Esta torre y sus campanas las pagaron los vecinos de este pequeño pueblo para que sonasen cuando tenían que informar sobre diversos asuntos

La obra se atribuye al maestro Jerónimo de Hontiveros, quien plasmó el encargo vecinal

Alberto Gómez

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En la provincia de Salamanca existe un elemento que recuerda la independencia y el esfuerzo de todo un pueblo. Y es que Miranda del Castañar, declarada Conjunto Histórico Artístico, alberga entre sus calles de piedra un monumento casi único, la emblemática Torre de las Campanas, una construcción que no es simplemente un elemento arquitectónico más del paisaje, ya que representa la voluntad colectiva de una comunidad que decidió tomar las riendas de su propia comunicación. Alzándose con orgullo sobre el promontorio rocoso, esta torre narra una historia de autonomía vecinal que aún perdura hoy.

La historia de este campanario civil se remonta a los inicios del siglo XVII, específicamente entre los años 1612 y 1613. En aquel entonces, los vecinos de Miranda del Castañar tomaron una decisión: sufragar por completo la construcción de su propia torre y campanas. A diferencia de otros templos donde el clero controlaba el uso de los bronces, fueron los ciudadanos quienes asumieron todos los costes de la obra. Este acto de financiación popular permitió que la villa dispusiera de un recurso propio. La obra se atribuye al maestro Jerónimo de Hontiveros, quien plasmó el encargo.

El principal motivo de este gran esfuerzo económico fue la búsqueda de libertad. Los habitantes deseaban informar sobre diversos asuntos sin depender de nadie. Al poseer su propia torre, no tenían que solicitar autorización eclesiástica ni pagar tasas por cada repique que necesitaran realizar en su vida diaria. Esta independencia permitía convocar a la población para asambleas o alarmas. También servía para anunciar fallecimientos o celebrar festejos sin restricciones. La torre se construyó exenta, es decir, totalmente separada del edificio de la iglesia parroquial. Así se evitaba cualquier confusión sobre su propiedad.

La torre destaca por su gran solidez, edificada con granito gris y de planta cuadrada

Para asegurar que este derecho se mantuviera a través del tiempo, se creó una ordenanza específica. Dicho documento legal recogía un privilegio clave para todos los residentes de la localidad: el uso gratuito de las campanas. Según las antiguas normas, los vecinos no pagan por tocarlas en los entierros. Tampoco deben abonar ninguna cantidad por funciones religiosas o actos civiles. Este carácter comunitario reforzó el vínculo entre la construcción y la gente. La torre pertenecía legítimamente al ayuntamiento y a los ciudadanos de Miranda, un ejemplo temprano de gestión pública de un bien de interés patrimonial.

Desde el punto de vista arquitectónico, la torre destaca por su gran solidez. Está edificada con granito gris, un material típico de esta zona, su planta es cuadrada y su alzado se divide claramente en tres cuerpos altos. Estas secciones están separadas por impostas poco pronunciadas que dan ritmo. En el cuerpo superior se sitúan los huecos diseñados para alojar los bronces. El estilo de la construcción se define como clasicista y de una gran altura, una verticalidad que hace que rivalice en el perfil con la torre del castillo.

En el interior del cuerpo superior se conservan actualmente seis piezas clave. La torre alberga cuatro campanas grandes y dos pequeñas para diversos toques. Cada una de ellas ha sido testigo del paso de los siglos en esta villa medieval. Su función principal era informar sobre los acontecimientos que afectaban a la comunidad. Desde avisos de peligro hasta celebraciones alegres en la plaza. El sonido de estos metales marcaba el ritmo de la vida social y religiosa. Gracias a la previsión de los antepasados, el repique sigue siendo un símbolo.

Una ubicación privilegiada

La ubicación de la torre no fue elegida al azar dentro del complejo recinto. Se alza en la Plaza Llano de la Iglesia, situada en la parte más alta del pueblo. Su posición es privilegiada, encontrándose junto a la antigua Cárcel Real de la localidad. También se sitúa frente a la iglesia parroquial y cerca de la muralla. Este emplazamiento central facilitaba que el sonido llegara a todos los hogares y, al estar cerca del antiguo ayuntamiento, su función civil era más que evidente. Comparte el entorno con otros monumentos, pero mantiene su identidad separada. Una pieza fundamental, en definitiva, del engranaje urbano que define a esta noble villa.

Hoy en día, la Torre de las Campanas sigue recordando a los visitantes que este pequeño pueblo de la Sierra de Francia fue capaz de unirse por un bien común. La estructura no solo es un monumento de gran valor artístico, sino una manera de entender la soberanía de los vecinos. La protección legal actual asegura que las futuras generaciones conozcan este legado que Miranda del Castañar alberga, el eco de una voluntad antigua como fue y es la torre de todos los vecinos.

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