Utopía total: mundo facha y de prosperidad
Entramos, aquí, en España, en una semana marcada por la visita del Papa. Lo sabéis bien quienes, en Madrid, Barcelona, Tenerife o Gran Canaria ya lidiáis con los líos de los preparativos. Pero, creyente o no, la mayoría de la gente, en el mundo, actuamos como si no hubiera más vida que esta, de carne y hueso, sobre la Tierra.
Por diferentes que seamos, compartimos como especie el deseo de poder desarrollar nuestras existencias con salud y amor, en una buena casa, con un empleo que nos guste y nos dé el dinero para mantenernos, y con tiempo para gozar de algún ocio y no sentir que solo existimos para producir. Un programa cada día más inalcanzable hasta en el Occidente, la Europa, la España que veníamos siendo lugares privilegiados.
En democracia, la gente vota a sus representantes políticos para que velen por sus intereses. Lógicamente, si ven que las legislaturas pasan y sus expectativas de vida no mejoran, sino que se estancan o empeoran y, peor aún, todo bajo un diluvio de noticias, ciertas, falsas e hinchadas, acerca de la corrupción de los dos principales partidos, a derecha e izquierda, PP y PSOE, la gente se frustra y enerva. Hasta aquí todo entendible.
¿Desde cuándo el fascismo arregla algo?
Lo extraño es, ¿cómo no surge una ola social que pida cuentas al capitalismo, achacándole que su Evangelio del Libre Mercado, la competencia y la Ley de la Oferta y la Demanda, no está cumpliendo su Buena Nueva de prosperidad?
Al contrario, se da por inevitable que la naturaleza injusta del capitalismo irá siendo cada vez más salvaje, sacrificará a más gente, de la clase obrera y media, para beneficio de unas élites más pequeñas y más obscenamente ricas.
La gente ve que el sistema democrático capitalista no garantiza sus expectativas. Pero en vez de exigir que se controle a las élites explotadoras globales, está permitiendo, por acción y omisión, el ascenso del fascismo, rendido a esos ricachones, y que aún empeoraría más sus vidas.
Nadie quiere caer, ni que caiga su familia. Quizá, deben pensar, si apoyan que se niegue toda ayuda a los inmigrantes, ellos puedan recibir algo. Incluso gente que ha sido la primera de su estirpe en tener estudios universitarios gracias a la enseñanza pública, mete a sus hijos en la concertada como si el estatus se contagiara. Y consienten el destrozo de la sanidad pública ajenos al día en que el cáncer irrumpa en sus vidas y Quirón o Sanitas se los quite de encima porque el coste del tratamiento oncológico los convierta en “pacientes no rentables”.
La inmensa mayoría española no confía en Vox para gestionar España. Solo un 16% los votaría en las generales, según el CIS de mayo. Pero es ya muy preocupante la sucesión de pactos de gobierno PP-Vox, asumiendo postulados supremacistas, en Aragón, Extremadura, Castilla y León y el que se hace esperar, pero llegará en Andalucía… anticipando el que Feijóo está dispuesto a firmar con Abascal.
Es un delirio que el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, insista en no darse por aludido por la amenaza de echar de Europa a los no blancos, defendida por su compañera Rocío de Meer en la cumbre de Oporto. Quizá, como las sociedades que sucumben al fascismo, él calle por miedo o esperando que la sumisión lo salve.
Todo esto ocurre en plena oleada de victorias en Latinoamérica de derechas extremas y ultraderechistas, como en la recién celebrada primera vuelta en Colombia donde el ganador es un exaltado que amenaza con “destripar a la izquierda”. Pasa cuando la UE asume ideas xenófobas que ya han contaminado al gobierno socialista danés para echar a inmigrantes de Europa rumbo a lugares ¡“tan seguros” como el Afganistán gobernado por los talibanes! Sucede cuando el neofascismo global, Vox incluido, acaba de celebrar una cumbre supremacista en Oporto defendiendo la deportación de Europa, no ya sólo de los inmigrantes, sino de quienes no sean blancos, como su secretario general, Ignacio Garriga, aunque él no se dé por aludido.
¿Plantarse o achantarse?
El espíritu fascista está contaminando tanto ya nuestras sociedades democráticas que esta semana hemos visto, en Valencia, a un policía dar un empujón brutal que le ha partido el tabique a una profesora jubilada y a dos sindicatos policiales justificarle con unos comunicados de lenguaje intolerablemente hostil hacia la delegada del Gobierno.
Hay una violencia abriéndose paso, como en aquellas familias donde el carácter bronco del padre, pasa de los insultos, amenazas y vejaciones al guantazo. En la familia que como sociedad formamos, tenemos que abrir los ojos al peligro, no caer en minimizarlo y menos aún justificarlo y, sobre todo unirnos y actuar. Denunciar el fascismo, aislarlo y vencerlo. Pese al miedo de ponerse firme, de señalarse, porque por más arriesgado que sea, achantarse es aceptar vivir en el pánico. E incluso poder llegar al peor desenlace.
La violencia fascista se abre paso como en las familias donde el padre bronco pasa de los insultos al guantazo. En la familia que como sociedad formamos no debemos minimizarlo y menos justificarlo sino unirnos y actuar juntos, pese al miedo con el que quieren achantarnos. Porque firmes y unidos podremos protegernos y salvarnos.
¿Las mujeres creemos que las injusticias que sufrimos se arreglarán o empeorarán con un gobierno rendido al fascismo? ¿La gente trabajadora estima que ganará más dinero o que se dejará el que tiene en deudas de estudios y médicas? ¿Las familias pensamos que las vidas de nuestras hijas, hijos e hijes serán más felices o desgraciadas si los homófobos gobiernan? ¿Las gentes de cada autonomía consideramos que un gobierno facha impulsará o aplastará el desarrollo de nuestras identidades? ¿Las y los empresarios españoles podrán subsistir en un sistema rendido a los cinco megarricos del círculo de Trump? Esos que están intentando quedarse una paradisíaca isla de Albania, para hacer un resort que recuerda al del pederasta Epstein, sobre un suelo lleno de túneles antinucleares que podrían protegerles de la catástrofe atómica que no descartan causar.
¿Qué progreso y bienestar trajo el fascismo a Europa en los años 40? ¿Y el franquismo a España entre 1936 y 1975, cuando éramos un país atrasado, pobre, emigrante, atemorizado, machista, intolerante, donde se torturaba, se impedía opinar, manifestarse, reunirse con libertad, donde el dictador y su corte se enriquecían y abusaban, corruptos hasta la médula, y en el que disentir se castigaba hasta con el garrote vil, como se ejecutó, en 1974, a Salvador Puig Antic?
Recordemos y no caigamos en la trampa de entregar nuestros sueños a quienes, lejos de ayudarnos a alcanzarlos, se están organizando, son financiados y actúan para embaucarnos e impedirnos realizarlos.