Un viaje al Mourne irlandés: una ruta por las montañas más bonitas de Irlanda del Norte
El Mourne irlandés está considerado por las gentes de la Isla Esmeralda como un “paisaje de belleza excepcional”. Y que las mujeres y hombres de esta joya que es Irlanda digan que este lugar es bonito da buena muestra de que estamos ante uno de los parajes más bonitos del país. Los Na Beanna Boirche (así se llaman estas montañas en gaélico) son una sucesión de montes graníticos que se encuentran en el límite este de la isla y que rozan los 900 metros de altitud (nada despreciable en una isla donde la altura máxima apenas supera los mil). Parajes duros de roca y hierbas que ha sido moldeado por miles de historia de presión humana. Los miles de kilómetros de muros de piedra que cruzan los paisajes son un ejemplo de la intensa explotación ganadera del lugar a lo largo de los milenios.
Ovejas. Ovejas para parar un tren. Esta zona de la isla, donde confluyen las dos irlandas, son uno de los escenarios del llamado Ciclo del Ulster. Este conjunto de cuentos y leyendas situadas en torno al siglo I antes de Cristo giran en torno al Táin Bó Cúailnge (robo de ganado) y a las guerras que enfrentaron a dioses, héroes, reyes, reinas (como la mítica Maeve) y gigantes creando las bases de la cultura irlandesa. El ganado es uno de los grandes ejes de la cultura local. Y eso deja huella en el paisaje. Pero en los últimos años, se ha producido un movimiento de ‘restauración’ medioambiental que pretende recuperar los bosques perdidos tras más de dos milenios de presión ganadera.
Y en el Mourne nos encontramos con el Rostrevor Forest donde prospera uno de los bosques atlánticos más grandes de toda la isla. Este es un buen lugar para comprender Mourne. Este bosque se organizó en torno a las apenas 15 hectáreas de robledales que quedaban cerca de la aldea de Rostevor. El ganado y la construcción naval aniquilaron los bosques irlandeses que a mediados del XIX ya no eran más que pequeñas manchas dispersas. El Mourne es un ejemplo claro de esta presión. Hierba y pequeños brezales que se refugiaron en las zonas a las que el ganado no llega. Hoy, pasear por Rostrevor Forest es poder imaginar esa Irlanda ancestral tapizada por bosques umbríos donde habitan hadas, elfos, espíritus y druidas. Si vienes hasta aquí tienes que subir hasta Cloughmore Stone. Aquí te vas a encontrar con una mole de piedra pulida que se yergue solitaria en lo alto de una colina desde hace unos 20.000 años. La ciencia dice que la ‘Gran Piedra’ fue empujada hasta allí por los hielos glaciares, pero los irlandeses tienen otra teoría: fue arrojada por el gigante Fionn mac Cumhaill desde las Montañas Cooley (al otro lado del estuario del Carlingford Lough).
La única manera de comprender este espacio en toda su dimensión es tener en cuenta que más allá de ser un espacio natural o cultural, esta zona del mundo es un escenario mítico donde la historia tiene el mismo o menor peso que las leyendas. Y de esta manera lugares como Goward Dolmen (2 Goward Rd, Hilltown) comparten su significado utilitario de tumba de corredor de la Edad del Hierro, con el de ser la mismísima ‘Piedra Dentada de Finn McCool’, un gigante que la transportó con sus manos (si te fijas bien puedes ver las huellas de los dedos) para que sirviera de techo de su cabaña. Irlanda pura. Irlanda maravillosa.
La Kilked Road y el corazón del Mourne.- Las carreteras de montaña de Irlanda son una maravilla. Caminos asfaltados a duras penas de estrecheces y curvas imposibles que te obligan a ser precavido con la velocidad. Y eso se agradece. La Kilked Road (B27) parte desde el pequeño pueblo de Hilton (si te gustan los lugares históricos ve a ver la Mota de Ballymaghery, los restos de una antigua torre normanda) y se interna en el corazón de las Mourne a través de un paisaje de prados y brezales que poco a pocos van dejando lugar a las hierbas duras de las montañas. Poco a poco se imponen las alturas y la carretera se convierte en una serpiente negra de curvas imposibles hasta llegar a Spelda Dam, un precioso lago de montaña donde se produce un curioso efecto óptico en el que las colinas hacen ver una cuesta abajo evidente como una subida. Como te decíamos, es sólo una ilusión óptica (la gente suele dejar los coches en punto muerto), pero cuando estuvimos por Newcastle (al norte de las Mourne) nos dijeron que eso era cosa de duendes. Y lo dijeron bien serias las señoras…
Uno de los puntos culminantes de esta sucesión de colinas que se creen montañas es llegar hasta The Wall. Los grandes muros de piedra seca que sirven para dividir campos y mantener a los ganados alejados de los prados son una de las señas de identidad de la cultura irlandesa. El Muro del Mourne es una de las infraestructuras de piedra seca más grandes de la isla y aunque su construcción es reciente (principios del siglo XX), ver esta sucesión de hiladas de piedra (casi metro setenta de alto) que se extiende por 35 kilómetros subiendo picos y conectando vaguadas (se hizo para que los animales no contaminaran las fuentes de los arroyos) impresiona.
Una de las caminatas típicas del Mourne sigue el trazado del muro hasta su pico más alto: el Slieve Donard con 850 metros de altitud. Allí puedes disfrutar de unas vistas impresionantes (hay rutas más cortas aunque con mayor desnivel desde Newcastle por el valle del Glen River y desde la costa) pero también de otro de esos lugares que resumen el alma irlandesa. La montaña recibe su nombre de San Donard que, según la tradición, construyó aquí un modesto eremitorio. Pero junto a la cumbre puedes ver un par de tumbas prehistóricas que la miología local atribuye a las reinas a Boirche y Shángla, un matrimonio de pastores con poderes sobrenaturales que cuidaban del lugar e impedían que se pudiera llegar a ciertas cuevas que comunicaban el mundo de los vivos con el de los muertos. Por cierto, las Mourne en irladés reciben el nombre de Na Beanna Boirche. No sabemos por qué obviaron el nombre la esposa. O peor. Sí lo sabemos.
Robles, cascadas y Juego de Tronos.- En el extremo norte de las montañas hay otro de esos lugares que se han convertido en un pequeño paraíso donde podemos ver como eran los bosques irlandeses. Tollymore Forest Park ocupa el extremo noroccidental de las Mournes en un lugar donde se concentran varios arroyos que nutren al Shimma River. Este lugar se salvó de la deforestación gracias a las aguas del río que es un verdadero paraíso para la trucha y el salmón. Un camino permite recorrer las riveras y flipar con los robledales, las hayas, los puentes de piedra y los saltos de agua. Aquí se rodaron varias escenas de Juego de Tronos.
Newcastle, Murlough Beach y el Glen River Valley.- Terminamos esta ruta por el Mourne irlandés en la pequeña ciudad costera de Newcastle. Aunque la ciudad se ha expandido con los típicos barrios de chalets que inundan la costa de Irlanda, aún puede rastrearse su origen como pueblo de pescadores en el eje que forman Newcastle Harbour y la Iglesia de San Juan (Central Promenade, 161). King Street y Central Promenade forman la espina dorsal de la ciudad y muestra la típica trama urbana de casitas de piedra pintadas con tonos pastel. Si te gustan los pubs irlandeses no dejes de tomar un par de pintas en O’Hares (Central Promenade, 21).
La fama de la ciudad como destino de vacaciones se debe a la propia cercanía del Mourne y a la impresionante Murlough Beach, una de esas playas irlandesas de arenas blancas y aguas tan limpias como gélidas. Desde aquí también parte el sendero más concurrido y corto de los que ascienden hasta Slieve Donard. Aunque no lo hagas entero intérnate unos kilómetros por el valle del Río Glen. Es un lugar increíble. Los primeros pasos se dan entre robles y abetos en un bosque de cuento.
Fotos bajo Licencia CC: Bill Strong; Johan; Tony Bowden; John Doe; Sporran; Ania; Phil Rogers
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