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Todos contra el fuego

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Si ya peinan alguna cana estoy segura de que al repetir dos veces seguidas el título de esta columna la melodía les saldrá sola: Nana, nananana, nana, nananana, tú lo puedes evitar… En 1988 el Icona o Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza decidió echar mano de un jingle pegadizo y de un puñado de rostros conocidos para concienciar a los españoles en la lucha contra los incendios. Les recomiendo encarecidamente ver el spot que continúa en YouTube. A estas alturas no sé si instruye pero les aseguro que merece la pena, tanto como enumerarles íntegro el listado de participantes: El Fary, Manolo Escobar, Serrat, Poli Díaz, Emilio Butragueño, María Jiménez, La Década Prodigiosa, El Dúo Dinámico, Sergio y Estíbaliz, José Manuel Soto, Mari Trini, Caco Senante, Barón Rojo y Patxi Andión. Cantando mientras caminan juntos por el monte, y dedicando a la cámara miradas cómplices, lanzan un mensaje directo a la ciudadanía: evitar los incendios es cosa de todos.

De aquella España a la de hoy no solo han cambiado las caras del star system. La superficie arbolada en España aumentó un 58% desde 1965 hasta 2008. El abandono de algunas tierras de labor las ha llenado de vegetación. La ganadería extensiva, dura y cada vez menos rentable y atractiva, ha sacado del monte a quienes mejor lo mantenían limpio. El progreso ha hecho innecesario el aprovechamiento de los montes como fuente de energía a través de la leña. Y la despoblación, de la que tanto se habla y contra la que tan poco se hace de verdad, ha ido dejando a muchos pueblos y montes como lugares de recreo. O peor, como postales que no pueden tocarse.

Este verano han ardido 44.000 hectáreas en Aragón. Para quien no haya visto los montes de su infancia arder, una cifra abultada; para quienes solo ven ceniza al salir a pasear, una puñalada en el pecho. Con el peor balance de incendios en Aragón desde 1994, urge indagar bien en las causas y buscar soluciones. Centrar el debate únicamente en el evidente cambio climático o en sus ignorantes negacionistas es perder el tiempo. Hablar únicamente de los medios de extinción, también. Nuestros montes no son los mismos que cuando los famosos nos pedían cuidarlos. Los remedios para prevenir los incendios tampoco.

Escucho interesada los debates estos días porque, literalmente, nos va la vida en ello. Algunos me siguen sonando como los de décadas atrás, cuando al de pueblo se le trataba de paleto. Otros me suenan simplistas al centrarse solo en buscar culpables. Desde los pueblos se acusa a los de los despachos, en un mensaje que no cala porque no se escucha la versión extendida. Nadie ama más un monte que sus vecinos. Son un puñado de ellos los que han resistido en cada pueblo desalojado para guiar a los forasteros que venían a apagarlos. Muchos voluntarios han echado mano de lo que podían para salvar sus localidades. Han limpiado lo que, muchas veces, no les dejan tocar.

En la versión actualizada de este 'todos contra el fuego' los rostros deberían ser los de los alcaldes, agricultores y vecinos que se han dejado la piel protegiendo sus pueblos; los de los bomberos de las diputaciones provinciales y de las cuadrillas forestales de INFOAR que se han jugado la vida con plantillas mermadas y medios insuficientes; los de los miembros de la UME, que tienen que acudir cuando no damos abasto porque nuestros dispositivos antiincendios no son suficientes. El mensaje debería ser, esta vez, para los políticos, para que se sienten a planificar lo que no se ha hecho en medio siglo. La factura humana y medioambiental ha sido demasiado cara este verano. Debería ser suficiente.