El cura acusado de violar a cuatro mujeres defiende que es un montaje: “Se ve mi rostro, pero no reconozco esa situación”
Francisco Javier C., el sacerdote acusado de dormir y violar a cuatro mujeres con las que mantenía una relación de amistad, y además registrarlo en fotografías y vídeos, ha negado todos los hechos en su declaración ante la Sección 3ª de la Audiencia Provincial de Málaga.
Según ha dicho, no son suyas las manos y órganos sexuales que se ven junto a las mujeres sedadas en algunas de las fotos, como tampoco lo sería la voz que se escucha en varios de los vídeos, que han sido geolocalizados y datados por peritos informáticos. “Fran, me estoy agobiando”, llega a decir con voz pastosa una de las mujeres en el vídeo.
Cuando se le ha mostrado una grabación con contenido sexual explícito en la que la cámara se gira y aparece brevemente su cara, ha dicho: “Se ve mi rostro pero no reconozco esa situación. Aparentemente soy yo, pero esa situación no se ha dado”.
El excura ha sugerido que toda la prueba gráfica existente, presuntamente extraída de un disco duro suyo, ha sido elaborada y/o colocada allí por la denunciante en venganza por la resistencia que él tenía a iniciar una relación de pareja con ella, valiéndose de unos presuntos expertos informáticos que tendría en su entorno: “Creo que quería arruinarme la vida y consiguió inventar algo para que así fuera”.
La pericial sobre los vídeos y fotos
Su cara, su voz, las manos y otras partes de su anatomía han sido reconocidas por los peritos que le han examinado, pero hay un eslabón débil para las acusaciones: la cadena de custodia del material, supuestamente hallado en las navidades de 2022 en un disco duro del Padre Fran por su expareja (o amiga con la que mantuvo “escarceos”, según él).
Días después del hallazgo, la denunciante copió el contenido en su ordenador particular, que lo mantuvo durante meses antes de que llegara a la Policía. El primer agente se llevó parte en un pendrive; posteriormente, la unidad especializada hizo un volcado del contenido del ordenador de ella, que es el que ha servido de prueba en el juicio.
Del disco duro original del exsacerdote nunca se volvió a saber: según ha contado él, cuando regresó a Melilla tras el retiro espiritual que le sugirió el Obispado, le habían desvalijado su ordenador, el disco duro, dinero y documentación particular.
Para asegurar la integridad de los archivos, hoy han declarado también peritos informáticos nombrados por el tribunal que, a partir de los metadatos, han corroborado que no han sido alterados, la fecha de las imágenes e incluso la ubicación de los vídeos, tomados según han dicho en el domicilio familiar del cura en Vélez-Málaga, la casa que le proporcionó el Obispado en su destino de Ardales y en un piso de una calle de Málaga donde pernoctó en ocasiones.
“Yo esas imágenes no las he tomado, los hechos no se han dado, las denuncias surgieron a partir de que R. empezara a hacerme la vida imposible. No sé cómo pudo llegar a ese material: ni es mío, ni estaba en el disco duro, ni los hechos se dieron, ni tuve conciencia”, ha repetido en múltiples ocasiones, cada vez que la fiscal o alguna de las acusaciones le ha preguntado por alguna de las ocasiones fechadas en las que, presuntamente, abusó de alguna de las cuatro víctimas.
Su defensa ha aportado un informe pericial que cuestiona la integridad y la trazabilidad de esos archivos como elemento probatorio, aunque no han llegado a decir que la propia cara del sacerdote pudiera haber sido generada con inteligencia artificial, como ha sugerido este.
La Fiscalía y las acusaciones piden 72 años de prisión
Con su declaración, que se ha prolongado durante más de dos horas, se ha cerrado la cuarta sesión del juicio al sacerdote, acusado de cuatro delitos cuatro delitos de abuso sexual con penetración, cuatro delitos de lesiones y cuatro de revelación de secretos, con carácter continuado y las agravantes de abuso de confianza y alevosía, cometidos entre 2012 y 2018.
Según el relato de la Fiscalía y de las acusaciones particulares, el hombre se valía su cercanía con las víctimas, a algunas de las cuales conocía desde que eran niños, para dormir en la misma habitación con motivo de excursiones o noches de fiesta; las sedaba con algún narcótico muy potente (presumiblemente éxtasis líquido); y luego aprovechaba su profunda somnolencia para tomar fotos y vídeos de ellas en ropa interior, ponerlas en diferentes posiciones, penetrarlas con los dedos o el pene, o masturbarse. Las acusaciones creen que se prevalió de su condición de sacerdote para ganarse su confianza.
De cada víctima hay un centenar de fotos. Fueron identificadas porque estaban clasificadas en carpetas por su nombre. Ninguna supo que habían sufrido esos abusos hasta que la Policía contactó con ellas. Hoy han declarado también expertos en psiquiatría forense que han concretado el daño psicológico que sufren y las terapias que tienen que realizar para superar el trauma.
En el juicio es también parte la Diócesis de Málaga, como posible responsable civil subsidiaria de la indemnización que pudiera concederse a las víctimas. El Obispo de Málaga, José Antonio Satué, pidió perdón en nombre de la Iglesia a las cuatro mujeres y prometió que la Diócesis contribuiría a reparar económicamente el daño si el exsacerdote es condenado, y aunque la Diócesis no lo sea. Sin embargo, en la primera jornada del juicio su letrado pidió la nulidad de todas las actuaciones y una vuelta al inicio del proceso, con el argumento de que podría haber pedido diligencias que exoneraran a la Diócesis de toda responsabilidad.
A lo largo de la semana, han pasado por la Audiencia Provincial la denunciante (expareja del sacerdote), las cuatro víctimas, policías, peritos, miembros de la Iglesia (el ayudante del sacerdote y el vicario de la diócesis de Melilla), amigos y el propio acusado.
La Fiscalía pide para él 72 años de prisión y que indemnice con 300.000 euros a cada víctima, peticiones que reiteran las acusaciones particulares. Ninguna ha modificado la petición de pena, tampoco ha cambiado su calificación la defensa. Este viernes, el juicio quedará visto para sentencia con la exposición de las conclusiones de estas cuatro jornadas de práctica de la prueba.