Un viaje al Mourne irlandés: Dundalk, el Ring of Gullion y Newry

Ring of Gillion. Este antiguo cráter volcánico es uno de los escenarios de las leyendas del Ciclo del Úlster.

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En esta parte del mundo hablar de frontera es ahondar en una herida que nunca acaba por cerrarse. Uno va y viene por estas encantadoras carreteras rodeada de campos verdísimos y pasa de un ‘país’ a otro sin darse cuenta. En sentido estricto, la comarca del Mourne se encuentra en territorios de Irlanda del Norte. Ahí, más allá de esa frontera que tanto duele. Pero para entender lo que vamos a ver en los próximos dos días hay que empezar a este lado de la raya. Empezamos por Dundalk. República de Irlanda. A poco más de una hora y media de Dublín (apenas 83 kilómetros). ¿Y por qué Dundalk? Porque las montañas que nos encontramos entre esta pequeña ciudad y el estuario del Newry (el cauce de agua que separa a las Irlandas) son una continuidad de ese Mourne mítico: los mismos paisajes. Los mismos dólmenes. Los mismos círculos de piedra… Los mismos pubs maravillosos (ver iconos azules en el mapa).

EL noreste de Irlanda es uno de los paisajes culturales más intensos de Europa. Estamos a dos pasos del Valle del Boyne, ese lugar donde se acumula la mayor concentración de arte funerario megalítico del mundo (donde reinan sobre cientos de tumbas de corredor los espectaculares túmulos de Newgrange y Knowth). A dos pasos de Dundalk podemos visitar muestras más modestas: el Dolmen de Proleek no tiene la fastuosidad de los corredores del Boyne, pero su imagen es uno de los símbolos de la Irlanda prehistórica. El Carn de Clermont, el Anillo de Lissachiggel o el Creig imirt na cártaí son viejas piedras en torno a las que se han hilado esas leyendas y supersticiones que hacen de esta isla un lugar único.

Piedras con historia. Restos de la Tumba de Corredor de Ballymacdermott.

Una dama española de más de dos metros.- En las montañas de Dundalk hay un lugar curioso que recibe el nombre de ‘La Tumba de la Mujer Alta’. Según se cuenta, aquí reposan los restos de una noble española que se casó con un irlandés y quedó muerta en el acto en el momento que vio las tierras de su esposo y comprendió que le esperaba la miseria.

Dolmen de Proolek. Cada monumento megalítico de esta zona está relacionada con las viejas sagas de la mitología irlandesa.

El modesto Museo del Condado de Dundalk (Jocelyn Street, 8) se sitúa en un viejo almacén del siglo XVIII que sirvió de silo de grano de una famosa destilería local. Es un centro modesto, pero tiene unas colecciones prehistóricas muy notables (también se guardan algunos objetos curiosos relacionados con Oliver Cronwell, uno de los muchos demonios de la historia irlandesa). Una visita nos pone sobre aviso de la enorme riqueza arqueológica de esta zona de la isla. Y de paso nos deja la oportunidad de dar un paseo por esta pequeña ciudad para descubrir algunos de sus encantos: la Catedral de San Patricio (Roden Place) o el entorno de Market Square.

Catedral de San Patricio de Dundalk.

Dos castillos en las afueras de Dundalk.- Irlanda es tierra de castillos. Muchas de las fortalezas de la nobleza feudal se convirtieron en los siglos XVII y XVIII en esas Manor Houses que enseñorean las grandes propiedades de las Islas Británicas; pero un buen puñado quedaron suspendidas en el tiempo y son testigos de aquellos siglos antiguos. Muy cerca de Dundalk nos encontramos con el Castillo de Cú Chulainn's (acceso desde Castletown Road). Lo que podemos ver hoy formaba parte de la red de fortalezas del Conde del Ulster construidas en el siglo XII, pero para los irlandeses esto es un lugar con una gran carga simbólica. Según las leyendas, aquí se alzaba el antiguo poblado gaélico que vio nacer al héroe Cú Chulainn, uno de los semidioses más importantes de la mitología irlandesa y escocesa.

Torre de Cú Chulainn's. Este castillo normando es, según la tradición, el lugar de nacimiento de uno de los héroes más importantes de la mitología del país.

Un poco más alejado de la población está el Castillo de Roche (acceso desde el Camino de Ballinfuil). Esta fortaleza también data del siglo XII y es el escenario de varias historias de asesinatos y fantasmas (dicen que la poderosa Lady Rohesia de Verdun, una de las damas más insignes de la nobleza normanda, mató al constructor de la fortaleza para ocultar la localización de una cámara llena de tesoros). El castillo está en ruinas desde el siglo XVII, cuando las tropas de Cronwell arrasaron Irlanda.

Arroyo en el corazón de Slieve Gullion Forest Park.

El Ring of Gullion.- Otro de los grandes hitos de esta parte de la isla (ya en territorio de Irlanda del Norte). Este lugar es el gigantesco cráter de un volcán que colapsó creando una serie de grandes anillos y montañas que forman un paraje de gran belleza. Aquí vas a encontrar algunas de las manchas de bosque nativo más importantes del país: como el Slieve Gullion Forest Park, un exuberante vergel donde mandan el roble, el haya y los brezales y que también fueron el escenario de algunos de los episodios heroicos del Ciclo del Ulster, una serie de historias ambientadas en la Irlanda precristiana que forman el corpus de la mitología local.

Una de las iglesias de Killeavy. Esta comunidad monástica se fundó en el siglo IV y fue clave para la cristianización del norte de Irlanda.

Más allá de su importancia natural, el Anillo de Gullion es un espacio cultural de primer nivel donde se mezclan la historia y los mitos. De tiempos prehistóricos quedan rastros de gran importancia como el Dolmen de Ballykeel (Ballykeel Rd, Mullaghbawn), una típica tumba de portal del Neolítico, la Tumba de Corredor de Ballymacdermott (Bernish Rd, Newry) y el Cairn de Clontygora (Ferryhill Rd, Cloughoge), un espectacular conjunto de monumentos megalíticos que incluyen un gran círculo de piedras y una tumba de corredor. Pero el gran monumento histórico del ‘Anillo’ son las Viejas Iglesias de Killeavy (Church Rd, Killeavy), restos de uno de los conventos históricos más importantes de toda Irlanda. Esta comunidad monástica se fundó en el siglo VI aunque las estructuras que podemos ver hoy datan de los siglos X y XI. Esta fue una de las puntas de lanza de la cristianización del norte de Irlanda.

Interior de San Patricio y San Colmán, en Newry.

Fin de etapa en Newry.- Para terminar esta primera jornada a salto de fronteras entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte hacemos una escala en la pequeña ciudad de Newry. Es esta una ciudad relativamente joven, pero la abundancia de tumbas megalíticas y algunas torres circulares a orillas del Río Newry ponen de manifiesto que esta zona del país no es muy distinta al resto de estas comarcas. En la ciudad hay que prestar atención al Castillo de Banegal (Abbey Way, sn), una casa fortificada del siglo XVI que alberga la sede del Museo de Newry y Mourne. Las colecciones históricas no son nada del otro mundo, pero las prehistóricas son muy interesantes. El otro gran monumento de la ciudad es la Catedral de San Patricio y San Colmán (Hill Street, 38), una de esas iglesias del XIX hecha en estilo neogótico que dan el pego. Un poco más antigua (del siglo XVIII) pero no tan espectacular es Santa María (John Mitchel Place).

Fotos bajo Licencia CC: Can Pac Swire; Yohan Riou; Richard Browne; Paula Funnell; Jed Shevlin; Geoff McHugh; Hannes Hiller; Robert Campbell

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