Esperando a los bárbaros
Konstantino Kavafis se preguntaba en su famoso poema “Esperando a los bárbaros” qué sería de los cónsules, pretores y césares romanos sin los bárbaros. Estos políticos de alta gama necesitaban que alguien mirara sus joyas, sus togas púrpuras y reconociera sus dignidades y, sobre todo, necesitaban a alguien que les dijeran qué tenían que hacer, aunque fuera mediante el enfrentamiento. Hace tiempo que sus conciudadanos habían dejado de verlos como grandes oradores o conquistadores y les ignoraban y trataban de viejos enjoyados, a los que solo una buena amenaza bárbara podría darles algún sentido.
Parece que las lecciones de Kavafis han sido escuchadas. Y si no que se lo digan a esos “históricos socialistas” que se encontraron en un hotel de lujo la semana pasada para redactar y firmar el documento que el ex ministro José Luis Corcuera intentó presentar en el comité federal del PSOE. En él explicaban a la actual directiva que no podían aceptar la ayuda de Podemos para llevar a cabo las políticas que supuestamente defienden porque, como los bárbaros en su día, Podemos representaba un peligro para el mundo conocido o, al menos para la UE del “libre mercado” y el TTIP que tanto miman en Europa y al que tan mala cara le ponen en los parlamentos autonómicos.
Debe ser duro haberlo sido todo, incluso socialista, y de repente no ser nada más que un conjunto de símbolos, ya sean togas púrpuras o rosas rojas. Mientras este comité de ancianos reclama su atención a la organización, ésta decide que ya ha llegado la hora de ser democráticos y preguntar a sus bases qué pacto tiene su visto bueno. Pero tampoco nos entusiasmemos, que esta consulta valdrá siempre que no resulte en contra del parecer de los barones, no vaya a ser que les entre demasiado espíritu plebeyo y acaben enfrentándose al IBEX o alguna puerta giratoria les dé en las narices. La democracia está bien, pero puede perjudicar según qué prebendas...
Esas narices patricias, que tan buen olfato han tenido para identificar a Podemos como “tóxico, desleal y populista” (según el documento firmado por “los históricos”), no han servido, sin embargo, para oler la toxicidad de sus casos de corrupción, la deslealtad hacia su pueblo cuando se retiran a los consejos de administración, ni el populismo de hacer una consulta no vinculante a las bases sin comprometerse a respetar su resultado.
Mientras sus temidos bárbaros siguen trabajando ya en los ayuntamientos, parlamentos autonómicos, y proponen en el Congreso, ellos prefieren seguir olfateando los aires del cambio que tanto les desagradan y que tanto necesitan a la vez.