Por un 28 de junio con reconocimiento de derechos y orgullo crítico
Este junio las calles volverán a llenarse con el Orgullo LGTBIQ+ para celebrar las libertades conseguidas. Desde la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía volvemos a señalar que las violencias y la vulneración de derechos siguen presentes y que por ello, y más que nunca, es necesario reconocer a quienes sostienen y luchan por esos derechos y señalar a quienes los ponen en peligro. Este 2026 continúa marcado por los intentos de recortar y mermar el cumplimiento de derechos, con ayuntamientos eliminando ayudas a colectivos LGTBI, con instituciones que vacían de reivindicación fechas que se constituyeron para visibilizar al colectivo y con, ahora más que nunca, la alerta por el crecimiento de las agresiones.
La normalización de discursos que animan a esconderse, a vivir en silencio, a no denunciar las desigualdades, permite y legitima acciones que castigan expresarse y exigir los mismos derechos. Ser y existir. Muestra de ello da el informe Estado del Odio 2026, que recoge que más del 50% de las personas LGTBIQ+ ha sufrido algún acto de odio en el último año. Más del 20% han sido agresiones físicas. La preocupación por una agresión se ha triplicado en los últimos 2 años, especialmente en espacios públicos: calles, espacios de trabajo y de ocio. Las personas trans, con cifras de agresiones muy superiores al resto del colectivo, seguidas por las jóvenes, las más precarias, las racializadas, las que tienen alguna diversidad funcional. La pertenencia a varios colectivos vulnerables multiplica la exposición a sufrir actos de odio.
Vemos que se perpetúa un sistema que vertebra las desigualdades. Desigualdades territoriales, con leyes por la no discriminación en un territorio y el vacío absoluto en el colindante. Institucionales, con la gran falta de formación en diversidad sexual y de género en profesionales que deben garantizar el cumplimiento de derechos. Desigualdades sociales, que señalan que de tu dirección depende un acceso más o menos igualitario a servicios públicos básicos. Desigualdades en el propio cumplimiento de derechos, pues la comunidad LGTBIQ+ también vive el proceso de Regularización, personas que demandan que se garanticen sus derechos fundamentales. La falta de rotundidad en el rechazo a actos discriminatorios hacia la comunidad LGTBIQ+, medios de comunicación que presentan la vulneración de derechos como casos aislados e irrelevantes, o la irresponsabilidad de representantes políticos que criminalizan actos homofóbicos al mismo tiempo que mantienen discursos contra la igualdad, son ejemplos cotidianos.
Los derechos alcanzados se han logrado por todas, todes y todos los que han luchado y luchan, y los avances que están por venir también pertenecerán a esta lucha, la que garantizará una igualdad real en nuestra sociedad
De ahí que no sorprenda que las propuestas por parte de las instituciones continúen siendo pasos diminutos. En gran medida, porque cualquier avance que sea planteado sin un proceso de escucha al colectivo, reconociéndolas como agentes políticos activos con demandas, y desde un planteamiento crítico, no podrá construir medidas concretas que sí impacten en la sociedad. El Informe mencionado muestra que solo el 15% de las víctimas de odio LGTBIfóbico acudió a la policía, frente al 40% que, antes de la denuncia en la policía, consultaron con alguna organización LGTBIQ+. En particular las mujeres lesbianas, el colectivo que menos denuncia ante las instituciones. La falta de formación específica en sectores policiales, judiciales o sanitarios se sigue percibiendo, y viviendo, como una realidad. Qué pasa en los espacios de trabajo, también sujetos a la legislación: el 7% de las personas LGTBI+ declara sufrir trato desigual en su ámbito laboral, y el 4% denuncia que se les ha negado algún servicio por su orientación sexual o identidad o expresión de género.
Se multiplican las voces que alertan de que mayores recortes de derechos están por venir y que será imposible pararlos. El miedo a la represión, a las condenas, a la estigmatización, a la agresión, al silencio y a la propia muerte no es inocente. Lo que sí parecen olvidar estas voces alarmistas es que estas amenazas ya están siendo frenadas por los cuerpos de quienes siempre han defendido la igualdad. Los derechos hoy garantizados fueron las luchas de ayer. Las redes que paran los discursos de odio, y sus violencias, ya están creadas. Esa red que frena, que alerta ante el incumplimiento de derechos, que es conocedora de que los retrocesos son posibles, continúa avanzando para ampliar derechos.
El Orgullo hoy no puede ser celebrado sin la dignidad de quienes construyeron una sociedad que sale a la calle para reivindicar más libertad sexual, más garantías sobre los derechos a la identidad, más medidas que protejan de las discriminaciones. Reclamamos un Orgullo Crítico que demande mayores avances y que sea la resistencia frente a los ataques y vulneraciones. Los derechos alcanzados se han logrado por todas, todes y todos los que han luchado y luchan, y los avances que están por venir también pertenecerán a esta lucha, la que garantizará una igualdad real en nuestra sociedad.