Almunia, Beppe, Italia y España

De acuerdo con el Comisario europeo de la Competencia, el español Joaquín Almunia, “las razones que han llevado a los resultados en Italia y a sus enormes dificultades de gobernabilidad no se encuentran en Bruselas, se encuentran en Italia”. Pero, ¿son los problemas de Italia solamente debidos a causas italianas? ¿Y es Italia tan ingobernable como en apariencia parece ser el caso?

Los problemas de Italia tienen que ver con Italia, por supuesto, y con su estructura política y económica, pero probablemente se han visto afectados por la cura de austeridad que, entre otras instituciones, la Comisión Europea ha impuesto a este país. Incluso instituciones tan poco sospechosas de ser peligrosamente marxistas, como el FMI, están diciendo en sus últimos informes que las políticas de austeridad no funcionan, y que incluso pueden estar empeorando el desempeño económico de algunos países severamente afectados por la crisis. Por tanto, la Comisión Europea, con declaraciones como las de Almunia, se estaría situando no ya en la ortodoxia económica, sino mucho más allá de ella, en su extremo más radical.

Parece sorprendente que un socialdemócrata español se ponga en el lado más extremo de la defensa de las políticas de austeridad que está propiciando la Comisión europea desde que comenzara la crisis. Parece, pero en realidad, no lo es: como señala Robert Fishman (2012), un reputado experto sobre España, “en materia de política económica y mercado de trabajo, PP y PSOE han sido siempre prácticamente iguales”, es decir, liberales. Es posible que sea esta precisamente la razón de la “rotunda” declaración de Almunia en relación con Italia. En efecto, el establishment español y europeo parece haber lanzado toda su artillería pesada para intentar desacreditar los resultados electorales en Italia, que tienen como claro vencedor a Beppe Grillo. Pero no hay un mínimo intento por intentar analizar de manera objetiva qué dice Beppe Grillo ni si los problemas de gobernabilidad de Italia son tan reales.

Vayamos a lo primero. El programa político del Movimiento está aquí, y recomiendo su lectura. Por ejemplo, en materia de regeneración política, plantean cosas tan sensatas como limitar a dos los mandatos de los representantes políticos y de “cualquier magistratura pública” o que la aprobación de cualquier ley esté subordinada a su efectiva “cobertura financiera”.

En materia económica, proponen aspectos (esto seguro que le interesa al comisario de la Competencia) como “abolir el monopolio de facto de Telecom Italia, Autostrade (la compañía que gestiona las autopistas en este país), ”introducir un sistema de responsabilidad de las instituciones financieras sobre sus productos financieros con una coparticipación en las eventuales pérdidas que se produzcan como consecuencia de su venta“ o ”prohibir las participaciones accionariales entre bancos e industria y viceversa“.

Es decir, como vemos, Beppe Grillo no está proponiendo la dictadura del proletariado, ni nada que muchos partidos españoles, incluso tradicionales, no estén al menos pensando en este momento tanto en el terreno económico como en el político. Viendo el programa del Movimiento de las Cinco Estrellas, lo que sorprende es su prudencia en algunos aspectos y que alguien pueda alguna vez haberle acusado de ser antipolítico.

Segundo, problemas de gobernabilidad. En algunas ciudades italianas, el PD y el Movimiento Cinco Estrellas ya están colaborando, con éxito además. Podrían trasladar esa colaboración al ámbito nacional. En realidad, si nos fijamos bien, lo que ha pasado en Italia ha sido lo siguiente: las fuerzas de izquierda (y la de Beppe Grillo lo es, se quiera decir lo que se quiera decir sobre ella), han sumado más del 50% del voto tanto para la Cámara como para el Senado, arrasando no solamente al candidato de la Comisión Europea, Mario Monti, sino también cerrando la puerta a la vuelta de la extrema derecha que representa Berlusconi.

Por tanto, la jugada ha sido maestra, porque el Movimiento de Beppe Grillo ha movilizado y arrastrado tras de sí a un electorado más de izquierdas, más radical, que nunca hubiera votado, en su mayor parte al menos, al PD de Bersani. El resultado es que Italia es de izquierdas por primera vez en mucho, mucho tiempo. En lugar de denunciar los problemas de gobernabilidad de Italia, quizá deberíamos tomar nota en España de la estrategia seguida por la izquierda en ese país.