle Kokusaidori es la principal arteria comercial de la ciudad; con neones, tiendas para todos los gustos, restaurante y todo lo que el capitalismo elevado a la enésima potencia es capaz de ofrecer (a dos pasos de aquí se encuentra el Museo de Cerámica de Tsuboya y el Mercado de Makishi –ver mapa- donde han, a parte de un impresionante mercado de pescado, muy buenas opciones para comer). A apenas unos kilómetros se encuentra el Santuario Sintoista de Naminoune (Wakasa1-25-11 Naha; Tel: (+81) 098 868 3697) un precioso templo aupado sobre una peña que parte una playa de arenas blancas y aguas turquesas. Esto es Japón en estado puro: un lugar dónde lo tradicional se mezcla con lo moderno y hasta lo kitsch. Otros lugares interesantes cerca del centro de Naha son Nakagusuku, una colina dónde puedes ver las ruinas de un antiguo castillo y un templo budista bastante bonito, y la Cueva de Gyoku Sendo una imponente cavidad cuajada de impresionantes estalactitas y estalagmitas que se encuentra dentro de un parque dedicado a la cultura tradicional de la isla.

El norte exuberante

Naha y sus ciudades satélites ocupan el tercio sur de la isla. Más allá de Uruma, cuando dejas atrás la pista de la gigantesca base norteamericana, el paisaje cambia de manera brutal y los verdes se adueñan de todo. O los azules, como los que se pueden ver desde el Cabo Mazamo, verdadera puerta de entrada a las maravillas de la costa norte. Los turistas japoneses y coreanos se agolan en masa en las cristaleras del Parque Maritimo de Busena (1-1744 kise, Nago-Shi). No es una mala manera de acercarse a la extraordinaria riqueza de los fondos marinos de la isla. Hay un pequeño museo, un observatorio submarino y barcos con fondos de cristal que recorren la bahía. Las aglomeraciones son cosa corriente por esta parte del mundo. Si no te gustan los empujones y quieres ver la riqueza de los fondos de la isla sin más intermediarios que unas gafas y un tubo puedes ir hasta Playa Esmeralda, un verdadero paraíso de arena blanca protegido por un arrecife de coral en el que puedes ver miles de peces. Ahí mismo, casi a pie de playa, se encuentra el Acuario Churami (424 Ishikawa; Tel: (+81) 980 483 748), uno de los más grandes del mundo.

El norte de la isla es un auténtico vergel. Aquí se encuentran algunas de las mejores playas (como la de Okuma) pero, también, los restos de bosque nativo más importantes. Y escondidos en las frondas lugares realmente mágicos como las Cataratas de Hiji, el Bosque de Kunigami o el sendero que asciende al Monte Yonaha, en el Parque Nacional de Yanabaru. Camino del Cabo Hedo, que marca el extremo norte de la isla, no es mala idea darse un paseo por el Parque Forestal de Daisekinzan, lugar donde se encuentra la Montaña Oishi, uno de los monumentos naturales más simbólicos del Japón.

PLANES PERFECTOS

Ir a la Playa .- Las playas son el principal reclamo de la isla. Algunas ya te las hemos mencionado en el artículo principal. Puedes localizar las playas propuestas en el mapa. En la zona norte, los mejores arenales son los dePlaya Esmeralda; Yagaji;Okuma; la playa del Sun Hotel en Koki y Fuchaku. En la zona central, las playas que te proponemos son Araha Park, Playa Maeda –muy tranquila y con impresionantes arrecifes de coral- y Zanpa –con enormes charcos de aguas tranquilas ideales para los niños-. En la zona sur, las playas más recomendables son la Playa de Bibi; las calas y playas de arena que se suceden en la costa de Odo –para nosotros las más bonitas-; Nashiro y Mibaru.

Visitar un baño tradicional japonés .- Los Onsens son lugares donde uno puede olvidarse, literalmente, del mundo. Los grandes hoteles de la isla cuentan, por norma general, con salas de spa donde puedes tomar baños al más puro estilo japonés. Lamentablemente no pudimos encontrar casas de baño tradicionales –los buscamos-. Lo más parecido que pudimos probar es el Enagic Natural Onsen Aroma (Ōyama, 7 -Ginowan-; Tel: (+81) 98 8981 126), que aunque es una instalación moderna respeta el espíritu de los baños tradicionales japoneses.

Una excursión a las islas Kerama .- Es otro de los planes imprescindibles. Y si puedes quedarte al menos una noche aquí pues mejor. El principal reclamo de este pequeño archipiélago situado a pocas millas de la isla principal (el puerto de acceso es el de Naha) son sus impresionantes playas y arrecifes de coral. Entre los meses de enero y marzo se pueden ver ballenas jorobadas.

Bucear en Minna Jima .- Esta pequeña isla con forma de medialuna se encuentra a apenas 20 minutos en transbordador del puerto de Lejima. No sólo destaca por sus imponentes playas. Es uno de los mejores lugares de Okinawa para ponerse las gafas y el tubo y explorar las aguas someras protegidas por el coral. Es una excursión más que recomendable.

Fotos bajo Licencia CC: David Renton ; Nelo Hotsuma ; Bryan ; Nelo Hotsuma ; Okinawa Steve ; nyamaru kamome ; Nicholas WangNicholas Wang.

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