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Capitalismo con prisas

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Ante el fatídico accidente de Urda, en este año maldito para las líneas de alta velocidad en España, se ha dado rienda suelta a la vesania acostumbrada en los medios y plataformas obsesionados con arrumbar la “dictadura sanchista”. Esto es especialmente miserable cuando se recaban declaraciones teñidas por la justificable rabia y el dolor de las víctimas. Entre ellas, me han sorprendido las declaraciones a micrófono abierto del marido de una mujer fallecida en la colisión: “Estos muertos son los muertos de toda la sociedad. Del tipo de sociedad en la que estamos viviendo todos. Daos cuenta de que estamos viviendo la peor época del capitalismo con prisas. Acordaos cuando teníamos a los niños en las minas arrastrándose, cogiendo carbón. Ahora lo que tenemos son capitalistas que quieren el dinero más rápido que nunca, a la mayor velocidad posible. (…) Los muertos como mi mujer de hoy y los que habrá y seguirá habiendo, tienen que ver con esto. Tenemos que rebelarnos entre todos, de verdad”. Sorprende la entereza de este ciudadano en tan aciagas circunstancias, y más la lucidez de su análisis que aplica las luces largas que tanto echamos de menos en la dictadura del flash inmediato, de la rabiosa actualidad, del impacto irreflexivo.

Ante las tragedias contemporáneas, como las danas o estos accidentes, buscamos al culpable inmediato, el cadalso que exorcice nuestra impotencia: responsabilidades judiciales, dimisiones, linchamiento y escarnio público. Las causas profundas, los debates de fondo, que son los que de verdad explican estas catástrofes, se quedan para el día después. ¿Dónde se hallan los sustanciosos debates sobre la necesidad de replantearnos los emplazamientos de habitabilidad ante la intensidad de las nuevas danas por el cambio climático en el Mediterráneo? Discusión inviable si los que están en gobiernos autonómicos afectados niegan el fenómeno... ¿Se abrirá otro debate sobre la necesidad de implementar más medidas de seguridad y mejora de las infraestructuras tras el incremento del tráfico ferroviario con la llegada de Ouigo e Iryo? Los partidos, y más en precampaña electoral, aprovechan la crisis para desgastar a un PSOE desconcertado; pero, más allá de mostrar los caninos carroñeros, ¿se aporta alguna solución a las posibles carencias sistémicas de la ya desprestigiada alta velocidad ibérica? Dime cómo votas y te diré cómo gobernarás… Estrenado este verano, el 25 de junio por más señas, PP, Vox y Junts votaron en contra de un real decreto que permitía a Renfe endeudarse con 671 millones para renovar trenes y material; venció la triada de derechas contumaces por 176 a 173 (CC y PNV lo refrendaron) y se perdió ese tren. Ahora los usuarios están perdiendo mucho dinero porque esa misma triada de partidos frenó el intento por ley de topar la escalada de precios en otros transportes tras la tragedia de Ademuz… ¿Qué autoridad tiene, además, un PP que no favoreció esos marcos legales favorables, que no hizo dimitir a la ministra Ana Pastor ante la tragedia del Alvia de Angrois o que mantiene todavía a Mazón como diputado autonómico como premio por su inhibición de responsabilidad? ¿Cómo se puede compaginar la, ahora cacareada, mejora de Renfe y Adif con su agenda neoliberal de recortes?

Golpes de pecho para hoy y llantos de tijera para mañana; eso es lo que nos espera si gana una coalición empecinada en la degradación de todos los servicios públicos, como hizo Rajoy durante su gobierno: la inversión en el ferrocarril cayó de 5.585 millones en 2011 –al final de ese año llegó el gallego a la Moncloa– a 2.469 millones de euros en 2017. El actual gobierno de coalición ha incrementado los presupuestos en el sector, si bien no suficientemente, a juzgar por los resultados, los requerimientos de la liberalización y por las frecuentes quejas de trabajadores, sindicatos y expertos… Podemos ejecutar al villano Puente en la plaza pública, pero es más relevante que analicemos sosegadamente y con rigor las problemáticas de nuestro sistema ferroviario –no solo la alta velocidad, privilegiada en detrimento de las otras líneas–, los retos y las soluciones viables. Estas son las nueces, lo demás es griterío patibulario e infructuosa precipitación.

El capitalismo con prisa nos está matando, decía nuestro lúcido viudo del principio, y lo sigue haciendo mientras colabora/consiente el jaqueo de la democracia liberal con soluciones inmediatas, tan estúpidamente vistosas como inviables: caldo de cultivo para el neofascismo vengador, que se ha disfrazado de revolucionario y popular en este interminable Halloween político que nos corroe. Antes el capitalismo alienaba a la gente en las fábricas o en las minas, ahora lo hace con las prisas, asfixiando la reflexión y el espíritu crítico con infoxicación y bilis para mayor gloria de sus beneficios y de los perros de presa que los defienden en la arena política. Rebelémonos: paremos el tren para pensar.