Pactos de capirote
La culpa se echa o se tiene, pero la responsabilidad se dispone o se asume. Por eso la culpabilidad tiene muchos protagonistas y la responsabilidad tan pocos. Es más sencillo huir de los deberes y acusar a los demás de nuestras desidias. Ese sentimiento culpable proviene más de la religión que de la moral. Todas las creencias se basan en el miedo a la culpa. Y no hay forma de escapar del pánico divino que interpretan los humanos a su conveniencia. Los totalitarismos construyen su poder gracias al terror que infunden. Las sectas se afianzan gracias al remordimiento de sus integrantes a huir de la prisión de sus postulados. La culpa es un miedo preventivo que impide la conducta natural. Se basa en el pasado, pero construye un futuro imposible. La culpa se paga con la penitencia de los remordimientos. Pero estos tienen unos intereses que devoran los pensamientos. Así, vuelta a empezar con la culpa, el perdón, la penitencia, el remordimiento y la sombra de duda de una personalidad que ya no depende de uno mismo, una vez que ha sido desposeída de toda autoestima.
La culpa desgasta porque es una plasta. Tenemos la nuestra y las que nos depositan los demás. Nos culpamos porque es sencillo coger peso moral a base de cargarnos nuestra conciencia. Literalmente. La angustia dirige la culpa mientras que la ansiedad se alimenta de estrés. Produce efectos similares sin que tengan nada que ver. La culpa nace en la infancia y nos acompaña más allá de nuestra muerte. Porque no se les puede dejar solos. Los psicólogos sabemos que sólo disponemos, como máximo, de cinco años sin sentimiento de culpa. Fuera de esa dictadura infantil, en la que tenemos derecho a todo, empezamos a tener la culpa de todo. No hay término medio. Errar es humano, pero echarle la culpa a los demás es más humano todavía. En esta cita del sabio aragonés, Baltasar Gracián, se resume la relación entre culpa y culpables. Porque no hay una sin los otros. Lo que dice mucho de la subjetividad de nuestra existencia. De hecho, pasamos de la culpa a la excusa con la misma facilidad que quienes traspasan su responsabilidad a un chivo expiatorio. La culpa es una experiencia religiosa que practicamos los ateos con fervor descreído. No es posible huir de la culpa porque es más rápida que sus consecuencias. Así que somos culpables, incluso de no sentirnos como tales. El colmo es que llegamos a sufrir por disfrutar de una felicidad que nos culpabiliza, al mismo tiempo que enfurruña a los demás. Pero no tenemos la culpa de estar a gusto en un mundo que nos disgusta.
En estos días de negociaciones políticas vemos más culpables en las formaciones de las derechas que en las procesiones. Feijóo echa la culpa a los de Abascal de no avanzar en los pactos que necesita y los ultras mantienen a los populares de penitentes impotentes. Los de Génova salen de sus cuentas y a los de Vox les salen osarios, de tanto sudario entre sus filas. Es tiempo de discreción, dicen los conservadores. Una palabra que el diccionario define como un sinónimo de prudencia, al mismo tiempo que se dice de una decisión que sólo depende del antojo de alguien. Todo muy claro. Se quiere maquillar el despiste como si fuera sensatez y la incongruencia como si tuviera que ver con el rigor silencioso. El caso es que los ultras estiran el chicle del tiempo, en la cara de Feijóo, y crece el riesgo de que la pompa le explote delante de sus narices.
La vicepresidenta en funciones de Aragón, Mar Vaquero, dice que la Semana Santa ayudará a cocinar el acuerdo entre la derecha extrema y la extrema derecha. No sé yo si las cofradías ven con buenos ojos esta utilización política de sus creencias. Siguen mosqueados tras el acuerdo que aprobaron PP y Vox, en el Ayuntamiento de Zaragoza, por el que no podrán entrar en las dependencias municipales los penitentes que vayan con el rostro cubierto bajo su capirote. Hay expectación por ver si en la comitiva de esta noche, en la plaza del Pilar, veremos procesionar al señor Azcón, atado a la columna de Vox, e ir al encuentro de la dolorosa coalición con los ultras. Otras fuentes creen que Abascal saldrá esta tarde, en la procesión de las Negaciones, desde la Parroquia de San Lamberto. Así que, a este ritmo, igual tienen que volver todos sobre sus pasos. Amén.