El calvario de la exnovia del cura de Málaga acusado de drogar y violar a cuatro mujeres: “Todavía tengo pesadillas”

Néstor Cenizo

Málaga —
25 de mayo de 2026 14:55 h

0

El juicio al sacerdote de 36 años que, presuntamente, drogó, agredió sexualmente y grabó en vídeo a cuatro mujeres en su domicilio entre 2014 y 2018 ha comenzado este lunes con la declaración de la denunciante, su expareja (que descubrió los vídeos en un disco duro), así como de las cuatro víctimas, cuyos testimonios se han realizado a puerta cerrada para proteger su intimidad. Está previsto que el acusado declare ante los magistrados de la Audiencia Provincial de Málaga el próximo viernes.

La Fiscalía pide para Francisco Javier C., ordenado sacerdote en 2017 y conocido como Padre Fran, una pena de 72 años de prisión, multa de 12.400 euros y que abone 300.000 euros a cada una de las víctimas en concepto de responsabilidad civil por los presuntos delitos de abuso sexual con penetración, lesiones y revelación de secretos, con las agravantes de abuso de confianza y alevosía.

En el juicio es parte también la Diócesis de Málaga, a la que pertenecía el acusado cuando ocurrieron los hechos, como posible responsable civil subsidiaria. En caso de condena estaría obligada a abonar, en su caso, las indemnizaciones económicas que correspondan a las víctimas.

“No me lo podía quitar de la cabeza”

La primera jornada de este juicio ha quedado marcada por la declaración de la mujer que mantuvo una relación sentimental con el cura entre mayo de 2022 y mayo de 2023 y que convivía con él en una casa del Obispado en Melilla, donde estaba destinado.

La mujer ha relatado su angustiosa peripecia para poner el material de contenido sexual que custodiaba el padre Fran en conocimiento de alguien que la creyera e investigara lo que ella había visto. “Yo me quería quitar de en medio, no quería sufrir más”, ha recordado la mujer, entre sollozos, para explicar el alivio que le supuso que finalmente un policía le preguntara qué le pasaba, poco antes del verano de 2023. Llevaba casi medio año intentando compartir un secreto que la comía por dentro. No era solo su relación con el sacerdote, que no era pública pero tampoco secreta para todos. Era algo mucho más grave que descubrió por casualidad.

Una tarde próxima a las navidades de 2022, cuando él estaba de viaje en la Península, quiso entretenerse con alguna serie. Encontró en un mueble del salón un disco duro perteneciente al cura, y se dispuso a ver qué encontraba allí, pero cuando lo conectó a la televisión le saltó una foto de una amiga suya, “dormida, sentada, inconsciente con los dedos en sus partes”. La mujer identificó de inmediato aquellos dedos. Eran del cura Francisco Javier, su pareja. Espantada, cerró aquello y salió de la casa.

Fue su primera aproximación al disco duro de los horrores. Al día siguiente regresó para enfrentarse otra vez a lo que había descubierto, y en las fotos vio a otra conocida, también inconsciente. Esta vez, junto a su rostro aparecía el pene del sacerdote.

Según su relato, fue ya el Día de Reyes cuando descubrió la magnitud de lo que allí había. Tras armarse de valor, sacó el disco duro de la vivienda, se lo llevó a su casa y realizó una copia completa en su ordenador. Encontró clasificadas en varias carpetas las imágenes de cinco mujeres (una de ellas no es acusación en este juicio, sino en otro que se celebra en Melilla, porque antes fue su pareja).

“Las abrí, vi su contenido. Era él, en su casa de Vélez-Málaga, donde yo iba. No podía creer lo que estaba viendo. La carpeta de María [nombre ficticio] la recuerdo cada noche: estaba completamente muerta”, ha contado entre lágrimas, antes de contar detalles explícitos de contenido sexual: “Esa imagen no me la puedo quitar. Llamé a mi mejor amiga y le dije que esta persona estaba violando a gente. A día de hoy tengo pesadillas”.

La imposibilidad de hablar con el obispo

El resto de su relato ha permitido trazar el difícil camino para lograr que lo que había visto llegase a personas con capacidad de actuar, ya fuera en el ámbito eclesiástico o secular. Hasta seis meses después, aquellas fotografías y vídeos no llegaron a manos de la Policía.

Ella le contó todo al ayudante en la parroquia de Melilla, quien le pidió esperar a que el padre Fran regresara a Melilla. Pero cuando volvió a encontrarlo, él ya estaba preparado: la esperaba sabiendo ya lo que ella había hallado en casa, porque su ayudante se lo había contado. Según el relato de la mujer, intentó chantajearla, sabedor de que ella conocía sus tendencias autolesivas.

La denunciante ha explicado que pusieron todo en conocimiento del vicario y el acusado llegó a asegurar que el Obispo de Málaga, Rafael Catalá, conocía su “vida pasada y presente” y le había perdonado. Ella llegó a temer que trataran de incriminarla, y ha explicado que decidió fingir que continuaba la relación a distancia durante semanas, con la esperanza de que la Iglesia avanzara en algún tipo de investigación y, también, de hacerse con el teléfono del cura por si pudiera guardar también imágenes de ella. Temía también que él intentara quitarse la vida si ella se mostraba firme en su propósito de acudir a la Policía.

Pero nadie fue a la Policía. El sacerdote fue destinado de inmediato de vuelta a la Península, primero de “retiro espiritual” y más tarde a la parroquia de los municipios malagueños de El Burgo y Yunquera, pretextando motivos de salud. “El obispo Catalá sabía perfectamente cuál era el motivo”, ha asegurado la mujer. Según ha contado, intentó reunirse con el vicario en cinco ocasiones, y cuando finalmente lo logró este se enfadó cuando ella sugirió que estaba guardando silencio para enterrar el asunto.

El Obispo nunca la recibió, a pesar de que escribió dos cartas y llamó en varias ocasiones. “Le dije que había sido testigo de un delito, que no podía decir qué tipo de delito y pedí una cita. [Me respondieron] que su agenda estaba muy ocupada con comuniones y sacramento de confirmación. Como cristiana me sentí desamparada por la Iglesia”. Ante la falta de respuesta, la mujer llegó a presentarse en el despacho del Obispado: “Fui personalmente porque no podía creer que me cerraran las puertas. Me recibió su secretario. Entré hasta el despacho y me cerraron la puerta”.

Fue un encuentro casual con un agente en la playa el que propició que ella diera el paso de poner el material a disposición de la Policía, que primero lo copió en un pendrive y luego se llevó su ordenador. El 12 de septiembre de 2023, el Padre Fran fue detenido en una operación bautizada por la Policía como Pájaro Espino. Desde entonces está en prisión provisional.